AnálisisEn el espacio Fragmentos, en Bogotá, se presenta una de las exposiciones más importantes del año, con 82 grabados del artista. La exposición de Goya es una potente reflexión sobre el conflicto y los procesos de paz. Foto: Fernando Gómez Echeverri12.09.2026 05:01 Actualizado: 12.09.2026 05:01
Goya escribió esta frase en uno de sus grabados: “Yo lo vi”. Y lo que vio fue una sarta de horrores: violaciones, empalados, cadáveres mutilados, ahorcados, fusilados, niños muertos de hambre; Los desastres de la guerra son un capítulo obligatorio del arte universal. Y, por primera vez, sus 82 grabados se exhiben en su totalidad en Colombia. “Planeamos esta exposición durante dos años”, dice Doris Salcedo, la artista colombiana que creó Fragmentos, la obra donde ahora se expone al todopoderoso genio español. Doris Salcedo en la exposición ubicada en el espacio Fragmentos. Foto:Fernando Gómez Echeverri“Todopoderoso”, porque Goya, como han dicho críticos e historiadores, ningún artista ha estado tan presente en el arte de todas las latitudes como él. Es el “inventor del arte moderno” y, como dijo Antonio Caballero en uno de sus ensayos, no es casualidad que haya nacido en un pueblo llamado Fuendetodos. Porque Goya es la fuente de la que todavía beben todos los artistas desde el siglo XIX. Su sombra está en Manet, en Géricault, en Dalí, en Picasso, en Buñuel, en Motherwell, en José Alejandro Restrepo o en Beatriz González. “Es un artista que me guía y nos guía a todos; es un artista que interpreta la realidad y que nos conmueve hasta el fondo del alma; es un artista inmortal y genial que no deja de mostrarnos el camino y es esencial para todos los que nacimos en épocas convulsionadas. Es, desde todo punto de vista, importante; Goya es la libertad de expresión”, dice Doris Salcedo. “Planeamos esta exposición durante dos años”Doris Salcedo LEA TAMBIÉN Fragmentos (Cra. 7 #6B-30), una de las obras maestras de Salcedo, tal vez la artista viva más potente, relevante e importante de Colombia, es algo más que un museo. Los 800 metros cuadrados del piso del edificio están hechos con un millar de mosaicos hechos con las 37 toneladas de hierro fundido que salieron de las armas que entregaron las Farc en el proceso de paz; son cientos de mosaicos que fueron martillados por un grupo de mujeres víctimas de la violencia sexual de diferentes grupos armados. Es un espacio que resume la guerra y el dolor de las víctimas. Y por eso, entre otras cosas, Goya está ahí. “Es un artista que me guía y nos guía a todos; es un artista que interpreta la realidad y que nos conmueve hasta el fondo del alma; es un artista inmortal y genial que no deja de mostrarnos el camino y es esencial para todos los que nacimos en épocas convulsionadas. Es, desde todo punto de vista, importante; Goya es la libertad de expresión”Doris Salcedo‘Yo lo vi’Doris es una artista meticulosa, perfeccionista y con un puntilloso sentido de la historia, sabía que este año se cumplían 10 años de la firma del acuerdo de paz con las Farc en Teatro Colón y durante dos años estuvo planeando esta exposición; no solo quería Los desastres, sino la serie completa, enmarcada correctamente, sin paspartú, ni nada que estorbara su lectura. Goya, en vida, no vio la serie impresa; se exilió en Francia porque había despertado la santa ira de la Inquisición con sus Caprichos, donde mostraba la ignorancia y la superstición desatada por la iglesia. Goya era un anciano cuando empezó a trabajar la serie de Los desastres de la guerra entre 1810 y 1820. Los grabados eran una técnica relativamente nueva, Goya -un hombre acostumbrado a los óleos, el lienzo y los pinceles- empezó a dibujar con un punzón de hierro las escenas que salían de su mente y de su memoria en unas planchas de cobre, las fijaba con ácido y más tarde esas planchas eran el “negativo” de las piezas finales, cuando se llenaban de tinta y se ponían sobre papel. Goya no tuvo tiempo ni ganas de imprimirlas; estaba desencantado, le dejó las planchas a un amigo y solo vieron la luz por cuenta de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1863; la serie que se expone en Colombia es la cuarta edición de 1906. Y, desde que se imprimió, en ese lejano 1863, se convirtió en un símbolo del horror. Porque él lo vio. “Yo lo vi”, escribe una y otra vez. ¿Y qué lo hace decir ‘Yo lo vi’? ¿Qué vio? LEA TAMBIÉN Doris Salcedo recuerda que vio a Goya en vivo por primera vez –“vieja, cuando tenía 24 años”– en el Museo del Prado. Y lo que vio, o el cuadro que vio y más la impactó, fue Los fusilamientos del 3 de mayo, tal vez la obra maestra de las obras maestras de Goya. La imagen es chocante, dramática: unos soldados franceses, de espaldas al espectador (son verdugos sin rostro), le apuntan a un grupo de rebeldes; en el suelo hay otros fusilados, tirados y desgonzados, al lado un riachuelo rojo que sale de un cuerpo y mancha la tierra. En el centro hay un hombre vestido con pantalones de campesino y una camisa blanca, una camisa que resplandece en la noche, que abre los brazos en cruz y trata de decir algo, ¿qué les dice?, ¿qué les grita? Todo empezó el 2 de mayo de 1808. El ejército francés había tomado control de España y sus soldados y oficiales eran los amos y señores de Madrid. Los orgullosos españoles, los grandes conquistadores de medio mundo, estaban sometidos por las garras imperiales de Napoleón Bonaparte. El ejército español estaba maniatado, sin pólvora ni municiones, humillado. Pero llegó el 2 de mayo. El pueblo, cansado de los ‘gabachos’ y de sus mamelucos, explotó. Y lo hizo con una furia que quedó en los libros de historia. Arturo Pérez-Reverte revivió las horas terribles del 2 de mayo en Un día de cólera. Su novela es una serie de batallas sin fin por la plaza del Sol, el paseo del Prado, el Buen retiro o Fuencarral. Todo Madrid se presenta como lo que fue: el escenario de una carnicería: de un bando, había soldados degollados y apuñalados y caballos destripados o con el pecho reventado de un escopetazo, por otro lado, había gente del común destrozada por los sables o las balas de cañón y la metralla que disparaban los franceses contra la multitud. Por las páginas del libro corre la sangre de barberos, tenderos, nobles en decadencia, militares retirados, amas de casa, profesores o niños de 12 años que, con palos, garrotes, sables viejos y oxidados, escopetas de caza, navajas, trabucos o bayonetas robadas, se enfrentaron a los 30.000 soldados del mejor ejército del mundo. Gritaban por el joven rey Fernando VII –atrapado en una jaula de oro por Napoleón- y que, una vez libre, muchos años después, perdió las colonias americanas y restauró la Inquisición. Y, entre tanto, ese 2 de mayo de 1808, el día que estalló la guerra, desde una ventana de la casa número 15 de la calle de Valverde, esquina a Desengaño, el genio Francisco Goya y Lucientes, ve el horror. ‘Yo lo vi’. Tenía 62 años. Estaba medio sordo y uno de sus ayudantes también se lanzó a la refriega. Goya, en la ficción de Pérez-Reverte, ese mismo día realizó el dibujo de un hombre con las ropas desgarradas, arrodillado y con los brazos en cruz, y con un texto que dice abajo: Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer. 'Tristes presentimientos de lo que va a acontecer' de la serie 'Los desastres de la guerra'. Foto:FRAGMENTOS, Espacio de Arte y Memoria LEA TAMBIÉN Retrato del horrorLa guerra de independencia de España empezó ese día; fueron seis años de batallas y horrores. No es gratuito que Pérez-Reverte reseñe, justamente, ese dibujo: Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer. Es el primer grabado de Los desastres de la guerra.Goya retrató el horror, pero sin dejar de ser español no tomó partido para contar quién tenía el monopolio del horror; esa es su genialidad: cuenta la historia desde las víctimas; decide mostrar la violencia de lado y lado. “Goya -dice Doris Salcedo- es un artista que busca la justicia, la ética, la moral y la razón; cada una de sus imágenes confronta la conciencia crítica y retrata cada acto de barbarie en toda su complejidad”. En sus grabados, Goya no solo dibuja a un hombre desnudo colgado patas arriba, listo para ser partido en dos por un soldado francés, sino que muestra a un rebelde español con la cara desorbitada -tan desencajada que parece una calavera- con un hacha en alto preparada para partirle la cabeza en dos a un dragón francés, con el sugestivo subtítulo de “Lo mismo”. En otra imagen, me señala Salcedo, hay un linchamiento salvaje contra un soldado -tan salvaje que están listos para empalarlo- y abajo la palabra “Populacho”. En otra -recuerda- está la imagen de una fila de muertos, “era una de las tácticas de guerra de los franceses; dejaban los muertos a las afueras de las ciudades para infundir el terror”. Salcedo -en ese punto- subraya lo obvio; o lo que no es tan obvio: las imágenes de la guerra de Goya pueden ser las mismas imágenes de la guerra en Colombia. ¿Resucitará?El día de la inauguración de la muestra la gente empezó a recorrer la muestra en fila; una por una; atrapados y cegados por cada imagen, listos para ver la siguiente y la siguiente, porque los grabados de Goya tienen algo cinematográfico: estampa tras estampa cuentan lo que vio: una mujer en brazos de un soldado que la va a violar; los heridos que recogen en la calle y un subtítulo exacto para un pueblo en guerra: “Aún podrán servir”. O un cura español atravesado por un sable. O unos cadáveres que por fin son enterrados, una vez despojados de todo lo que tienen de valor, incluso su ropa: “Caridad”. O una de las más aterradoras y repetidas en los libros de arte: los pedazos de varios cuerpos atados a un árbol. “Grande hazaña! Con muertos!”, escribe Goya. Doris lleva más allá la idea de cinematografía de Goya, “cada una es una película, en la escena de la mujer que van a violar, también está maniatada su familia; los obligan a ver. O en la escena de la mujer que muere de hambre, no solo hay una narración, sino un guiño a Bernini”. '¿Si resucitará?' de la serie de grabados que se expone en Fragmentos. Foto:Fernando Gómez EcheverriLa exposición -una vez retratados los horrores- le da paso a la hambruna y al desplazamiento, ¿todavía hay dudas de que Goya también retrató a Colombia? Hay imágenes de miseria, hospitales arrasados, mendigos, hambre, sobre todo hambre. Y en el penúltimo grabado de la serie aparece una mujer muerta, con los pechos por fuera, que lanza una suerte de rayos luz alrededor. El subtítulo que le escribe Goya es Murió la verdad, pero al lado, hay otro grabado, el grabado final, con la misma mujer y la misma muchedumbre con otro subtítulo: ¿Si resucitará? Ojalá. LEA TAMBIÉN FERNANDO GÓMEZ ECHEVERRI - DIRECTOR DE BOCAS Y LECTURAS DOMINICALES Sigue toda la información de Lecturas Dominicales en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







