Plum a invitadaLa soberanía ya no significa únicamente defender fronteras.

Cada 15 de septiembre Guatemala conmemora la firma del Acta de Independencia de 1821. Sin embargo, una mirada crítica a las efemérides patrias obliga a preguntarse si la independencia fue únicamente el resultado de una decisión tomada en el Palacio de los Capitanes Generales o si constituyó un proceso mucho más amplio, conflictivo y plural, en el que participaron indígenas, criollos, clérigos, liberales, conservadores y pueblos enteros de Centroamérica. La historia sugiere lo segundo.

La narrativa tradicional suele presentar la independencia como una obra de notables ilustrados encabezados por José Cecilio del Valle y refrendada por el capitán general Gabino Gaínza. Sin restar mérito a estas figuras, resulta insuficiente explicar el nacimiento de una nación únicamente desde los salones de la élite. Antes de 1821 ya existían movimientos de resistencia, proyectos autonómicos y expresiones de soberanía popular que anunciaban el agotamiento del orden colonial.

Atanasio Tzul arroja luz con el levantamiento k’iche’ de Totonicapán de 1820 encabezado por Atanasio Tzul, Lucas Aguilar y las comunidades indígenas de Los Altos. Más que una simple protesta tributaria, el movimiento expresó una reivindicación de autogobierno frente a las autoridades coloniales y cuestionó la legitimidad del poder español en la región. Durante algunas semanas las autoridades indígenas sustituyeron a las españolas y establecieron un gobierno propio.