12 de septiembre de 202600:0010'minutos de lecturaMartín Bossi construyó su camino pasito a paso y contra viento y marea porque tuvo que superar varios obstáculos para llegar a este buen presente que transita. De chico hacía trueques en su barrio a cambio de imitaciones hasta que se dio cuenta de que podía vivir gracias a esa habilidad. Su familia quería que fuera abogado, pero él se resistió y después de hacer cientos de fiestas y eventos, tuvo su oportunidad en la televisión y luego en el cine. Y se subió a un escenario para transformarse en showman. Ahora, por primera vez, es protagonista de una serie, Amores inesperados, que se estrena en Disney+ el miércoles próximo (16 de septiembre) y que cuenta diferentes historias de amor en seis episodios. En una entrevista con LA NACION, el actor de 51 años habló de la oposición de su familia en sus inicios y de cómo los convenció para hacer realidad su deseo. Y también contó cómo se sacó las máscaras de imitador y reflexionó sobre el amor y la paternidad. —¡Qué bueno hablar de amor en tiempos de cólera!—Está difícil encontrar amor, ¿no? Trabajo con un grupo de productores que son amigos de la infancia y con Fede Hoppe, que es mi hermano, y con (Ezequiel) Corvo y el Chato (Prada), y juntos vamos planeando mi historia y mi camino para seguir evolucionando y no encasillarme. Hace muchos años empecé a dejar la máscara, de a poquito. Porque sentía que mi carrera podía llegar a dar para poco más que copiar... Aunque a mucha honra, porque la imitación me dejó grandes alegrías. —¿Cómo fuiste evolucionando o tratando de alejarte de las imitaciones?—Hice comedia musical, una película con Marcos Carnevale, otra también con Emilio Tamer y llegó esta serie, Amores inesperados. Con Carnevale, que es el autor y director, queríamos mostrar todo lo que aprendí en mi profesión, que es mutar, caracterizar, pero no imitando, sino haciendo comedia en diferentes géneros. En cada episodio encontramos comedia, romance, tragedia... Y me acompaña un grupo de actrices maravillosas que hicieron crecer la serie. Amores inesperados vuelve un poco a las bases. Es como decir: “Vamos a rescatarnos”. Porque hablar de amor es recatarse. Hay ya demasiadas series y películas de violencia, guerras, zombis, narcos o que hablan del fin del mundo, de monstruos. Me gusta apostar al amor como centro de la escena. Hoy todo es odio, todo es revanchismo. Sin embargo, las canciones y las películas de amor son las que perduran. Yo creo que hoy es necesario el amor. “All you need is love”, decía John Lennon. Y es así porque el amor nos va a rescatar. Martín Bossi, sobre su nuevo proyecto en Disney+: "Hay ya demasiadas series y películas de violencia, guerras, zombis, narcos o que hablan del fin del mundo, de monstruos... Me gusta apostar al amor como centro de la escena"Soledad Aznarez—Decías que te fuiste sacando las máscaras, ¿fue una elección?—Sí, fue una elección personal y lo digo con la mayor de las humildades. Hasta 2010, cuando llegué al teatro, no existía un imitador que hiciera un show solo. Los imitadores eran complementos de los espectáculos. Y llegué a la calle Corrientes con una idea de un tipo que busca la imitación para contar una historia. De hecho, en mi primer show, El impostor, estaba mi mamá, que la interpretaba Vivian El Jaber, y yo huía de ella porque me coartaba lo que deseaba, que era imitar, y terminaba cantando una canción de Sandro con la ropa de Sandro. En El impostor apasionado, el segundo show, el protagonista era un imitador cuyo profesor de arte lo obligaba a sacarse las máscaras y terminaba desnudo cantando “El maniquí” de Sandro. Y con Bossi Big Bang Show me puse un esmoquin para hacer stand-up y me transformé en entretenedor. Ya la imitación era un recurso más. A partir de ahí me di cuenta de que me quería expresar de otras maneras. Que quedarme en la imitación era estancarme, aunque no está mal para el que lo quiera hacer. En mi caso, tenía ganas de poder profundizar un poco más y dejar de parecerme para empezar a ser. “Estás loco”—Todo fue un arduo camino porque tu familia se oponía a que fueras artista...—La típica historia de un pibe nacido en los 80 que quería vivir del arte y lo acusaban de ser hippie o de cosas raras. “Estás loco, no vas a llegar a nada, tenés que tener un padrino”, me decían. Y el único que me apoyó fue el exmarido de mi mamá. Lo querían matar [risas]. Había muerto mi viejo ya, y yo le decía a mi familia que si me dejaban actuar se iban a salvar. Con un poco de humildad, pude ayudar a mi mamá gracias a que me pinto la cara y me disfrazo, pero fue un proceso. —¿Cuándo murió tu papá te animaste a ser artista?—En realidad, era artista ya a los 6 años. Asomé al mundo actuando. El tema es que me empezaron a pagar de grande [risas]. A los 6 años laburaba gratis y paseaba por el barrio, iba al almacén y le pedía un cuarto de palmeritas y decía: “Si te imito a mi papá, mi abuela y al vecino, ¿me las das?”. Listo. O iba al taller mecánico y me decían: “Marticito, imítame a Fito Páez”. Y a cambio me prestaban la bicicleta. Mi papá no quería que hiciera eso y cuando falleció me entregó el patriarcado. Como soy hombre, tenía que mantener a mi familia. A veces me preguntan por qué no armé una familia. A los 18 años ya mantenía a una mujer, mi mamá, y a una hermanita de 14 años, pero con la raqueta me moría de hambre. "Me quería expresar de otras maneras. Quedarme en la imitación era estancarme, aunque no está mal para el que lo quiera hacer. En mi caso, tenía ganas de poder profundizar un poco más y dejar de parecerme para empezar a ser", reflexiona Bossi Soledad Aznarez—¿Y cuándo dejaste la raqueta por los disfraces?—Durante años fui profesional del tenis y daba clases, así me ganaba la vida. Clandestinamente, con mi socio y mi amigo de la infancia, Diego Djeredjian, nos escapábamos a los eventos sociales con bolsos en los que llevábamos las pelucas, los disfraces y el maquillaje. Llegaba a mi casa a las 6 de la mañana, todo reventado y mi mamá me preguntaba de dónde venía. Al principio le decía que estaba saliendo con una bailarina porque estaba lleno de purpurina. Hasta que un día descubrió que en el bolso estaba la peluca de Chayanne, los bigotes de Diego Torres, el pañuelo árabe de Shakira [risas]. —De cuánto fue tu primer sueldo, ¿te acordás?—Mi primer sueldo fue de 100 pesos y me acuerdo de que pedí que me los dieran en billetes de 5 porque le había escuchado decir a Ringo Bonavena que cuando ganó un millón de dólares con una pelea, le tiró los billetes a su mamá en la cama. Y la madre se levantó envuelta en un millón de dólares. Entonces yo le tiré 100 pesos a mi mamá, que se despertó y me dijo: “¿Qué hacés con esto? ¿Qué me compro con 100 pesos? Ni un paquete de arroz”. Cuando murió mi viejo, tuve que salir a mantener a mi familia y lo que me salía más fácil era imitar.—¿La tele llegó mucho después?—Muchísimo después. Antes fueron años de cumpleaños de 15 y fiestas. A veces me mandaban atrás de la mesa dulce; estaban todos borrachos y no podía terminar el show. Elegí el camino más largo, que es el del trabajo y el estudio. No me interesa vender mi vida privada o contar cosas que podían acortarme el camino con alguna tapa de revista. Elegí el camino del artista silencioso. A veces mis amigos me dicen que si hubiera contado todo lo que me pasó en el amor, habría llenado teatros mucho antes. La gente que paga una entrada para verme lo hace por mi arte y no porque estoy saliendo con tal o cual... Aunque muchas veces es tentador ese camino.“La base del éxito es desobedecer”Martín Bossi: "Creo que la base del éxito es desobedecer. Hacía todo lo contrario a lo que me decían mis viejos"Soledad Aznarez—Hablabas de formar una familia, ¿sentís alguna presión a los 51 años?—No. Yo desobedecí en todo. Crecí en una familia de italianos que soñaban con que fuera abogado y yo aparecía con los aritos de Ricky Martin. Creo que la base del éxito es desobedecer. Hacía todo lo contrario a lo que me decían mis viejos. —¿Y hoy qué dicen tu mamá y tu hermana? —“¿Cómo fuimos tan burros, Martín, con tu padre? ¿Cómo no lo vimos ?” [risas]. Un día, cuando ya hacía cuatro años que trabajaba en el medio, fueron al teatro y empezaron a llorar. Y mi hermanita le dijo: “Me parece que es bueno este chico”. “No es un inútil”, respondió mi mamá. Está bien, entiendo, porque ella quería lo mejor para mí. Y si tengo un hijo, quizá me pase lo mismo. Aunque tenían otra crianza.—¿Fantaseás con tener un hijo? —No tengo fantasías. No es que quiera tener un hijo, pero si hay un amor tan grande que me lleva a la paternidad, estoy dispuesto; no me resisto. Incluso hasta la monogamia acepto hoy. Si hay un amor grande y la condición para vivirlo es la monogamia, hago un esfuerzo... —Entonces, tal vez te llegue un “amor inesperado”. ¿Cómo fue armar cada uno de los personajes?—Hubo mucho ensayo. Con Marcos visualizábamos cosas y laburábamos los cuerpos, disociándome en seis. Y me llevaba eso a casa porque soy muy obsesivo. No hay imitaciones, pero sí cambios en la línea de pensamiento de cada personaje porque las estructuras dramáticas son diferentes. Y cada una de las actrices me ayudó un montón: Eleonora Wexler, Julieta Cardinali, Karina Hernández, Patricia Palmer, Jorgelina Aruzzi y Betiana Bum. Actuar con actrices de ese nivel es muy fácil. Lo filmamos de una manera cronológica porque tuve que dejarme crecer el pelo largo, cortármelo, tener flequillo, poner extensiones. Son como seis minipelículas que hicimos en dos meses y medio. Bossi: "Mi viejo me dio armas para estar hoy acá"Soledad Aznarez“El tenis me salvó la vida”—¿Cómo sigue tu año?—Tengo otro proyecto para el año que viene con Disney+ que no puedo contar, pero va a dirigirlo Carnevale. Y en marzo estreno un espectáculo en el Teatro Astral, que cumple 100 años. Le voy a hacer un show al amor con seis artistas que van a representar cada momento de mi vida con dirección de Marcelo Caballero. Ellas son todas músicas y no son una sex band sino una ex band [risas] porque son mis ex. —¿Nunca más volviste a agarrar una raqueta de tenis?—¡Sí! Juego al tenis todos los días. El tenis me salvó la vida. El tenis y el arte, pero el tenis, principalmente, porque lo practico desde los 6 años y me dio una conducta, un club, amigos. Mis verdaderos amigos están en el club, no en el trabajo. Salvo algunas excepciones. Mi papá me regaló una raqueta y me dijo: “Tomá, agarrá esto que te va a salvar”. Mi viejo me dio armas para estar hoy acá. Creo que nadie de mi familia hubiera pensado que podía dedicarme tanto a una carrera como me dediqué. Era un vago repetidor; daba clases de tenis y llegaba dos horas tarde. Un desastre. Sin embargo, amo lo que hago y acá estoy.Por Liliana Podestá