El noruego derrota al norteamericano Cole Hocker en la recta final de los 5.000m y el sueco vuelve a derrotar al griego Karalis en la apretada pértiga

Merlin Hummel se levanta del sillón de campeonato de videojuegos y su martillo agujerea en su caída la hierba teñida de negro como la noche oscura y fría de Budapest junto al Danubio; rosa la arena del foso de salto de longitud en la que Larissa Iapichino deja su huella victoriosa en 6,90m, y rojo vivo la recta de tartán en la que la plusmarquista mundial, Masai Russell sobrevuela las últimas vallas para imponerse (12,22s) poco antes de que el plusmarquista mundial, el joven universitario Ja’Kobe Tharp, alargara el cuello para ganar por una centésima (12,94s) los 110m vallas al favorito Cordell Tinch.

Y rojísimo el óvalo de tartán que se ilumina vivo para que Jakob Ingebrigtsen vuelva a sentirse supremo en los 5.000m, la prueba en la que es campeón olímpico y mundial, y con la que incendió los recientes Europeos de Birmingham que significaron su regreso a la competición después de 11 meses y mediante una operación de tendón de Aquiles. Como en Birmingham olvidó sus viejas tácticas de ataques lejanos, se dejó encerrar en la celada y solo salió a respirar en la última recta. En la ciudad inglesa, su único rival era él mismo en su regreso, en Budapest, en la lucha por los 130.000 euros que se lleva el ganador de cada prueba del Ultimate, el desafío era muy superior, nada menos que Cole Hocker, el atleta de final atómico que le desplumó en la final olímpica de los 1.500m en París. Hocker se coloca a su espalda, y espera. Ingebrigtsen vuelve la cabeza dos, tres veces, le ubica, le controla y se lanza. En dos pasos, cinco metros de diferencia, tanta dinamita estalló en sus piernas, que dejaron en inútil el esfuerzo desesperado de Hocker. Unos 100m finales en 12,60s le dieron la victoria al noruego de Sandnes en 12m 59,24s y también razones que podrá el domingo (20.12) superar al fabuloso Josh Kerr en la prueba de 1.500m.