En 1945, en la revista Sur, Jorge Luis Borges publicó un cuento sobre un sótano de la calle Garay donde cabía el universo entero. Ochenta y un años después, ese sótano se muda al Teatro Colón: el Ballet Estable, la compañía que este año cumplió un siglo, estrena “Principio de éxtasis”, un ballet en dos actos inspirado en El Aleph que el propio teatro comisionó desde cero.
La palabra clave es esa: comisionó. En la vida de una compañía de ballet el repertorio llega hecho. Las obras están escritas hace más de un siglo y medio, aterrizan en la sala de ensayo ya coreografiadas y diseñadas, con un maestro repositor que traduce lo que otro pensó en otro país y en otro siglo. Acá no había nada. Ni un paso, ni un compás, ni un telón.
La rareza
El Colón tiene un laboratorio de encargos, el CETC, creado en 1989 justamente para eso. El CETC es justamente una sala de subsuelo, como el sótano del Aleph. Pero lo que debutó el 10 de septiembre en el Colín pasó arriba, ante 3000 espectadores. Y ahí la cuenta cambia. Un ballet completo de dos actos, encargado íntegramente, con partitura original y realización total en los talleres propios, es algo que la Sala Principal no ve hace décadas.
Lo llamativo es que en 2026 pasó dos veces. Entre el 31 de mayo y el 6 de junio, el Colón estrenó “Dementia”, ópera en tres cuadros y epílogo comisionada al compositor argentino Oscar Strasnoy con libreto de Ariana Harwicz, dirección musical de Tito Ceccherini y puesta de Mariano Pensotti. Dos encargos absolutos en una misma temporada, en un teatro que declaró estar avanzando en siete nuevas producciones completas. La estadística describe un giro de gestión, no una casualidad de calendario.







