La ceremonia principal por los atentados del 11 de septiembre del 2001, en una fecha tan significativa como el 25 aniversario del mayor ataque que Estados Unidos ha sufrido en su territorio desde el sigo XIX, estuvo marcada por la división política ante la ausencia en Nueva York del presidente Donald Trump. El único que faltó a un rito en el que se escuchó reproches a su gestión por no desvelar la implicación de Arabia Saudí.Pero no hubo escándalo alguno al acceder Zohran Mandani al memorial del bajo Manhattan, que llegó a esta fecha siendo el primer alcalde musulmán de la ciudad y que ha sufrido una campaña de islamofobia con la presión de que no asistiera. No había constancia de que ninguno de los familiares realizara una condena pública durante el homenaje.Fue simbólico de ese recuperado espíritu de unidad observar el apretón de manos y el intercambio de saludos entre Mamdani y Rudy Giuliani, que se ganó la fama de ser “el alcalde de América” por su protagonismo aquella jornada y que, 25 años después, se ha convertido en el gran portavoz de los que pedían que al actual poseedor de la vara de mando de la metrópoli no participara en esta ceremonia y que incluso, con falsedades, pareció vincularlo con los terroristas de Al Qaeda.La cifra oficial de aquella tragedia se situó en 2.977 muertos en los tres escenarios, Nueva York, el Pentagono (Virginia) y Shakesville (Pensilvania), donde cayó el cuarto avión, que supuestamente iba a la Casa Blanca o el Congreso.No hay duda, sin embargo, de que el lugar más simbólico de esos ataques se centró en el bajo Manhattan, donde fallecieron 2.753 personas tras estrellarse sendos aviones en las Torres Gemelas, símbolo del capitalismo, que poco después de desplomaron. Además, este año también se rindió homenaje a los miles de muertos, en una cifra de cerca de 10.000, que se han registrado desde aquella fecha y hasta ahora debido a enfermedades derivadas de la toxicidad que dejó en el aire la destrucción del World Trade Center (WTC).Ahí es donde se celebra el gran homenaje. Asistieron cuatro expresidentes: el republicano George Bush, presidente aquella terrible jornada, y los demócratas Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden. Todos con sus respectivas esposas. En esta lista hay una más que llamativa ausencia, la del actual mandatario estadounidense, el único nacido en esta ciudad, en la que se forjó como promotor inmobiliario y que últimamente ha asegurado que fue rescatado aquel día, si bien hay constancia de que estaba en su rascacielos de la Quinta Avenida y que no piso ese lugar hasta pasadas unas cuantas jornadas.Trump prefirió desplazarse al Pentagono, donde tiró de espíritu belicista para defender la más que impopular guerra de Irán. En realidad, su intención era estar en el que fuera la Zona Cero. Cambió de opinión al saber que no le dejarían hacer un discurso, que sí dictó en el Pentagono.La tradición establece que el protagonismo, como bien recordó Mamdani, corresponde a los supervivientes y los familiares de los difuntos. Desde el 2012 no se permite hablar a los políticos. De hecho, en el décimo aniversario del 2011, Obama, entonces presidente, y Bush tomaron la palabra, si bien se limitaron a leer pasajes bíblicos. Ninguna referencia política. Los expresidentes lanzaron este viernes mensajes de unidad y paz en sus redes, pero asistieron con tono respetuoso, en total silencio, al evento de la Gra Manzana.El acto consistió una vez más en la lectura de todos y cada uno de los fallecidos, a los que se han sumado los del atentado de 1993 en el aparcamiento de la torre norte y que se saldó con seis víctimas mortales. Los familiares y amigos hicieron como siempre esa lectura, en la que cada vez más toman el protagonismo personas que no habían nacido aquel día y que son hijos, nietos o sobrinos de los desaparecidos.Los nombres de las víctimas del 11-S fueron leídos a partir de la letra B. Por lo general, esos familiares concluyen con una referencia a la persona a la que honran. Lo habitual es hacer un recordatorio, pero hay excepciones. Y las hubo.El tributo arrancó con la campana que a las 8,46 marcó el impacto del primer avión en la torre norte del WTC. El violonchelista Yo-Yo Ma interpretó la Suite para violonchelo n.º 2 de Bach al arrancar esa lectura.Una de las viudas aprovechó la ocasión para pronunciar un apasionado discurso, con una clara censura a Trump, en el que criticó a varias administraciones por haber seguido colaborando con Arabia Saudí en los años transcurridos desde el 11-S. Los familiares han tratado de hacer que el reino saudí rinda cuentas ante los tribunales federales.“Ha sido una traición tras otra”, afirmó. Instó a los cargos electos allí reunidos a “estar del lado de los supervivientes, estar del lado de los estadounidenses”. Y aludió al vicepresidente JD Vance, uno de los asistentes, “para que le haga llegar este mensaje al actual presidente”. Trump y su familia tienen mucha proximidad y negocios con la familia real saudí.No fue la única voz en esa reivindicación de justicia. Un sobrino de Lisa Marie Terry, vicepresidenta de Marsh & McLennan que murió en los atentados, también hizo un breve discurso político. “Durante 25 años, el Estado profundo ha ocultado la verdad sobre lo que ocurrió aquel día. Presidente Trump, usted es nuestra última esperanza. Publique los documentos sin tachaduras que implican a Arabia Saudí, mientras los familiares de las víctimas que aún quedan con vida puedan verlo”, suplicó.A los seis momentos de silencio tradicionales (el impacto de los cuatro aviones y el hundimiento de las torres), en esta ocasión se sumó un séptimo por los caídos por enfermedad en los años posteriores, tragedia que todavía continúa sumando obituarios. Se calcula que, además de esos cerca de 10.000 fallecidos, hay unas 150.000 personas que estuvieron expuestas a la mala calidad del aire. Ese minuto de silencio se produjo a las 12,20 horas, y puso el broche. “La gente enfermó porque los líderes en los que confían mintieron y les dijeron que era seguro respirar aire tóxico”, afirmó Mamdani el pasado martes al desvelar 170.000 documentos que fueron ocultados sobre ese aire envenenado.Detrás de ese reconocimiento se halla John Feal, que tenía una empresa de demolición en Long Island. En cuanto supo del atentado en el WTC, mandó a casa a sus 250 trabajadores y él se dirigió hacia el lugar del horror. Se puso a trabajar sin descanso desde aquella misma noche. A los cinco días recibió el golpe de una pesada viga de acero. Gangreno y tuvieron que amputarle parcialmente su pie izquierdo. No ha vuelto a trabajar pero no ha dejado de luchar por aquellos que pusieron en peligro sus vidas por ayudar.“Defiendo a quienes enfermaron a causa del 11-S. Durante 20 años recorrí los pasillos del Congreso para conseguir que se aprobaran leyes en favor de quienes enfermaron por el 11-S. Desde que sufrí mi lesión, desde que aprendí de nuevo a caminar y en todo lo que hago, he contribuido a sacar adelante 20 iniciativas legislativas”, explica.A él no le sorprendieron los documentos desvelados por Mamdani. “A los pocos días del 11-S ya sabíamos que íbamos a enfermar. Meses después del 11-S, sabíamos que la gente estaba enfermando. Años después del 11-S, sabíamos que el 11-S y las toxinas habían matado a hombres y mujeres. Y durante años nos dijeron que nos lo estábamos inventando, hasta que la ciencia nos dio la razón y confirmó la validez de nuestras afirmaciones”, remarca.Sin duda, uno de los pasajes más emotivos de la ceremonia se produjo cuando se paró la lectura entre las 9,59 (caída de la torre sur) y las 10,03 (desaparición de la torre norte) y en un silencio impactante, Yo-Yo Ma emuló a Pau Casals en la ONU al interpretar El cant dels ocells.