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Sobre la obra de Julio Ramón Ribeyro existe una bibliografía extensa entre títulos académicos y de divulgación. De este aparato crítico, gran parte está dedicada a su cuentística, registro en el que Ribeyro, para nuestra tradición, se ha posicionado como su mayor exponente. Y, en menor cantidad, está la bibliografía sobre los otros registros en los que incursionó, como el teatro, el ensayo, el diario y el aforismo. Al respecto, un libro que nos puede servir como introducción a toda su obra es El perfil de la palabra (2002) de Peter Elmore.

Es a partir de los 2000 que empieza a crecer el interés por el Ribeyro de no ficción. La razón no es otra que la sensibilidad de los lectores del siglo XXI, más atentos a las emociones internas que a las estructuras narrativas de la ficción. De esta manera, empezaron a mirarse de otra forma sus aforismos, como Prosas apátridas y Dichos de Luder; y, del mismo modo, su monumental diario La tentación del fracaso. No tardaron en ser considerados como objetos de culto, y no solo por ribeyrianos. Este interés por el Ribeyro de no ficción creció a velocidad exponencial.

Es a partir del 2010 que esta mirada sobre nuestro autor deja de ser rumor sostenido para convertirse en libros y eventos. Pienso en la edición de La caza sutil y otros textos (2012) de la Universidad Diego Portales de Chile y en el homenaje a Ribeyro en PetroPerú el año 2018. La publicación, a cargo de Diego Zúñiga, era un rescate de un título que debió ser sacado del olvido desde hacía mucho tiempo; y el evento, que llenó el auditorio de la entidad estatal, fue la confirmación del interés abierto de los lectores por sus diarios.