NoticiaGobierno prepara piloto de aspersión aérea usando el químico en reemplazo del glifosato. Cambio no elimina obligaciones que debe cumplir el Estado.Los aviones que se usarán en la estrategia. Foto: Jesús BlanquicetSUBEDITOR DE JUSTICA11.09.2026 09:17 Actualizado: 11.09.2026 09:17

Después de más de una década en la que la discusión sobre la aspersión aérea de cultivos ilícitos en Colombia estuvo inevitablemente ligada al glifosato, el Gobierno prepara el regreso de las aeronaves con un cambio de fondo: esta vez, el químico que se pondrá a prueba será el glufosinato de amonio. La decisión abre un nuevo capítulo en la política antidrogas, pero también una serie de interrogantes sobre qué tan efectivo puede ser este herbicida para destruir la planta de coca y cuáles son los riesgos ambientales y para la salud que deberán evaluarse antes de pensar en operaciones a mayor escala.Como lo ha venido revelando EL TIEMPO, la Policía ya comenzó a preparar las capacidades aéreas que serían utilizadas en esta nueva etapa. Dos aviones Air Tractor AT-802 entraron en los planes operacionales y ya fueron destinados al piloto que se desarrollará en Putumayo.La discusión, sin embargo, va mucho más allá de volver a poner los aviones en el aire. Ana María Rueda, coordinadora de Análisis sobre la Política de Drogas de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), a través de un informe, puso la lupa sobre el producto que pretende utilizar el Gobierno y advirtió que cambiar el herbicida no significa que desaparezcan las obligaciones ambientales, sanitarias y constitucionales que durante años han condicionado el regreso de la aspersión.Aspersión cultivos coca Foto:Federico Puyo. El Tiempo“Cambiar de herbicida —glufosinato en lugar de glifosato— no exime al Estado de estas obligaciones, porque derivan de la política de aspersión en sí, no del producto específico”, señala la FIP en su análisis sobre la propuesta del Gobierno.Ese punto resulta clave para entender el alcance de la decisión. El debate que durante años acompañó al glifosato no puede darse por terminado simplemente porque ahora se utilice una sustancia diferente. Lo que debe establecerse es cómo se comportará el glufosinato cuando sea aplicado desde una aeronave, qué nivel de dispersión puede tener, cuáles serían sus efectos sobre cultivos distintos a la coca y qué riesgos podría representar para las comunidades y los ecosistemas cercanos a las zonas intervenidas.La propia naturaleza del plan piloto muestra que todavía existen preguntas por responder. Según la FIP, el Consejo Nacional de Estupefacientes contempla realizar una prueba durante siete días y sobre un máximo de 1.000 hectáreas. Los polígonos específicos permanecerían bajo reserva por razones de seguridad y uno de los propósitos centrales será obtener evidencia que permita evaluar tanto la eficacia del producto como sus posibles impactos.Así se desarrollaba la aspersión aérea de glifosato. Foto:Archivo EL TIEMPO“La decisión, sin embargo, no implica el reinicio automático de la aspersión: una eventual reanudación está sujeta al cumplimiento de requisitos administrativos, ambientales, sanitarios, jurídicos y de participación de las comunidades”, señaló la FIP en su documento.El antecedente inevitable es el glifosato. Colombia suspendió en 2015 la aspersión aérea con ese herbicida después de años de controversias alrededor de sus efectos sobre la salud y el medioambiente. La FIP recuerda que una de las decisiones que marcó ese debate fue la clasificación realizada ese mismo año por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, que ubicó al glifosato como “probablemente carcinogénico”.El glufosinato aparece ahora como la alternativa escogida para intentar reactivar una capacidad que el Estado utilizó durante años contra los cultivos ilícitos. Pero precisamente por tratarse de otro producto, una de las primeras preguntas será si puede alcanzar el mismo objetivo operacional y bajo qué condiciones tendría que ser aplicado.No se trata únicamente de determinar si el herbicida logra afectar las hojas de coca. Para una estrategia de erradicación resulta fundamental establecer hasta qué punto el daño sobre la planta impide su recuperación, si será necesario repetir las aplicaciones y cuál sería la cantidad de producto requerida para conseguir resultados sostenidos.Argelia, Cauca, es uno de los enclaves de los cultivos de coca del país. Foto:Juan Pablo Rueda. EL TIEMPOEsa ecuación será determinante porque cualquier necesidad de aumentar las dosis o realizar nuevas pasadas sobre un mismo terreno también tendría que incorporarse al análisis de riesgos. El piloto, por lo tanto, deberá medir algo más que el número de hectáreas afectadas inmediatamente después de la fumigación.La FIP plantea además que el debate sobre la reactivación de la aspersión no puede reducirse al producto químico. La experiencia colombiana ha demostrado que conseguir reducciones rápidas en determinadas áreas no necesariamente significa que los cultivos desaparezcan de manera permanente.Entre los fenómenos que históricamente han acompañado las estrategias de erradicación aparecen la resiembra, el traslado de los cultivos hacia otros territorios y la fragmentación de las plantaciones. En otras palabras, destruir una hectárea de coca no garantiza por sí misma que esa hectárea desaparezca definitivamente de la cadena del narcotráfico.Las cifras ayudan a explicar por qué el Gobierno decidió volver a poner esta herramienta sobre la mesa. De acuerdo con datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito citados por la Fundación Ideas para la Paz, Colombia alcanzó en 2024 un récord de 261.000 hectáreas de coca, frente a las 96.000 registradas once años atrás. La producción potencial de cocaína llegó, además, a unas 3.000 toneladas.Pero hay otro dato que complejiza todavía más el escenario. La FIP señala que el 53 por ciento de los cultivos se encontraba en Áreas de Manejo Especial, entre ellas territorios de comunidades negras, resguardos indígenas, reservas forestales, parques naturales y zonas de reserva campesina.El corregimiento El Plateado, del municipio de Argelia, en el departamento del Cauca. Foto:Juan Pablo Rueda. EL TIEMPOEsa distribución territorial convierte la precisión de las operaciones en uno de los asuntos más sensibles del piloto. No solamente deberá establecerse qué ocurre con la mata de coca que recibe directamente el glufosinato, sino qué sucede alrededor del punto asperjado y cuáles podrían ser las consecuencias cuando las plantaciones ilegales están rodeadas de cultivos lícitos, fuentes de agua, bosques o territorios habitados.A eso se suma una barrera jurídica que sigue intacta. La FIP recuerda que desde la Sentencia T-236 de 2017 la Corte Constitucional estableció una serie de condiciones para una eventual reanudación del programa, entre ellas la aplicación del principio de precaución, la evaluación de riesgos, la participación de las comunidades y la existencia de mecanismos de seguimiento.Por eso, sustituir el glifosato por glufosinato no significa comenzar desde cero ni dejar atrás las decisiones adoptadas durante la última década. Las exigencias recaen sobre la política de aspersión aérea y sus posibles impactos, independientemente del nombre comercial o del principio activo que finalmente sea utilizado. LEA TAMBIÉN El piloto será precisamente el primer escenario en el que esas preguntas tendrán que aterrizarse en resultados medibles. El Gobierno busca establecer si el glufosinato puede convertirse en una herramienta efectiva contra los cultivos ilícitos y, al mismo tiempo, reunir información que permita determinar bajo qué condiciones podría utilizarse.La prueba tendrá entonces que responder varias preguntas antes de que Colombia pueda hablar de un regreso pleno de la aspersión aérea: qué tan eficaz es el glufosinato contra la coca, qué cantidad debe utilizarse, si requiere varias aplicaciones, qué ocurre con el producto fuera del área intervenida y cuáles pueden ser sus efectos sobre el ambiente y las comunidades.Redacción JustiicaJusticia@eltiempo.comMás noticias de Justicia: Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.