El vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, dio este jueves un discurso en la convención que el Partido Republicano ha celebrado en Dallas como previa a las elecciones de mitad de mandato. En él, presentó sus credenciales de candidato presidencial para 2028 ante una audiencia entregada a un mensaje que destacó por encima del resto: que el Partido Demócrata es el “partido del odio” y que votar a sus candidatos en noviembre supone una amenaza para la prosperidad del país.Ese partido, dijo Vance, “ya no es simplemente el partido de unos impuestos ligeramente más altos o de algunas leyes absurdas. No es el partido de FDR [Franklin Delano Roosevelt] o de JFK. Ni siquiera el de Bill Clinton. Ahora es el partido que desprecia a Estados Unidos y a las personas que lo construyeron”, dijo el vicepresidente durante un discurso de 40 minutos que el público recibió con entusiasmo, de pie y al grito de “¡J. D., J. D., J. D!“. El vicepresidente fue así, contra los pronósticos, el protagonista de la noche de clausura del Trump-a-palooza, sobrenombre que recibió la convención republicana después de que el presidente de Estados Unidos se programara a sí mismo en sus dos noches. Trump habló el miércoles, velada a la que trajo una promesa que sonó a órdago desesperado para evitar un descalabro en las urnas. Dará, aseguro, 5.000 dólares “a todos los adultos estadounidenses” si los votantes permiten a los republicanos retener el control de las dos cámaras del Congreso en las elecciones de noviembre. 01:22Voten, estén inscritos o no: Trump a republicanosDonald Trump escucha a Christopher Macchio en la Convenció Republicana.Foto: AP | Vídeo: ReutersY volvió a hacerlo el jueves para despedir la convención y reservarse la última palabra tras la intervención de Vance. Apareció con semblante cansado y dijo que no se extendería mucho, aunque se pasó 40 minutos repitiendo argumentos ya defendidos, chistes ya contados y promesas ya hechas. El momento más inquietante llegó cuando hizo que los presentes repitieran una variante del juramento de lealtad a la bandera cuya letra cambió para honrar al “mejor presidente de la historia de Estados Unidos”: él mismo. Con eso quedó claro hasta qué punto los convocados esta semana en Dallas forman una congregación de seguidores de un culto con un solo líder. Antes, Vance había ofrecido un discurso en el que presentó su mejor cara, un rostro más próximo al de un conservador clásico, para suceder a Trump como candidato a la presidencia en 2028. Le ayudó el hecho de que a su principal rival en las quinielas, el secretario de Estado, Marco Rubio, la convención lo haya sorprendido de viaje por Latinoamérica. También, que un hombre del público interrumpiera a Vance para pedirle que él sea el sucesor, lo que dio pie al vicepresidente para mostrarse magnánimo. “Ya nos preocuparemos por eso, primero tenemos que ganar en noviembre”, dijo. Bandera mexicanaMinutos antes, la seguridad había sacado a un manifestante que trató de entrar con una bandera de México. El incidente dio un giro xenófobo al discurso de Vance, que hasta entonces se había centrado en el “derecho a la ciudadanía por nacimiento” de los venidos al mundo en Estados Unidos, “el país más grande de la Tierra”. También desplegó en una defensa de la familia tradicional, de la dureza contra el crimen y de la enseñanza anti-woke. “Amigo, si tanto quieres a México, vete de una vez a ese país”, dijo Vance al manifestante. Y luego: “La izquierda radical ya tiene un nuevo símbolo: un idiota que ondea una bandera”. Como el resto de oradores, el vicepresidente también abundó en el gran tema de la jornada: el miedo. Miedo al comunismo. Miedo a la inmigración. Miedo a los musulmanes. Miedo a los tratamientos de género y a la “mutilación genital de los menores”. “Escúchenme, la ley de la sharía no tiene cabida en Estados Unidos”, exclamó a media tarde el senador tejano Ted Cruz, agitando uno de los espantajos favoritos de la ultraderecha estadounidense; la idea de que el islamismo está aporreando las puertas de la cultura americana. Cruz citó a continuación a las dianas favoritas de estos días en la cancha de los Dallas Mavericks. “Conviene tomar en serio lo que la gente dice. Como cuando [el alcalde de Nueva York, Zorhan] Mamdani pide secuestrar los medios de producción, [el influencer de izquierda] Hasan Piker defiende que Estados Unidos se merecía lo que le pasó el 11-S o cuando [el candidato demócrata al Senado por Texas] James Talarico aboga por desmantelar el capitalismo”. Aunque el aspirante a la Cámara alta por Míchigan Abdul el-Sayed, estrella del ala progresista de los demócratas convertido en la nueva bestia negra de los republicanos, fue tal vez el rival más mencionado, quién sabe si por la novedad. El-Sayed era un desconocido hace tan solo medio año. Que este jueves, uno de los asistentes a la Convención Republicana pidiera a gritos que alguien lo dispare indica hasta qué punto este médico musulmán de 41 años se ha erigido en un símbolo de la ola socialista que seduce a los jóvenes demócratas con su defensa de las leyes antimonopolio, del aumento de impuestos a las grandes corporaciones y de mejorar el acceso a los servicios de salud de los más desfavorecidos. Dos aniversarios marcaron también el día: el año que este jueves hizo del asesinato del líder juvenil MAGA Charlie Kirk y los 25 que el viernes habrán pasado desde el 11 de septiembre. A Kirk lo recordaron muchos de los que subieron al escenario, pero sobre todo Vance, que ha hecho bandera de la amistad que les unía a ambos, pese a que, dijo el vicepresidente, no estaban “siempre de acuerdo”. El ataque a las Torres Gemelas protagonizó un tributo con supervivientes y trabajadores que aquel día auxiliaron a las víctimas. El tono solemne desapareció por completo cuando Trump fue calentándose en su discurso, que acabó con el público repitiendo sus consignas a voz en grito. Después, como había prometido, llamó al estrado a su tenor de cabecera, Christopher Macchio, del que, en otra demostración de su melomanía de contrachapado, dijo que es “casi tan bueno como Pavarotti”. Macchio interpretó America the Beautiful, el aria Nessum Dorma y un tema de El fantasma de la ópera, mientras Trump sonreía satisfecho a su lado y los globos rojos, azules y dorados caían sobre la cancha de los Dallas Mavericks en un último tributo al gran (y único, en realidad) protagonista de esta fiesta.