RTVE ha presentado en el FesTVal de televisión de Vitoria El escondite, el nuevo programa de entretenimiento familiar que convierte el clásico juego de la infancia en un gran espectáculo televisivo con famosos metiéndose en rincones inimaginables, de próximo estreno en La 1. Presentado por Grison, quien debuta como presentador en solitario en paralelo con su trabajo en La Revuelta, el formato reúne a un grupo de famosos que pondrán a prueba su ingenio, creatividad y capacidad de divertirse como niños en una enorme casa construida a gran escala dentro de un plató, con dos plantas y más de 120 escondites que cambian en cada ronda.La producción, primera adaptación internacional de The House of Hide and Seek, es una colaboración de RTVE con Warner Bros. ITVP España y Talpa Studios, y se grabó en el centro de producción de Talpa en los Países Bajos. Antes de entrar en la casa, los concursantes se enfrentan a una serie de juegos previos que determinan quién se esconde y quién busca; los dos mejores de cada episodio pasan a la final, donde seis finalistas compiten por el título y la posibilidad de donar el bote a la ONG que elijan.Celebridades como Inés Hernand, Sergio Bezos, Vicco, Rosa López, Bertín Osborne o Kira Miró son algunos de los participantes que ya han vivido la experiencia de desaparecer entre rincones, pasadizos y escondites inesperados de este singular casoplón. Hablamos con Grison sobre el concurso, sobre sus orígenes y un posible cambio de Gobierno. Preguntado por si echó de menos a algún famoso en el casting, Grison responde con su característico humor cáustico: "Propuse a mucha gente que se ha quedado para otras temporadas. Echenique hubiera estado genial. Joan Pradells, un culturista gigante, escondiéndose por allí... Creo que el casting fue muy equilibrado: gente más experimentada con gente más joven. Ha habido mucha frescura. Todo el mundo estaba muy a favor del proyecto, con muchas ganas y muy competitivos", contaba.Sobre si se esconde mucho en la vida, no duda: "No. Siempre he ido de cara". "Creo que esconderse no está bien. Hacer ghosting a la gente y ocultar los problemas no funciona, al final te salen por un lado o por otro. Lo mejor es afrontarlo rápido. Cuanto más lo dejas pasar, más gordos se hacen los problemas. Y todo tiene solución, salvo la muerte", hacía ver.La experiencia de grabar en Países Bajos le dejó buen sabor de boca: "Imagínate cómo nos lo hemos pasado. Tienen natillas de dos litros, en tetrabriks. Es una pasada. Y hay mercadillos en las puertas de las granjas donde dejas el dinero y te llevas el producto. Anda que eso iba a durar en Vallecas… (bromea) Es un país muy limpio, muy organizado. Y ha estado muy bien trabajar con un equipo de allí, ver sus condiciones y su manera de trabajar.".Cuando se le pregunta si cree que esta fama fulgurante se le puede subir a la cabeza en algún momento, Grison pone los pies en el suelo: "Yo sé qué estoy haciendo. La humildad hay que saberla conservar. Vengo de una churrería. Mi padre siempre me ha inculcado que hay clases y yo siempre he tenido conciencia de clase. A la clase trabajadora hay que tratarla bien. Un buen ambiente laboral viene de no perder las formas, ser educado y adaptarse a las circunstancias. Yo soy el primero que soy un trabajador, como todos, y hay que tratarse bien entre nosotros".Lo de la tele y el espectáculo le pilló un poco de sorpresa, aunque trabajó mucho para hacer lo que le gustaba, asegura. "Ya me veía agarrando una porra toda la vida". Cambió esa perspectiva "a base de currar sin muchas expectativas, de sacar el trabajo adelante… cada año un poquito más. Y este programa es un poco el fruto de todo eso".Sobre si era el típico gracioso de la clase al que le dijeron que no llegaría a nada, resulta que sí, un profesor se lo dijo. "Que me debes 20 pavos, Agustín", le manda un mensaje a aquel docente. "En el instituto era el que se sentaba en la última fila, estaba todo el día pintando y no hacía caso de nada. Repetí dos cursos. Luego llegué a la universidad y, como era de los mayores de la clase, me convertí en el que entretenía, el que llevaba la mandanga. Creo que allí empecé a construir un poco esta personalidad", rememora.Ante un casting tan variado, que va desde Inés Hernand a Bertín Osborne, personajes con formas de pensar muy distintas, entre lo liberal y lo conservador, Grison cree que el programa demuestra que se puede pensar diferente y no estar peleado, o cooperar: "Yo creo que lo que nos une a todos los españoles es un poco la guasa, el cachondeo y también el trabajo. Parece que suena muy marxista o muy del Opus, pero el trabajo nos une. Trabajar todo el mundo hacia un objetivo y un proyecto… da igual de dónde vengas o cómo pienses. Si la gente es profesional y le gusta currar, todo el mundo tira del carro y eso te une un montón", afirmaba.Sobre cómo es como padre, cómo lo compagina con su trabajo mediático, no se diferencia mucho de cualquier padre. "Intento darles todo mi cariño y mi amor. Cuando eres hijo siempre se te queda alguna espina clavada, y cuando eres padre, entiendes muchas cosas que pasaban con los tuyos. Sobre todo, intento darles cariño, tiempo de calidad con ellos y hacerlo lo mejor que pueda".Grison no duda en La Revuelta sentirse libre para hacer chistes con el tema de las drogas o tirar de humor negro, algo que no suele llegar a sus hijos. "Les mantengo bastante al margen de las redes sociales, que es donde nosotros vivimos esa realidad. Cuando me preguntan algo, se lo explico todo bien: el tema de las drogas no está bien; los chistes de drogas sí, pero la droga en sí no". Para él, reírse de una desgracia es una manera de superarla y de recordarla. "Se murió mi madre y hasta que no empecé a hablar de ello y a poder bromear sobre el tema, no lo tuve completamente superado. El humor es lo que te hace avanzar. Creo que el hecho de que la gente sea cada vez más sensible a la broma y se indigne tanto es porque no tiene superadas ciertas cosas. Hay que introducir el humor en la vida cotidiana, también sobre uno mismo y sobre las desgracias", sentenciaba.Sobre si un posible cambio de gobierno más conservador podría conllevar el fin de su programa, como apuntaba hace días David Broncano en una rueda de prensa, Grison responde con menos seguridad: "Eso lo sabremos cuando ocurra. Creo que no estaría bien, pero nos pueden tomar como cabeza de turco. Cualquier cosa puede pasar". Afirma, sin embargo que "no les preocupa", pues se las "arreglarían". Y sobre cómo ve las próximas elecciones y si es optimista, lo es. "Al final no es un programa en el que no hacemos ningún tipo de adoctrinamiento político, a pesar de todo lo que se dice. Lo que más hacemos es visibilizar colectivos que no se ven y darle voz al público de una forma que no hace ningún otro programa de la misma índole. Se habla mucho con la gente, se tiene muy en cuenta a los ciudadanos... Tú puedes tener amigos de una corriente política o de otra", asevera.Sobre cómo lleva la fama, confiesa: "Cuando me agarran del cuello y me dicen ‘¡Broncano, Broncano!’ lo llevo un poco peor. Pero es el precio de que a la gente le guste lo que haces. También se polariza: cuanto más famoso eres, más gente te ama y más gente te odia. Yo lo llevo un poco mal porque siempre me ha gustado agradar, ser cordial. Que a alguien no le guste a veces me entristece, pero no se puede gustar a todo el mundo".Y sobre lo que le dicen por la calle, cuenta una anécdota recienten algo desagradable: "Sí. El otro día entré en un supermercado y me dijeron ‘tú, rojo comunista’. Al salir me dijeron ‘no eres tan comunista, eres un poco tibio’. Y yo pensando: ¿en qué quedamos? Hay que hacer caso a las críticas constructivas y entender que no todo el mundo piensa como tú. No puedes gustar a todo el mundo. Pero la fama, en general, la llevo bien".