Un anuncio sacudió la campaña de las últimas elecciones catalanas, en 2024. A tres días de la cita con las urnas, el entonces candidato socialista Salvador Illa prometió que, de ser elegido, situaría a Núria Parlon y a Josep Lluís Trapero en la cúpula de Interior. “La mejor manera de decir qué política de seguridad haré es decir a quién pondré al frente de esa responsabilidad”, dijo durante el último de los debates televisados. “Como quiero profesionalizar la gestión en Cataluña el director general de la Policía será Josep Lluís Trapero”, reveló.La anécdota la recordaron ayer miércoles casi todas las fuerzas de la oposición en el Parlament, durante sus valoraciones tras la dimisión de Trapero. En menos de un mes y medio, el Ejecutivo de Illa ha sufrido un rosario de cambios de calado (el adiós de una consejera, dos secretarios generales y un director general). El president, hasta ahora, había podido navegar esos cambios sin ver muy erosionado su relato. El de Trapero, sin embargo, le apunta directamente y ha servido para que las voces que le piden cambios en su Ejecutivo se apunten a subir los decibelios.“Fue su apuesta personal, hecha en campaña electoral, quien llegaba a hacer una buena gestión, ha sido un fracaso”, dijo por ejemplo el portavoz de Junts per Catalunya, Salvador Vergés. Y los dos socios de la investidura, Esquerra Republicana y Comuns, han expresado su satisfacción por el relevo de Trapero, cuya orientación al frente de la Policía no compartían. Pero además les da motivos extra para insistir en una idea que llevan meses esbozando: que el Ejecutivo necesita una remodelación. “Ellos [el PSC] explicaban que sí sabrían gestionar el país y que lo harían diferente. Pero el principio de realidad se ha impuesto”, aseguró ayer la portavoz de Esquerra, Ester Capella. “Le toca al president asumir si tiene que hacer cambios o no. Pero no hacer también tiene sus consecuencias”, agregó la republicana. “Estaría bien un impulso en la línea de fijar prioridades. Vamos a crisis por semana”, añadió por su parte el portavoz de los Comuns, David Cid. “Tenemos la sensación de que el Govern vive en una situación de provisionalidad y se hace necesaria una remodelación más amplia del Govern”, apostilló.Desde la Generalitat siempre han querido vincular los problemas de gestión en carpetas como Rodalies o Educación a situaciones enquistadas y heredados de Ejecutivos anteriores. Después sí han existido crisis de nuevo cuño, como la del fiasco en el diseño de las pruebas Pisa o la polémica por la infiltración de agentes de los Mossos en asambleas de profesores. Con todo, el apoyo a la labor del Ejecutivo siempre ha sido cerrada, incluso pese a la censura de algunos consejeros por parte del Parlament, como es el caso de la titular de Territorio, Sílvia Paneque, la propia Parlon o Trapero. Desde Palau siguen negando que esté sobre la mesa un cambio de caras en el Ejecutivo. La marcha de Mònica Martínez Bravo de la cartera de Derechos sociales, el pasado 20 de julio, se justificó por “razones personales” pero dio oxígeno a las críticas de partidos como Junts per Catalunya, que creen que Illa ha decepcionado en su promesa de una mejor gestión que la liderada por independentistas. Martínez Bravo fue reemplazada por quien fuera su secretario general, Raúl Moreno, cuyo cargo a su vez asumió Xema Gil. Pese a fallos como el de PISA, la propia Paneque, por ejemplo, aseguró que el cierre de filas en el Govern sobre Niubó es total. Sin embargo, sí se han comenzado a aceptar de alguna manera que hay problemas puntuales de gestión. Un gesto implícito es la elección de un perfil tan gerencial como el de Marta Clari para ser la número dos de Educación, en relevo de Teresa Sambola, que cayó por el problema de los exámenes de la OCDE. En el calendario, sin embargo, hay fechas señaladas que podrían servir de coyunturas para posibles cambios. Por ejemplo, en el primer trimestre del próximo año son las elecciones sindicales de los profesores. O se han de decidir los candidatos a las elecciones municipales.