Castellón, Torrevieja y Barcelona son las ciudades españolas donde se registra un mayor incremento proporcional en la tasa de mortalidad media anual relacionada con el exceso de calor en los últimos 25 años. Jaén es, no obstante, la ciudad que en fechas recientes presenta la mayor media anual de defunciones, con 370,94 muertes asociadas al calor por cada millón de habitantes (indicador estándar estadístico para lograr una comparativa equiparable). Así lo indica el último informe de Lancet Countdown sobre salud y cambio climático en las ciudades de Europa.Castellón es la ciudad que lidera el ranking de urbes en donde los incrementos porcentuales de muertes por calor se disparan, con una tasa de incremento de un 553,5% en 25 años (se comparan los períodos 1991-2000 con el 2015-2024). De cerca, le siguen Torrevieja (Alicante), con un 529,3% de incremento, y Barcelona, con 482,6%.Estas cifras, por tanto, no hablan de dónde fallecen más personas al año debido a las altas temperaturas, sino que muestran el empeoramiento de la situación en estas ciudades durante los últimos 25 años.Por ejemplo, Castellón encabeza esta clasificación porque pasó de 26 muertes por millón de habitantes (indicador elegido) por calor a 168 en 25 años; Torrevieja pasó de 36 a 230 y Barcelona de 28 a 165.A las tres primeras ciudades citadas les siguen, en orden, Sagunto (323,1% de crecimiento), Eivissa (286,3%) y Torrejón de Ardoz (279%). En el otro extremo, se encuentran Pontevedra (con una subida del 13% en 25 años), Irún (10% de subida) y Oviedo (-7%).La urbe donde más personas mueren al año por esta causa en términos absolutos es Jaén. Le siguen Linares (en Jaén), con 324 muertes; Talavera de la Reina (Toledo), con 312; y Salamanca, con 309. Donde muere menos gente por esta razón son A Coruña (63), Ferrol (79), Vigo (93), Pontevedra (95) e Irún (99).Lancet CountdownEl informe analiza las tendencias de más de 850 ciudades europeasLancet Countdown Europe es un centro de investigación coordinado por la Universidad de Heidelberg e ISGlobal y trabaja con 65 investigadores destacados con sede en Europa, Estados Unidos y Australia para hacer un seguimiento y comprender los vínculos cambiantes entre el cambio climático y la salud de las personas en Europa.​En este informe especial sobre las ciudades europeas, se han utilizado 28 indicadores desarrollados por 58 investigadores de 31 instituciones académicas que han permitido analizar las tendencias a nivel urbano en materia de cambio climático y salud en más de 850 ciudades.La mala gestión de las ciudadesSólo el 12% de las ciudades supera el 30% de superficie arbolada recomendada para mitigar el calorEl problema, agravado por el cambio climático, radica en que la mayoría de las ciudades retiene el calor y generan un efecto de “isla de calor urbana” lo que hace que las zonas urbanas sean mucho más cálidas que las áreas rurales de los alrededores. Granada es un ejemplo. Allí, entre 2003 y 2020, se registraron más de 300 días en los que las temperaturas urbanas superaron a las de las zonas rurales circundantes en más de 1,5 °C. Para hacer frente a esta situación, expertos de las Naciones Unidas para Europa recomiendan que las ciudades mantengan un espacio arbolado de al menos el 30 % de su superficie para mitigar el calentamiento y aprovechar la capacidad de enfriamiento de las zonas verdes. Un aumento de la cobertura foliar redujo la temperatura de la superficie en el 88 % de las ciudades europeas.No obstante, el informe denuncia que en el 2020 sólo el 12% de las ciudades españolas presentaba una presencia aceptable de superficie arbolada atendiendo a este criterio. La superficie es insuficiente, ya que la media solo supone el 13,2 % del área urbana total.La abundancia de las zonas verdes es muy diferente. Cuenca dispone de la mayor cobertura arbórea en términos de superficie, con 48.500 hectáreas, mientras que Cádiz registró la menor, con 0 hectáreas. Por su parte, Torrejón de Ardoz (Madrid) experimentó el mayor incremento porcentual desde el año 2000 (257 %): se pasó de 4,9 a 17,4 hectáreas con árboles.La insuficiencia de las mejorasEn España el transporte público continúa como asignatura pendienteLas ciudades, según el informe, deben de ser el epicentro de diversas mejoras, entre las que también se encuentra la optimización del transporte público, algo en lo que España debería de mejorar.En 2022, sus ciudades obtuvieron resultados insuficientes en este campo, con una puntuación media de 5,3 sobre 10 en este indicador, que mide la facilidad con la que los ciudadanos pueden moverse a pie, en bicicleta o en transporte público dentro de una ciudad.Para una mayoría, el transporte público queda leios. La situación se refleja en que solo un tercio de las áreas residenciales tiene una parada para el acceso al transporte público a 250 metros de distancia. Un 41% tienen espacios para el peatón y el 11 % para la bicicletas. Todo ello hace que la movilidad urbana sea todavía una asignatura pendiente para avanzar en el proceso de descarbonización. Las emisiones de gases de efecto invernadero disminuyeron, per cápita, un 17,2%, en las urbes españolas, gracias sobre todo a la reducción en el sector industrial (39,2%), entre 2000 y 2024, mientras que el sector energético en general aumenta las emisiones a causa del transporte (17,2%) en estos años.“Más que nunca, las ciudades desempeñan un papel fundamental en los ámbitos del clima, el medio ambiente y la salud, y esta publicación clave demuestra que queda mucho por hacer para mejorar nuestras ciudades y hacerlas más verdes, habitables y saludables”, declaró Mark Nieuwenhuijsen, de ISGlobal.Lee tambiénCrisis sanitaria La mortalidad aumenta y el calor favorece las infeccionesEn conjunto, las ciudades europeas se enfrentan en la actualidad a una crisis sanitaria sin precedentes debido al cambio climático, con poblaciones densas, infraestructuras que retienen el calor y escasa refrigeración por falta de espacios verdes. El sur del continente es el más afectado, con un aumento del 160,6% en la mortalidad relacionada con el calor en 25 años y unas condiciones que favorecen enfermedades infecciosas que históricamente han supuesto un riesgo bajo para los europeos, con una idoneidad climática para el dengue que aumentó un 369,3 %.