El ministro francés de Asuntos Europeos, Benjamin Haddad, habló de "un momento grave para Europa". El primer ministro Gabriel Attal, y candidato en las elecciones presidenciales del año que viene, lo describió como "una señal realmente alarmante". El aspirante en esos mismos comicios de la Francia Insumisa (afines a Sumar o Podemos), Jean-Luc Mélenchon, la interpretó como "una demostración catastrófica de la ceguera de las políticas centristas europeas".
La victoria el domingo de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en el land oriental de Sajonia-Anhalt suscitó numerosas reacciones en Francia, pero curiosamente hubo un partido que se puso de perfil y prefirió obviar ese terremoto electoral al otro lado del Rin: la Agrupación Nacional de Marine Le Pen.
El diputado Jean-Philippe Tanguy, un mediático representante de la extrema derecha francesa, se limitó a decir que "tomo nota de ese voto popular", pero eso no significa "que esté satisfecho con el partido que ha ganado". Con el 44% de los votos y a solo tres diputados de llegar a la mayoría absoluta en el Parlamento de esa empobrecida región, AfD consiguió el mejor resultado de su historia. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, una formación de ultraderecha cuenta con serias opciones de llevar las riendas del ejecutivo equivalente al de una comunidad autónoma. Es algo que nunca ha sucedido en Francia, a pesar de que el partido de los Le Pen existe desde 1972.













