EditorialSorprende que pese a los malos resultados que tuvo como ministra, y a la polémica que motivó su salida, el gobierno la haya convocado al Segundo Piso. Nuevamente estamos frente a un caso de lealtad mal comprendida por parte del jefe de Estado.Por Editorial La Tercera9 SEPTIEMBRE 2026Santiago 8 de abril 2026.
La ministra del Deporte, Natalia Duco, encabeza la apertura de la plaza Heroes de Atenas, Nicolas Massu y Fernando Gonzalez, la que, ademas, sera uno de los nuevos accesos al Parque Estadio Nacional.
Dragomir Yankovic/Aton Chile DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE ComentariosNo había transcurrido un mes desde que la exministra del Deporte Natalia Duco se vio forzada a renunciar al cargo -luego de protagonizar una polémica por el mal uso de un auto fiscal-, cuando sorpresivamente fue anunciado su regreso a La Moneda, esta vez en el llamado Segundo Piso, donde se integrará al equipo de asesores para prestar apoyo en el desarrollo de políticas deportivas para el país. El gobierno justificó su reincorporación esgrimiendo su destacada trayectoria como deportista, al tiempo que desestimó que su salida como secretaria de Estado fuese un impedimento para que continuara colaborando con el Ejecutivo.Como era de suponer, el anuncio ha sido motivo de amplios cuestionamientos en diversos sectores políticos, y resulta sorprendente que La Moneda no haya sido capaz de anticipar estas repercusiones, o que aun así igualmente haya decidido seguir adelante con este plan, constituyendo un nuevo autogol que solo refleja la escasa capacidad de aprendizaje para no seguir tropezando una y otra vez con los errores propios. Más allá de que Duco tenga probada experiencia en asuntos deportivos, lo cierto es que su gestión como ministra estuvo marcada por constantes controversias, lo que se reflejó en que fue una de las integrantes del gabinete con peor evaluación pública, según mostraron estudios de opinión. Pero al margen de los problemas que tuvo que enfrentar como secretaria de Estado, resulta preocupante que La Moneda no considere como un impedimento las razones que motivaron su salida, esto luego de que antecedentes publicados por este medio desestimaran su versión entregada a la Contraloría de que utilizó el auto fiscal para labores propias del cargo, cuando en realidad asistió a un evento privado.Esta administración hizo especial hincapié en que buscaría marcar una diferencia con el gobierno anterior, poniendo especial acento en la gestión de excelencia y la importancia del mérito -sin margen para “pitutos” ni “amiguismo”-, así como en la relevancia de velar por el buen uso de los recursos públicos. En la medida que se implementa un cargo de asesoría cuya justificación hasta aquí no ha sido bien fundamentada, apareciendo como una suerte de premio de consuelo, resulta evidente que se desvirtúan las banderas que se dijeron defender. Es un hecho que el Presidente Kast, al momento de explicar la salida de Duco, evitó hacer críticas directas -por el contrario, fue generoso en prodigar elogios-, al señalar que “hay veces que podemos cometer un error. Y hay normas en nuestro país que son muy exigentes en ciertas áreas, a veces, casi inentendibles. Pero son las normas que hoy día nos rigen y que nosotros hemos planteado que hay que aplicarlas”. Hubo una evidente minimización de los errores cometidos, pero también un reconocimiento implícito de que la continuidad de la exministra se hacía insostenible. Por ello, al reincorporarla al gobierno tan tempranamente, el jefe de Estado incurre en una lealtad mal entendida, tal como ya le sucedió con la exministra Steinert, donde pese a los desfavorables resultados que tuvo como ministra de Seguridad, el gobierno sigue evaluando en qué área del Estado podría reubicarla. Son sin duda erráticas señales que no prestigian a esta administración.Más sobre:Segundo PisoCuestionamientosReincorporación






