Vida SaludableDoctor en Medicina y profesor de Antropolog�a y �tica, Sonnenfeld analiza en su nuevo libro las causas de la epidemia de infelicidad que azota a la sociedad actualActualizado Jueves,

septiembre

00:05cottonbro studio/Pexels

Lo tenemos 'todo'. Vivimos rodeados de est�mulos, m�s conectados que nunca y con un acceso ilimitado al entretenimiento, pero cada vez nos resulta m�s complicado experimentar una alegr�a sincera, profunda y duradera. En 'C�mo recuperar la alegr�a' (Espasa), el doctor en Medicina y en Teolog�a, profesor de Antropolog�a y �tica y divulgador de la neurobiolog�a, Alfred Sonnenfeld, reflexiona sobre esa pandemia contempor�nea de malestar y, al mismo tiempo, proclama un mensaje optimista: el cerebro conserva su capacidad de cambiar durante toda la vida. Por eso, nunca es tarde para modificar h�bitos, recuperar la atenci�n, fortalecer las relaciones y redescubrir una forma de vivir m�s consciente, m�s libre y, en definitiva, m�s humana de vivir.

�Hemos adulterado el significado real de estar alegres?Claro que s�. Lo hemos adulterado al confundir la vida exitosa con una vida lograda.�Qu� es, en realidad, la alegr�a?La alegr�a es una consecuencia y nos invade cuando somos conscientes de que nuestra vida tiene un sentido profundo. No se trata de tener la vida resuelta, sino de vivir con un coraz�n enamorado que se sabe ilusionar y entusiasmar con los retos grandes y peque�os de cada d�a.Nacemos alegres, pero, con el paso de los a�os, parece que vamos perdiendo esa capacidad. �Se puede ser una persona alegre llegados a la edad adulta?Por supuesto que s� y eso se debe a algo maravilloso que tenemos los seres humanos: la neuroplasticidad. Nuestro cerebro tiene una gran plasticidad que le permite adaptarse a nuevas situaciones y nuevos retos. Siempre podemos aprender cosas nuevas.Usted distingue entre el placer inmediato y la alegr�a profunda. �C�mo podemos saber si lo que sentimos es verdadera alegr�a o simplemente una recompensa moment�nea?Los que buscan recompensas moment�neas dependen de un modo llamativo del reconocimiento. ��Cu�nta gente hay que solo act�a para ser vista y reconocida! Si sabemos gozar de una alegr�a profunda no necesitaremos de tantos reconocimientos, pero tampoco de tantos suced�neos (lujosos y sexuales) que se pueden conseguir tan f�cilmente.Habla de una sociedad atrapada en una especie de 'rueda de h�mster'. �Qu� nos mantiene dando vueltas en ella sin preguntarnos si la vida que llevamos es realmente la que queremos?? �No ser� que no nos interesa hacernos la pregunta para no sufrir?Vivir en la rueda de h�mster significa que hemos perdido la capacidad de ser dise�adores de nuestras propias vidas. A veces, es la incapacidad de salir de la zona de confort. Aquellas personas que tan solo 'funcionan', 'hacen', en ingl�s 'doers' (hacedores) sin reflexionar, sin parar (acord�monos de lo que dec�a tan sabiamente Hannah Arendt despu�s de las aberraciones de los Nazis: "Stop and think"), Pero si esa persona empieza a disfrutar de lo que est� haciendo, no porque tenga que hacerlo sino porque lo quiere as�, entonces se conectar� nuevamente con sus propias necesidades y pronto volver� a ser dise�ador de su propia vida y entonces no necesitar� que nadie que le diga lo mucho que vale.Asegura que la alegr�a profunda nace de dos necesidades fundamentales: pertenencia y autonom�a. �Eso en qu� se traduce para que lo entienda todo el mundo?La pertenencia y la autonom�a son dos necesidades constitutivas del ser humano que est�n profundamente ancladas en nuestra naturaleza. Todo lo que experimentamos, tanto lo que nos fortalece como lo que nos debilita, lo que nos da�a o nos hace crecer, tiene que ver con esas necesidades, y si nos falta una de ellas nos desequilibramos. Aqu� no voy a hablar detenidamente sobre estas dos necesidades, pero est� claro que la pertenencia es una necesidad que hoy le falta a much�sima gente. Sobre todo, ser querida, aceptada, ser vista... es fundamental para nuestro bienestar. La combinaci�n de pertenencia y autonom�a conduce a una identidad estable. �Puede una persona ser amada, tener familia y amigos y, aun as�, no sentirse perteneciente a ning�n sitio?El problema real es que muchos ni�os y ni�as -y tambi�n adolescentes y mayores- no son tratados como sujetos, sino como objetos. Y esto quiere decir que viven de acuerdo a las expectativas de sus progenitores y otras personas lo cual equivale a decir que no son queridos. Son aceptados si cumplen las expectativas de otras personas. El verdadero amor no conoce l�mites.Y, al contrario: �podemos estar muy integrados socialmente, pero haber perdido nuestra autonom�a, viviendo seg�n las expectativas de los dem�s?Esto es m�s de lo mismo. Pero puedo a�adir algo primordial y que subrayo en el libro, que nuestro cerebro es social, es relacional, necesitamos de las buenas relaciones, nuestro cerebro necesita la vinculaci�n. "Yo pertenezco; no estoy sola". Esto no quiere decir que tenga que tener 15.000 amigos en Facebook sino mantener buenas relaciones 'face to face'.En el libro habla mucho de libertad. �No cree que, en realidad, somos esclavos de un estilo de vida presuntamente c�modo que nos hace infelices?Muchas gracias por esta pregunta y por el comentario de que hablo mucho de libertad. No me hab�a dado cuenta. Pienso que con esta pregunta ha dado en el blanco totalmente. �Por qu� la gente no es feliz? Porque se deja dominar por su sistema basal (A. Sonnenfeld, 'La sabidur�a del coraz�n', Ed. Almuzara, 1924). En todo lo que se refiere al sistema basal o sistema reptiliano estoy de acuerdo con Sigmund Freud. Sin embargo, tambi�n tenemos una cabeza y un coraz�n y ah� me distancio totalmente del determinismo de Freud. Aunque absolutamente necesario, el sistema basal, a veces, puede comportarse, como dir�a Freud, como un caballo desbocado. Y cuando nos dejamos llevar por nuestros instintos, impulsos y caprichos, terminamos siendo esclavos de ellos. Esto, quiz�, nos ocurre especialmente a los hombres, y as� es muy dif�cil ser feliz. La felicidad tiene mucho m�s que ver con aprender a estar en armon�a con uno mismo, sin dejar que nuestros instintos y nuestros impulsos nos gobiernen. Necesitamos nuestros instintos, por supuesto, pero no podemos permitir que sean ellos los que lleven las riendas de nuestra vida. Cuando ocurre esto, dejamos de ser libres y nos hacemos mucho m�s d�biles.Despu�s de las vacaciones algunas personas vuelven con una sensaci�n inc�moda: "No quiero volver a mi vida". �Debemos escuchar esa sensaci�n o puede ser simplemente cansancio?En el libro me refiero a la alegr�a del nuevo comienzo, de un nuevo cambio de paradigma que nos haga ver el mundo de otro modo: m�s bello, m�s atractivo. Ser uno mismo y, cuando somos nosotros mismos, adquirimos confianza, no necesitamos del �xito externo ni del reconocimiento de los dem�s y despertamos de verdad a las cosas bonitas de este mundo.Hay una idea especialmente interesante: que a veces necesitamos desprendernos de algo para poder sanar. �Por qu� nos cuesta tanto soltar, aunque sepamos que nos hace da�o?Sencillamente, porque pensamos que nos vamos a privar de un poco de placer. Nos enga�amos a nosotros mismos. Le recomiendo que lea el libro de Anna Lembke, 'Generaci�n Dopamina. C�mo encontrar el equilibrio en la era del goce desenfrenado'. Le doy a usted toda la raz�n: su pregunta es tremendamente realista. Sabemos que nos hacemos da�o y, no obstante, no paramos... �Cu�ntos lud�patas, adictos a la pornograf�a, a relaciones sexuales sin interrupci�n, etc., saben que se est�n haciendo da�o a s� mismos y, aun as�, no logran salir de ah�? Hasta que, por fin, dan un giro hacia una vida donde puedan descubrir la verdad, el bien y la belleza... Qu� dif�cil, �verdad?En el libro relaciona directamente la alegr�a con la capacidad de amar y de establecer v�nculos verdaderos. �Qu� le ocurre a nuestra alegr�a cuando se rompe una relaci�n importante? Y si, despu�s de tanto palo, decidimos dejar de amar...�Dejar de amar no es un buen consejo! Nuestro coraz�n est� hecho para amar, pero hay que protegerlo; por eso, la fidelidad es muy importante. Para contestar m�s profundamente a esta pregunta tengo que ahondar para ello en algunos conocimientos generales de la Neurobiolog�a, que nos dicen que podemos gozar de la alegr�a si no hay obst�culos de envergadura que lo impidan, ya que la alegr�a es algo as� como el agua que baja de una monta�a y riega los diferentes jardines o tierras de cultivo. Pero esto puede interrumpirse de varios modos.Por lo tanto, dicho en plan r�pido, nuestro cerebro necesita, en primer lugar, seguridad, porque el principal papel del cerebro es protegernos de peligros y, si no hay seguridad, no hay compatibilidad con la alegr�a. Estar�amos en modo de alarma, de supervivencia. En este estado de alarma es imposible que germine la alegr�a. Tambi�n necesita vinculaci�n, ya lo he dicho, y necesita entusiasmo, que es abono para el cerebro. Es como la llave que nos abre, que nos posibilita la alegr�a. Nos hace sentir m�s en�rgicos, con ganas de hacer cosas nuevas; fortalece las prolongaciones de las neuronas y sus uniones respectivas. Tambi�n necesitamos ejercicio f�sico. Esto es de importancia vital. Cada vez hay m�s publicaciones que lo corroboran. El cuerpo est� unido al cerebro por millones de fibras nerviosas. Al fluir mejor la sangre por el cuerpo, en el cerebro se segregan las endorfinas, que son opi�ceos end�genos. Mejora el factor de crecimiento de las neuronas (BDNF, brain-derived neurotrophic factor), que facilita la plasticidad. Y, de este modo, el cerebro sale del estado de alarma y mejora.Otro elemento fundamental es el sentido. El cerebro es un �rgano que busca sentido. Necesita saber: esto es importante. Y, finalmente, la novedad. Si no hay sorpresas, todo es aburrido...�Por qu� una ruptura puede hacernos sentir que no solo hemos perdido a una persona, sino tambi�n una parte de nuestra identidad y de nuestro proyecto de vida?Claro, eso es as�. Adem�s, lo ha descrito muy bien. Uno de ellos est� ilusionado con el proyecto de vida y todo se echa a perder... As� conozco a mucha gente. Es tremendo. Hay muchas causas que conducen a ese estado clamoroso. Gracias a Dios, hay posibles soluciones, pero repito, son situaciones dur�simas.Usted advierte de que la dependencia emocional puede convertirse en una cadena. �C�mo sabemos cu�ndo un v�nculo nos sostiene y cu�ndo nos est� quitando libertad?Pienso que esa persona se da cuenta, pero no acaba de aceptarlo. Ejemplo: una se�ora separada que conoci� a un se�or del que se enamora, pero resulta que es alcoh�lico y al principio hay una convivencia m�s o menos llevadera, pero con el tiempo ese alcoh�lico es insoportable y mancha la casa de alcohol y de v�mitos... Esa mujer no tiene la fuerza de decir que noooo para poder disfrutar de la paz... y he citado a Hermann Hesse, que dice en su poes�a 'Escalones': "��nimo, coraz�n, desp�dete para sanar!". Son representaciones mentales que se han incrustado en la cabeza por diferentes motivos, que al principio son como hilillos finos, pero que poco a poco se pueden ir convirtiendo en cadenas pesadas si nos falta la fuerza de voluntad para romperlos con decisi�n... Y as� esa se�ora sigue cargando con ese alcoh�lico, falt�ndole la fuerza para romper... para despedirse y sanar...�Qu� diferencia hay entre necesitar emocionalmente a alguien y querer verdaderamente a alguien?Es una diferencia enorme y hoy en la sociedad hay demasiadas relaciones que se han establecido, porque el uno necesita del otro, pero no conviven por amor, sino m�s bien por conveniencia.�Se puede recuperar la alegr�a despu�s de una ruptura sin necesidad de 'pasar p�gina' r�pidamente, sino aprendiendo a convivir con el dolor y entendiendo lo que nos ha ocurrido?�Claro que s�! Y aprender de nuestros defectos y faltas es muy loable.�Qu� papel desempe�an las redes sociales y las notificaciones en esa p�rdida de alegr�a profunda?Esta pregunta es central y requiere profundizar el tema. En la gente joven, entre 13 y 16 a�os, un problema que est� tomando cada vez m�s forma consiste en que cada vez es m�s patente: es la soledad digital... En el a�o 2030, la mayor�a de las enfermedades ps�quicas y psicol�gicas de la gente joven provendr� de las consecuencias de esa soledad digital. Hemos de tener en cuenta que las relaciones digitales son junk food, comida basura... comparadas con un verdadero abrazo o ver los ojos, el tono de voz, etc., estando cara a cara.Hay una frase muy potente del libro: "La atenci�n es vida". Si esto es as�, lo llevamos claro... �Qu� hacemos para volver a centrar la atenci�n en lo que importa?La falta de atenci�n la vemos constantemente por la calle; incluso una mam� con su ni�ita o ni�ito que le est� suplicando atenci�n y la mam� sigue con su m�vil. Cu�ntas veces lo he visto... o el famoso phubbing: hacer un desaire a una chica o la chica al chico.... �Qu� hacer? Pues hay varias formas de conseguir nuevamente estar atento. Para empezar, aprender a estar en silencio... Adem�s, dejar de enga�arnos constantemente a nosotros mismos. Con tal motivo era y es tan importante el "Gnothi seauton", es decir, "Con�cete a ti mismo", de los griegos de la Grecia cl�sica, que ve�an escrito en el t�mpano del templo de Apolo en Delfos... Para poder entrar en Delfos ten�an que examinarse a s� mismos.�No cree que estamos llegando a un punto en el que somos f�sicamente presentes pero emocionalmente ausentes?�Claro que s�, es la contestaci�n de la pregunta anterior...! �Cu�ntas veces la gente por la calle Almagro ha chocado conmigo por estar viendo su m�vil sin verme a m�! A veces, tengo la sensaci�n de que un mont�n de gente se pone en trance con el m�vil; en cambio, no sabe apreciar la belleza de una sonrisa, que es el espejo del alma.�Qu� papel tiene aceptar la realidad -aunque no sea la que dese�bamos en la recuperaci�n de la alegr�a?Hemos de darnos cuenta de que �nicamente en un mundo real podemos ser felices y, por lo tanto, estar alegres. �Vivir en Matrix no nos har� felices!Y, para acabar, �cu�l ser�a el primer paso que nos recomendar�a para recuperar la alegr�a (aunque sea por momentos)?Neurobiol�gicamente, a lo se�alado anteriormente, yo a�adir�a: dormir bien, evitar el estr�s cr�nico y desarrollar el potencial tan maravilloso del que disponemos. �ticamente, sociol�gicamente, filos�ficamente, teol�gicamente e incluso psicol�gicamente, llevar una vida coherente. Vivir en armon�a con nosotros mismos.