Son las 13.05 horas y el pelotón empieza a rodar desde Dos Hermanas a Sevilla. “Se va a dar la salida neutralizada. Ojo que es una zona peatonal y que hay objetos de goma en la calzada”, advierten desde Radio Vuelta, la emisora de la carrera que se escucha en todos los coches de los equipos. “¡Pues vamos allá!”, exclama Steven De Neef, exciclista profesional y ahora director del Lotto-Intermarché. Porque esta es una etapa llana y que se resolverá al sprint, una en la que Matthew Brennan volverá a consagrarse como el más rápido del pelotón —ya cinco victorias en la edición, en su primera gran vuelta, todo un alarde de potencia y explosión—, una, sin embargo, que tiene su relato desde el coche del Lotto colocado en el segundo convoy a cola del pelotón.Es un día tranquilo, “el más fácil de la Vuelta”, dice De Neef, al tiempo que Andrea Di Marco asiente desde el asiento trasero, mecánico del equipo. No hay colinas ni repechos, nada quebrado, y no hay estrés dentro del coche, al punto de que comen sobre la marcha, un buen bocata Andrea y apenas un yogurt Steven, que está de dieta. “Los nervios para los últimos 20 kilómetros”, advierte el belga; “quizá 15 ó 10. Es solo eso”. Más que nada porque las órdenes de equipo son las de pasar desapercibidos durante la jornada hasta los metros finales, cuando deberán tratar de hacer de lanzaderas para De Schuyteneer. ¿Y Braet, que fue tercero en la etapa anterior? “No, él es muy bueno si hay un poco de pendiente hacia arriba, como ocurrió en La Rábida. Pero así, en llano, es mejor Steffen De Schuyteneer, aunque es su primera grande y veremos”, explica a la vez que asegura que el objetivo pasa por entrar en el top-10. “Y si es top-5 estaremos más que felices”. Con el semáforo en verde, Sinuhé Fernández (Burgos) —empecinado en ganar la combatividad de la Vuelta— y Enzo Paleni (FDJ) ponen el turbo, una fuga que se sabe que no llegará a ningún lado. “Entiendo que quieran exhibir al patrocinador, pero para nosotros sería absurdo. No tenemos esa ambición de ir a por la fuga en una etapa así porque sabemos que Visma y Cofidis, en un día así, tan llano, no nos van a dejar la opción. No hay que desgastarse”, resuelve De Neef con practicidad. Y augura: “No creo que el pelotón les deje más de cinco o seis minutos de ventaja. Y eso porque solo son dos, si fueran más, los tendrían atados en corto”. Da en la diana el director deportivo del Lotto, pues los fugados bordan los cinco minutos y, a medida que se reducen los kilómetros para la meta, también mengua su ventaja. Es la crónica de una muerte anunciada que se fragua a falta de tres kilómetros. Quedaba el sprint, la hora de la verdad. Pero entremedias pasa un poco de todo por el vehículo del Lotto, repleto de cables y pantallas. Hay dos radios (una para el staff y otra para los corredores), además de un móvil en el que se ve la carrera y una pantalla con Veloviewer, que es una aplicación que utiliza la organización y los equipos en la que se ve toda la información de la carrera, desde curvas a rotondas, desde el viento hasta la altitud, también los puntos de avituallamiento.Resulta que solo se permite tener a dos coches por equipo tras el pelotón y que se ordenan en fila de a uno, siempre en la posición correspondiente de la general. Es decir, Mas es primero y el coche de Movistar abre la comitiva, seguido por Decathlon (Gall), Bora (Roglic)… Acabado el primer ciclo, comienza el segundo convoy con idéntico orden. A no ser que se den urgencias. “Tenemos que parar para hacer pipí”, advierte Mario Aerts, el director del primer coche del Lotto. Entonces De Neef aprieta el acelerador, pita sin parar para que le dejen paso y, ya despertado de su siestecita Di Marco, de Neef no se queda tranquilo hasta que está en su sitio. No le faltan argumentos porque entonces Radio Vuelta avisa: “Lotto for feeding from de bunch”. O, lo que es lo mismo, un corredor del equipo ha levantado la mano y solicita avituallarse. “Botellines de agua, otras dos de mix y hielos”, pide Craps, que repartirá después los productos al resto de compañeros. Solucionada la premura, Mario vuelve al redil y De Neef deja pasar a los coches hasta volver a su sitio.No será la única vez que suceda en la carrera porque De Schuyteneer, a falta de 30 kilómetros, pincha rueda. “No pasa nada, no es un momento importante”, esgrime De Neef, que ya las ha visto de todos los colores. Se para el primer coche y De Neef vuelve a hacer un rally serpenteando coches, motos —las hay de la Guardia Civil, de la organización (que se dedican a recoger todas las cintas separatorias que hay por la carretera) y de los medios de comunicación— y hasta ciclistas. “¿Qué necesitas mr. Widar?”, pregunta el director del equipo, con una sonrisa perenne, amable y profesional como pocos. “¡Waaaaater!”, responde el pequeño ciclista, estirando la a para evidenciar el sofoco por el calor. “Pues hoy no hace tanto como otros días”, resuelve De Neef, que pronto vuelve a la parsimonia del coche, pues del tirón se puede hablar de Messi, el Anderlecht, de la situación precaria del Kern Pharma, de música y hasta de política, recordando la Vuelta del curso anterior y los incidentes que sacudieron a la carrera por las protestas propalestinas. Aunque, de repente, tras mirar Veloviewer, De Neef coge el micro: “Chicos, atentos, que en los próximos tramos habrá viento lateral, cuidado con los abanicos”. Y, de nuevo, viejo zorro, atina, pues el pelotón se parte en dos. Poca cosa porque pronto se agrupa, pero estaban advertidos.Pasa el tiempo y los kilómetros para alcanzar los últimos 20, donde ya empieza a masticarse la tensión. Miradas a Veloviewer, datos, números, repaso del recorrido por si se olvida algo o hay que avisar, nervios para que los chicos traten de colocarse en las posiciones de lanzadera. Por Radio Vuelta, casi a cada minuto, van explicando los bocados del pelotón al fugado —Sinuhé se descolgó un poco antes—, mordiscos a las aspiraciones de Paleni. “Es el momento de ponerse delante, pero no es fácil porque si dan gas y gas, hay equipos que tienen muy buenos motores”, razona De Neef, que admite: “Es fuerte este Paleni, ¿no? Pero no llegará”. Y no llega. Quedan las últimas pedaladas, nervios máximos. “Aquí ya no se les puede decir nada. Están muy ocupados, ya saben lo que tienen que hacer y es mejor no molestar”, desliza. Y el equipo del Lotto hace lo pactado, pues se cuelan por la izquierda y lanzan a De Schuyteneer. Pero tanto le da a Brennan, que vuelve a apretar el botón del hiperespacio para llegar el primero, su quinto triunfo en la Vuelta. “Es lo normal, es el más rápido. Y con Van Aert ayudándole… es muy complicado ganarles”, añade. Por detrás, en quinta posición, llega De Schuyteneer. “¡Buen trabajo, chicos!”, felicita Mario por la radio. “Estamos felices”, se suma De Neef. La jornada ha salido según lo esperado. Para Visma, que suma su séptimo laurel en la carrera; y para Lotto, que ha cumplido con el objetivo.