En el desierto más árido del mundo, el de Atacama, en el norte de Chile, este 2026 se podrán observar las floraciones más abundantes que se hayan visto en las últimas tres décadas, tras acumulaciones de agua que no se veían desde los años noventa. Desde septiembre hasta noviembre próximo, flores nativas como la añañuca, la garra de león y la flor del jote vestirán las laderas del Norte Chico, especialmente en el desierto. Según la Corporación Nacional Forestal (CONAF), la tercera semana de octubre se podrán ver prácticamente todas las especies que proliferarán en este evento, que es un patrimonio natural. “Se dice que brotan unas 200 especies, pero son bastantes más: algunas tienen poblaciones muy pequeñas y por eso creen que no aparecen. Ahora estoy rodeada de Leucocoryne. Desde el peaje Totoral, al norte, hasta Copiapó y hasta Bahía Inglesa, están las laderas llenas de nolanas, grandes flores blancas. Se ven manchones como si estuviera nevado”, describe María Teresa Eyzaguirre, historiadora, botánica y presidenta de la Fundación Philippi, creada en honor a su tatarabuelo.Su antepasado, Rodulfo Philippi, naturalista germano-chileno, tras su expedición al norte de Chile entre 1853 y 1854, describió el desierto florido: “Cualquiera que recorra estos campos en un año seco no creería jamás que bajo esa capa de polvo y piedras descansan los gérmenes de una vegetación tan rica y variada, que solo espera una gota de agua para despertarse a la vida”.El ingrediente que hace posible este milagro botánico es, como mínimo, 10 milímetros de lluvia invernal, un recurso que escasea sobre el paisaje más seco del mundo. Así lo explica Raúl Cordero, climatólogo de la Universidad de Santiago: “En gran parte del desierto de Atacama no cae ni un milímetro de agua por año. Si caen menos de 10 milímetros no alcanza para la floración, por eso el evento no ocurre todos los años”.Según Cordero, estas abundantes precipitaciones se dan cuando hay fenómeno de El Niño y, en particular, en años de Súper El Niño, una fase extremadamente intensa de este ciclo climático. No es coincidencia que el último afloramiento extraordinario ocurriera en 1997, que fue otro año de intensas lluvias gracias a este fenómeno. Esas condiciones se repiten en 2026: precipitaciones que superaron los 160 milímetros de agua cayeron en la provincia de Huasco y el sur de Atacama —alcanzando un récord de 183,5 mm en Vallenar—. Según proyecciones de CONAF, en superficie el fenómeno cubrirá un equivalente al 23% de la región, convirtiéndose en uno de los eventos más extensos de las últimas décadas.Este paisaje, que parece dormido desde enero hasta agosto, esconde millones de semillas y bulbos que aguardan estas circunstancias meteorológicas para poder germinar. “El desierto de Atacama siempre se ha visto, incluso desde las crónicas cuando llegaron los españoles, como si fuese algo baldío. Incluso, su superficie se ha considerado análoga a la superficie de Marte y se hacen experimentos de la NASA. Pero no vemos la biota microscópica que permanece en dormancia durante años y reacciona a estos pulsos de humedad”, cuenta Eugenia Gayo, bióloga, académica del Departamento de Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, y subdirectora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2).Los turistas no son los únicos que se desplazan kilómetros para visitar el desierto florido. La fauna local se aleja de los oasis costeros y de las quebradas para aprovechar el florecimiento. “Los guanacos son unos animales espectaculares, pueden viajar grandes distancias y moverse a estos lugares donde el desierto florece. Suelen habitar normalmente donde hay más agua, pero pueden atravesar básicamente del nivel del mar hasta la cordillera sin ningún problema”, agrega Gayo. Según la bióloga, lo mismo ocurre con los polinizadores: mariposas, polillas, colibríes y abejas llegan hasta estos parajes pintados de flores, facilitando la producción de nuevas semillas y frutos.El Servicio Nacional de Turismo de Atacama (SERNATUR) es optimista sobre la cantidad de visitantes que el fenómeno atraerá a la región. Tras el levantamiento de la alerta meteorológica por los intensos sistemas frontales de julio y agosto, que provocaron cortes de energía, conectividad y damnificados en la zona, Alejandro Martin, director regional de Turismo de la Región de Atacama, asegura que están preparados para recibir a los visitantes: “Con mucha responsabilidad, podemos decir que en términos de servicios turísticos hay una operación que está al 100%. Tanto de tour operadores y guías como de capacidad hotelera. El tema de los caminos es tremendamente importante, para ello el MOP ha estado trabajando durante todas estas semanas. Me atrevería a decir que el 70% de las rutas está transitable. La invitación es a revisar las redes sociales del MOP Atacama, donde se están publicando gráficas con los caminos en buenas condiciones”, declara.En esa línea, CONAF informa que los tres parques nacionales principales para el avistamiento de flores —Parque Nacional Desierto Florido, Parque Nacional Llanos de Challe y Parque Nacional Pan de Azúcar— se encuentran operativos nuevamente, superando el cierre preventivo por las lluvias. Distintos grupos de guardaparques y voluntarios se desplegarán por la zona para fiscalizar el cuidado de la flora y la fauna. “Quienes cometan alguna infracción serán denunciados a los juzgados de policía local. Lo principal acá es no salirse de los caminos que están establecidos y no andar de manera pedestre por los campos de flores. Además, no dejar basura, nuestro mensaje es ‘Si la puedes traer, llévatela’. Por último, evitar traer mascotas al desierto florido y sobre todo no dejarlas sueltas porque siempre andan roedores, insectos y mamíferos más grandes como guanacos y zorros”, recomienda el jefe de Áreas Protegidas de CONAF Atacama, Jorge Carabantes.El principal error que cometen los visitantes es pisar las flores y plantas: “Cuando se transita por esos lugares a pie o en vehículo, se comprime el suelo y se aplastan las plantas que no alcanzan a florecer, a producir fruto y, por lo tanto, dejar su semilla. Debajo del suelo hay muchas cosas, no solo bulbos: hay huevos de lagartos y de insectos; toda una vida latente, en un ecosistema muy frágil, que está esperando una oportunidad”, concluye la botánica María Teresa Eyzaguirre.
Desierto florido 2026: Atacama se prepara para una de las floraciones más abundantes en 30 años
Tras acumulaciones de agua que no se veían desde los años noventa, más de 200 especies nativas teñirán el paisaje del Norte Chico







