9 de septiembre, 2026 - 07h30Ecuador y Panamá acaban de dar un paso que encierra un significado profundo: Ecuador se incorpora al régimen de Países Amigos de Panamá, mientras firmaron los términos de referencia para negociar un Acuerdo de Alcance Parcial de Complementación Económica. Más que diplomacia rutinaria, es el reconocimiento de una afinidad que las dos naciones han cultivado desde hace más de un siglo.Ecuador y Panamá comparten mucho más que un golfo cálido y una latitud tropical. Ambos son economías organizadas alrededor de sus puertos: Guayaquil y Manta de un lado, Colón y Balboa del otro, custodios de rutas que mueven buena parte del comercio del hemisferio. Comparten también un clima húmedo y luminoso que ha moldeado costumbres, ritmos de vida y una idiosincrasia costeña –abierta, comercial, mestiza– que un panameño y un guayaquileño reconocen de inmediato el uno en el otro.Pero la relación no nació ayer. A inicios del siglo XX, mientras Ecuador levantaba su ferrocarril bajo el impulso del presidente Eloy Alfaro, miles de trabajadores de la costa manabita usaban el sombrero de paja toquilla para protegerse del sol. Ese mismo sombrero, tejido en Montecristi y Jipijapa, viajó después hacia el istmo con los obreros que construyeron el Canal de Panamá, y terminó bautizado –erróneamente– como “Panama hat”. El propio Alfaro, antes de gobernar Ecuador, vivió años de exilio y conspiración en Centroamérica, donde maduró buena parte del liberalismo que después llevaría al poder. Esa cercanía biográfica entre un caudillo ecuatoriano y el istmo no es anécdota menor: es el origen simbólico de un vínculo que hoy se formaliza en tratados. Ese pasado compartido cobra hoy urgencia práctica. Panamá no es un país cualquiera: es un centro financiero, comercial y legal de alcance regional, con un sistema bancario internacionalizado, una oferta jurídica sofisticada y una posición geográfica que lo convierte en bisagra entre dos océanos. Para Ecuador, esa posición no es un dato abstracto de geografía: es la vía obligada de buena parte de sus exportaciones. Según cifras oficiales, Ecuador es uno de los principales usuarios latinoamericanos del Canal de Panamá –a veces el primero–, y el grueso de la fruta, los mariscos y los productos industriales que salen hacia mercados asiáticos y hacia la costa este de Estados Unidos cruza sus esclusas.Ecuador necesita a Panamá como puerta comercial y financiera al mundo; Panamá necesita a Ecuador como uno de sus clientes más constantes en tráfico y volumen, un socio cuya carga sostiene buena parte del tránsito regional del canal. Formalizar ese vínculo –con régimen migratorio favorable, cooperación contra el crimen organizado y una futura zona de complementación económica– no es solo diplomacia oportuna ni un gesto protocolario entre dos Gobiernos afines. Es poner por escrito, en pleno siglo XXI, una hermandad que el sombrero de paja toquilla, el ferrocarril y el exilio de Eloy Alfaro ya habían escrito hace más de 100 años.Desde esta columna felicitamos al presidente Daniel Noboa por su visión de proyectar al Ecuador, estrechando lazos comerciales con importantes mercados globales, como China, Singapur y ahora Panamá, entre otros. La historia lo recordará. (O)