0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl Nobu es un restaurante chic al que acostumbra a ir la flor y nata de Marbella. Ni siquiera hace falta entrar para darse cuenta. “Es algo que se percibe”, dice Antonio Mercero que, finalmente, da el paso de cruzar la puerta junto a sus otros dos compañeros con los que forma Carmen Mola, Agustín Martínez y Jorge Díaz, y un grupo de periodistas. No hay mejor forma de celebrar que su nueva novela, Los huérfanos (Planeta) llega a las librerías que degustando algunos de los platos con los que se deleitan los protagonistas en este mismo restaurante. Si existieran en la vida real, no sería extraño toparse aquí con los Pastor, pues este parece un buen lugar para cerrar tratos. El servicio conocería, seguro, el poder que tiene el patriarca, Alberto, en la zona, sin saber que sus negocios son en realidad de lo más turbios. Ajenos a ello, el chef les mostraría en directo, como hace ahora con los escritores, cómo prepara un plato del menú. Y su mujer, Marimar, y sus hijos, Laura, Sergio, Natalia y Dani aplaudirían dicha elaboración.Todos los protagonistas de nuestra nueva novela son malos”Carmen Mola“Todos ellos son personajes con muchos matices”, advierte Agustín a La Vanguardia, mientras reconoce que resulta inevitable no situar en Marbella una trama sobre crimen organizado internacional. “Como autores, es una golosina muy novelesca que desde una ciudad del sur de España se decidan las rutas de tráfico de droga, armas e, incluso, personas. Policías de todo el mundo tienen los ojos puestos aquí: la Interpol, el FBI...”Pero la novela no empieza con ellos, sino con Trevor, Liam y Chris, a los que el lector conocerá como Los Huérfanos, una banda con gran poder en Marbella. Los tres salen de un orfanato de Belfast, en Irlanda del Norte. Un lugar infernal, especialmente para Trevor, que sufrió abusos por parte del padre Boyle. El trío escapa y sobrevive gracias a hurtos y violencia, hasta que uno de ellos, Liam, termina en prisión. Allí el joven descubre cómo funcionan las grandes organizaciones criminales españolas y decide que no quiere volver a la pequeña delincuencia, por lo que Marbella se convierte en su destino.El grupo de escritores que forman Carmen Mola (Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín), en Marbella Javier Ocaña“No pensábamos en ningún personaje real mientras escribíamos sobre ellos. Solo hay una protagonista que comparte ciertos rasgos con alguien que sí existió, la hermana Mey”, señala Mercero haciendo referencia a Ping, una líder de la mafia neoyorquina. “Ambas son maquiavélicas, pero son la clara prueba de que no hace falta ser corpulento ni un hombre para mandar, y hacerlo, además, con crueldad. Como se puede ver, nos hemos cansado de los buenos. Esta vez se podría decir que los protagonistas son los malos y la reflexión a la que llegamos tras escribirla es que cualquier ciudadano corriente podría torcerse y pasar al otro lado”.Eso sí, puntualiza Díaz: “Esta, más allá de ser una novela sobre el mal, es un thriller que ahonda en las dinámicas familiares y en la toxicidad que muchas veces tienen estas, pese a que nos cueste admitirlo. A un amigo no toleraríamos depende qué cosas, y a nuestros padres y hermanos sí”. El grupo de escritores que forman Carmen Mola (Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín), en MarbellaJavier OcañaLas dos tramas familiares, la de los Pastor y la de los huérfanos, se encuentran cuando a Laura, hija de Pastor y una reputada fiscal –y casi con total seguridad la mayor protagonista de toda la novela– le toca llevar un caso contra Trevor, acusado de asesinato. La colegiada termina regresando a Marbella también para ayudar en los tribunales a su madre, a quien también culpan de matar un hombre. “Se había alejado de su entorno porque se asfixiaba. Laura sentía que no se estaban haciendo en casa las cosas como tocaban. Pero siempre se vuelve”.Lara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.