Verla sentada ya impresiona. Cuando se pone de pie, solo queda mirar al cielo. Zhang Ziyu tiene 19 años y mide 2,23m. Es la jugadora profesional de baloncesto más alta de la historia y la gran atracción en el Mundial de Berlín que disputa con la selección china, pero, como ella misma recuerda, no deja de ser casi una niña. “Todo el mundo piensa que soy muy dura porque soy muy alta, pero sigo siendo una chica joven, a veces bastante infantil”, cuenta Zhang en un documental de la FIBA. Se nota en su rostro todavía aniñado, en las bromas con sus compañeras y en las risas cuando pasa corriendo por la zona mixta. Y en esa afición por tejer manualidades con ganchillo que regala a sus amigos, como un elefante de peluche que tardó dos semanas en coser con lana. Cuando revive cómo se ha convertido en una estrella, dice que echa de menos su cama de la infancia llena de ositos de trapo.Los centímetros vienen de fábrica. Su padre, Yuquan, fue profesional con 2,13m. Su madre, Yu Ying, internacional con 1,98m. Ziyu, caracteres que significan “niña del universo”, ya medía 1,60m con siete años y arrasaba por su tamaño en las categorías inferiores. El curso pasado debutó en la primera división china con su equipo, Shandong, ha firmado ya un mate con la selección, aunque apenas salta, y ahora emerge en el Mundial sin que la WNBA pierda detalle de su progresión. En Berlín promedia ocho puntos y cinco rebotes en 12 minutos de media por partido y este miércoles (17.45, Tdp y Movistar) busca frente a Puerto Rico los cuartos, ronda en la que España espera rival (Australia o Italia, que juegan entre sí; 20.45).Esa enorme carrocería tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes, como apunta el entrenador español César Rupérez, que fue asistente de la selección absoluta china entre 2022 y 2025 (antes de la española entre 2014 y 2019) y trabajó con Zhang en la pasada Copa Asia. “La gente ve a una jugadora de 2,23m pero olvida que es una niña. Se ve conviviendo con ella, en los viajes, en las bromas. Como jugadora, lo obvio es su capacidad para jugar a una altura única en el baloncesto femenino. Al hablar con ella, notas que tiene la cabeza bien amueblada. Es consciente de lo que representa, lo que tiene por delante, su potencial y sus dificultades. Sabe que debe afrontar retos difíciles por el tipo de defensas que sufre, de empujarla todo el rato para sacarla de la zona, el contacto continuo, el peligro de que sus codos están a la altura de la cara del rival... Mentalmente eso es muy duro, no hay respiro. Ella no quiere ser un saco de golpes, quiere jugar sin miedo, ser agresiva”, explica Rupérez.Un preparador físico personal acompaña todo el año a Zhang, en su club y en la selección. El equipo nacional ha diseñado un plan específico que incluye un nutricionista y entrenamientos individuales. La muralla china no aguanta una práctica habitual como el resto, sino que se ejercita a media pista y, antes de los partidos, separada de sus compañeras. “Físicamente ha de hacer un esfuerzo brutal por cuidar su salud, no lesionarse. Por su falta de movilidad, eso no es fácil”, añade Rupérez. En el hotel necesita una extensión de cama y compite con rodilleras.El otro gran desafío le espera fuera: convivir con su fama y las comparaciones con Yao Ming, el gran pívot chino que triunfó en la NBA. En los aeropuertos necesita seguridad privada para llegar a la puerta de embarque por la expectación que levanta y en la calle todos se giran al verla. “Es muy famosa, un proyecto de convertirse en una referencia del baloncesto mundial”, cuenta el entrenador español.El encuentro entre China y Estados Unidos en el Mundial dejó una imagen icónica, la de Zhang doblándose para hablar con Paige Bueckers, 40 centímetros más baja (1,83m). “Nunca he visto algo así”, dijo Caitlin Clark. El seleccionador chino, Luming Gong, dice que “es una jugadora única en 100 años, tan especial como las plumas de un ave fénix o un unicornio”. Zhang Ziyu solo se considera una chica que ama el baloncesto.