De armar estrategias presidenciales a terminar en el banquillo, esposado, con chaleco antibalas y en una cárcel boliviana a 4.000 metros de altura. El derrumbe del otrora poderoso asesor político argentino Fernando Cerimedo parece no tener fin, y este martes sumó otro capítulo con tintes cinematográficos: la Justicia boliviana lo trasladó de madrugada al temible penal de máxima seguridad de Chonchocoro, en las afueras de La Paz. Allí deberá cumplir 180 días de prisión preventiva por una explosiva causa de enriquecimiento ilícito, un expediente que corre en paralelo a la brutal acusación que ya lo mantenía tras las rejas por el intento de asesinato de su ex pareja. El operativo de traslado arrancó en la oscuridad total. Cerca de las tres de la mañana, un fuerte cordón policial lo sacó de la cárcel de Palmasola, en Santa Cruz, para subirlo a un vuelo comercial. Al aterrizar en El Alto, las cámaras lo captaron con la mirada clavada en el piso, vestido de jeans y buzo gris, pero blindado con casco protector. Una caravana de vehículos de la Policía y la Fiscalía lo escoltó hasta su nuevo destino, custodiando cada movimiento del hombre que supo mover los hilos de la comunicación en la campaña libertaria de 2023. Cerimedo, en otra vida Según los detalles de la causa, la telaraña legal que atrapa a Cerimedo es cada vez más densa. El fiscal general del Estado, Roger Mariaca, le imputó los delitos de usurpación de funciones y legitimación de ganancias ilícitas, una investigación que se abrió "de oficio" apenas horas después de que el consultor cayera detenido por el ataque armado del 17 de agosto contra la abogada Nadia Beller, quien lo acusa de haber contratado sicarios para acribillarla en un hotel.