Llegó a la sala antes de que su propio ego entrara por la puerta -una virtud escasa en el universo del mundo corporativo- y lo primero que hizo fue dinamitar la fantasía del “buenismo” empresarial. Xavier Marcet, de marcado acento catalán, no habla como el típico consultor de traje impecable que vende fórmulas mágicas en diapositivas coloridas a los líderes de las empresas globales: lo hace con la urgencia, el filo e insólitamente con la sencillez de un hombre que pasó los últimos 25 años metido en las entrañas de más de 600 empresas globales intentando que la gente trabaje mejor sin volverse imbécil en el intento. Invitado por Fundación OSDE y en un mano a mano vertiginoso y un tanto divertido con el prestigioso periodista José del Rio, el consultor internacional desembarcó en Buenos Aires para dejar una advertencia incómoda al auditorio que escuchaba atento sus palabras en plena era de la Inteligencia Artificial: las máquinas no van a reemplazar a las organizaciones, pero la mediocridad y la falta de autenticidad de sus líderes sí las van a extinguir. Ganar dinero no es una opción: es la premisa Lejos de la retórica romántica y azucarada que suele impregnar las reuniones de directorio sobre responsabilidad social, Marcet ubica el punto de partida en la superficie más cruda del negocio: los números. Para el autor de Esquivar la mediocridad, Management de sentido común, Crecer haciendo crecer, entre tantos otros, una compañía que no genera rentabilidad simplemente carece de destino, y cualquier discusión sobre la cultura interna se vuelve una pérdida de tiempo si las cuentas no cierran. “Una empresa es una comunidad de personas con un propósito y un legado que tiene que ganar dinero para sobrevivir. El management humanista exige ganar dinero, pero no de cualquier manera”, disparó sin titubeos ante la mirada atenta de los ejecutivos presentes. En su diagnóstico, existe un límite peligroso entre el respeto a la comunidad de trabajo y la condescendencia: “Hay una confusión tremenda entre humanismo y buenismo. Si alguien es un aprovechado, es un aprovechado. Si alguien no contribuye, no es solidario y hay que decírselo. El buenismo no exige nada, tolera lo intolerable. El humanismo es muy exigente: es cuidar y es exigir. Ser humanista es ser muy autoexigente para poder crear estas lógicas de exigencia compartida”.
Anti-reuniones, enemigo del ego y furioso con la mediocridad: la clase de management humanista y sentido común de Xavier Marcet en OSDE
De paso por Buenos Aires, el consultor catalán que asesoró a más de 600 empresas globales desarmó los clichés de la cultura empresarial moderna. En un mano a mano con José del Río, cargó contra la burocracia, liquidó a los líderes cuya vanidad “llega 10 minutos antes que ellos” y explicó por qué el verdadero humanismo exige cuidar a las personas sin descuidar la rentabilidad.







