Escasez de lluvia, altas temperaturas, disminución de caudales, pérdida de cosechas y la profundización de la inseguridad alimentaria. El Niño ha provocado distintas afectaciones en el país, pero las autoridades guatemaltecas aún no declaran algún nivel de alerta, mientras la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ya advirtió que el fenómeno se ha consolidado y que se convertirá en un evento de fuerte intensidad en los próximos meses.

Al respecto, expertos indican que el problema de la sequía en Guatemala no ha sido atendido con la urgencia ni con estrategias oportunas ante el impacto que tiene en la agricultura y el incremento de la población en inseguridad alimentaria.

Al exsecretario de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), Alejandro Maldonado, le extraña la ausencia de una declaratoria oficial sobre la instalación del fenómeno de El Niño en Guatemala, contrario a los escenarios de entes científicos de alcance mundial así como de universidades locales.

Pero más que una declaratoria formal, para Maldonado es importante que se ejecute una respuesta pronta para evitar las consecuencias.

Jorge Pernillo, catedrático de la Escuela de Nutrición de la Universidad Panamericana, opina que el país “va tarde” en atender la emergencia y que no se ha dimensionado el nivel de las pérdidas en las cosechas, que se suman al aumento en los precios de los combustibles e insumos agrícolas y a la merma del trabajo estacional, por lo que “la opción es que se declare un estado de calamidad”, para que el Gobierno pueda acceder a fondos de la cooperación para asegurar alimento y salud a la población vulnerable.