El imponente Castillo de Ucero disfruta, en lo alto de un cerro, de una privilegiada situación para dominar con autoridad la histórica villa homónima en la provincia de Soria. Este enclave fortificado destaca no solo por su valor defensivo, sino también por estar situado en un entorno natural de incomparable belleza, justo en la entrada del Parque Natural del Cañón del Río Lobos. La silueta del castillo y su esbelta torre del homenaje se recortan contra el cielo soriano, ofreciendo una de las estampas más espectaculares de la comarca de Tierras del Burgo.

En la actualidad, esta joya de la arquitectura medieval ofrece un acceso completamente libre para todos los visitantes que deseen contemplar de cerca las ruinas y la grandeza de sus viejos muros que aún se conservan y cuya historia hunde sus raíces en la Alta Edad Media, sobre un asentamiento donde se superponen restos desde la Edad del Hierro. Las primeras menciones documentales de Ucero aparecen a mediados del siglo XII, en un privilegio del emperador Alfonso VII de León.

Desde sus inicios, la zona mantuvo una estrecha vinculación con la mística Orden del Temple y el desaparecido convento de San Juan de Otero, cuyo litigio con la Orden de Calatrava está documentado en el año 1170. En 1212, el castillo conoció a su primer señor, don Juan González de Ucero, un noble caballero que participó activamente en la célebre batalla de las Navas de Tolosa, consolidando la importancia militar del territorio en la frontera. Tras la muerte de su primer señor, la fortaleza pasó por herencia a manos de María de Meneses y posteriormente a su hija Violante de Castilla.