En la política argentina, el cambio de postura no es una anomalía; es la regla. Ver a Juan Grabois respaldar públicamente a Javier Milei por su reciente giro respecto a la causa Malvinas —afirmando que prefiere apoyar al Gobierno antes que al "invasor inglés"— resulta llamativo, pero previsible dentro del folclore nacional. Sin embargo, reducir la jugada de la Casa Rosada a un mero acto de oportunismo político para capear turbulencias internas es quedarse corto en el análisis. Muchos colegas analizan este movimiento como una maniobra astuta de un presidente acorralado o un simple "salvavidas nacionalista". Si bien la búsqueda de oxígeno político siempre está presente en cualquier gestión, limitar la lectura a la coyuntura doméstica no alcanza para entender la complejidad del cuadro internacional. La doctrina de Washington y el desgaste británico Para comprender el trasfondo real, hay que mirar más allá de la plaza local. No se trata únicamente de los cambios de opinión de Milei sobre las islas o sobre la figura de Margaret Thatcher. El eje ordenador es la convergencia de los intereses argentinos con la doctrina geopolítica formulada desde Washington por la administración de Donald Trump.
Malvinas, Grabois y el giro de Milei: el tablero geopolítico detrás del oportunismo
El sorpresivo aval de la oposición al Gobierno por la causa del Atlántico Sur oculta una trama geopolítica más profunda. La alineación con la estrategia global de Trump y el desgaste del Reino Unido.












