Cuando el cuerpo te habla
Nos cuesta admitir que nuestro cuerpo, con todos los estadios que atravesó desde reptil hasta mamífero y después a humano, decide a menudo por nosotros y antes que nuestro cerebro. Por eso aún nos calmamos con la misma frecuencia de voz que perros, gatos y caballos. Ellos para relajarse necesitan, como cualquier bebé, no solo percibir la ausencia de peligro con su cuerpo, sino también señales asertivas, como la voz de su madre o, cuando ya son mayores, la de alguien que les quiere. Hoy nuestra cultura nos anima a superar al cuerpo en el gimnasio o la farmacia. Porges nos enseña a escucharlo. Así ayudaremos a los demás a entender el suyo y todos viviremos mejor. Y superaremos el susto, el trauma, la ansiedad, el examen, la tensión o el ridículo si aprendemos a escuchar a nuestro cuerpo cuando nos habla antes que el cerebro.
¿Cuánto queda en nosotros del reptil que fuimos?
Somos fruto de la evolución y con ella se puede explicar por qué no todo está en la mente...
Eso creía Freud y muchos terapeutas.








