A eso de las 10:30 de la noche del 30 de enero de 2012 sonó un disparo en el sector de El Hueco, en el barrio Siloé de Cali. La detonación sacó de su cama a Norma Jimena Cangrejo (48 años, Cali), algo que casi nunca sucedía. “Normalmente nunca me paraba porque era normal, era el pan diario, con la Policía o con las pandillas”, cuenta. Y cómo no sentirlo así, si según cifras de la Gobernación del Valle del Cauca sólo entre 2011 y 2012 la Comuna 20, a la que pertenece Siloé, registró más de 83 asesinatos en medio de disputas de bandas delincuenciales. Pero esa vez sintió algo diferente, “era como si el cuerpo me avisara que algo iba a pasar”. Su presentimiento se volvió realidad porque murió su prima de 12 años. “Sentí que se me fracturó el alma”, dice Cangrejo. En una operación sorpresa de la Policía Metropolitana, un patrullero activó por error su arma y la bala acabó con la vida de Michelle Alexandra Villán. Al principio renegó, se quejó de la vida y de Dios. No entendía por qué, entre tantos criminales, precisamente su niña tenía que pagar las culpas. Pero esa tragedia, lejos de apagarla, le quitó el manto de indiferencia que la cubría desde joven. “Ya no lo pude normalizar más, tenía que salir de la zona de confort, esto no podía seguir así, llevábamos 27 años de guerra”, pensó. Se retiró de su empleo y comenzó su trabajo social. Primero se reunió con sus vecinos y acordaron, entre todos, levantar rejas metálicas en las fronteras invisibles con el fin de detener las muertes. “La comunidad puso de a 1.000, 2.000 pesos. Instalamos un parlante en el sector de Belén pidiéndole plata a la gente”, cuenta. La medida funcionó. También pintaron las casas, arreglaron poco a poco los parques e incluso pintaron un mural para reflejar la belleza de “la Sucursal del Cielo”. Su trabajo tomó tanto impulso que en 2013 creó la Fundación Momentos Mágicos Colombia, para mejorar el bienestar de la población discapacitada en esa zona de Cali. De hecho, ya benefició a más de 60 niños con su Escuela de Valores Eco Tod@S. Pero había una tarea pendiente, la más importante. Luego de un año y tras establecer varias ollas y comedores comunitarios, Jimena decidió enfrentar de raíz la violencia de su comuna al apoyar y concretar el diálogo de los principales grupos enfrentados. Al fin y al cabo, conocía desde niña a sus referentes, Nelson Quintero y Nelson Buenaventura. Les tocó el corazón al recordarles sus hazañas de infancia, como cuando en las tardes se tiraban por la loma en tablas con ruedas y velas de cebo. “Eso era como el Disney World para nosotros”, cuenta. Con paciencia y empatía, poco a poco todo mejoró: desde febrero de 2019 no hay asesinatos en El Hueco. Esa racha no se rompió con un tiroteo en 2023, el primero que la comunidad escuchaba en años. “Ya se nos había olvidado ese ruido”, recuerda la lideresa. Gracias a ello, pudo enfocarse en su labor comunitaria, ampliar el número de comedores y seguir apoyando a su prima e hija adoptiva Erica Marcela –en el espectro autista–, hermana de Michelle, a quien su tía le dejó una tarde con una carta de despedida. Cangrejo tenía apenas 17 años. Con el tiempo llegaron la pandemia y el llamado “estallido social”, que puso a prueba, nuevamente, el temple de Cangrejo. Cali sintió más que otras ciudades el fenómeno, en un contexto económico en que la pobreza monetaria rozaba el 37% y el desempleo juvenil cerca del 20%, según datos de la Cámara de Comercio.En esos días, iniciativas privadas como Compromiso Valle comenzaron a promover espacios de diálogo para construir confianza y oportunidades en poblaciones vulnerables. En una de esas jornadas, Jhon Eyder Viáfara, otro líder social, convocó a Cangrejo para conversar con los empresarios integrantes del proyecto. No salió muy bien, pues ella tenía una imagen negativa de las empresas. “Me contaron que ella dijo que esos oligarcas le habían pegado el Covid”, recuerda Pedro Carvajal, presidente de Organización Carvajal.Sin embargo, 20 días después, cuando jóvenes de la comunidad y el grupo de empresarios recorrían el sector, Carvajal la invitó a unirse a ese esfuerzo colectivo por cambiarle la cara a Siloé, y ella aceptó. “Así la conocí. Es una persona que combina transparencia, firmeza y sinceridad. Valoro mucho su honestidad y su autenticidad”, dice él.Cangrejo ya tenía en mente la idea de hacer de los barrios un destino turístico y los convenció de crear la ruta Isabel Pérez, su gran proyecto que bautizó en homenaje a una de las primeras lideresas sociales de Siloé. Lanzada el 25 de julio de 2022, en el cumpleaños 486 de la capital vallecaucana, la ruta beneficia a 350 familias y da empleo directo a 4 personas y produce por lo menos 10 indirectos más. Además, sus ingresos también financian los arreglos de hogares que lo necesiten, que ya suman más de 30. “Mi casa tenía el techo dañado porque en la parte de atrás un barranco se deslizó y lo rompió. Ella me ayudó con el arreglo completo”, cuenta Mayra Alexandra González Buitrón. Más allá de eso, los beneficios intangibles son enormes.Jimena empezó a hacer ese paseo en 2017 con los niños de su fundación. La ruta, certificada por Fontur como Destino de Paz, recorre ocho barrios y tres urbanizaciones, desde La Nave hasta El Hueco, para un total de 4 kilómetros. Más de 5.000 visitantes, el 80% extranjeros, han escuchado historias que, en palabras de la fundadora, merecen ser contadas. Lo hacen mientras disfrutan de cinco murales y las esculturas de colibríes, guacharacas y zarigüeyas del maestro caleño Wilmer Ramírez Escudero.Cangrejo heredó su carácter de su abuela, Rosalba Marulanda, madre comunitaria durante 25 años y quien siempre mantuvo sus puertas abiertas para más niños porque, como le enseñó, “a la olla hay que echarle un poquito de agua para el que llega”. Ella crió a Jimena mientras su madre luchaba contra una adicción que la mantuvo ausente toda su vida; murió en diciembre de 2021 sin que la hija lograra reconciliar esa relación. Quizás por eso, sostiene, su meta siempre fue “abrir el camino para que la droga dejara de ser el principal instrumento de dinero” en su territorio. “Era un sueño propio que se volvió colectivo”, dice.
Jimena Cangrejo, la lideresa que pacificó el barrio Siloé, en Cali
A raíz de una tragedia personal, esta vallecaucana transformó su dolor en un cambio duradero al liderar un proceso de paz que, tras 27 años de violencia, devolvió la tranquilidad a su sector








