En la misma cuadra donde un tiempo atrás las madrugadas terminaban entre música, botellas y discusiones, ahora hay chicos que tienen un lugar para pasar el rato. El cambio se produjo en Roque Sáenz Peña 1156, en el Bajo de San Isidro, donde durante años funcionó Brandy, un boliche que acumuló reclamos de vecinos. Desde la inauguración de Epicland, hace un mes, el lugar tiene otra identidad: un salón de juegos, recreación y fiestas infantiles. La transformación fue impulsada por inversores privados con acompañamiento de la municipalidad y, para quienes trabajan o viven en la zona, el contraste con el pasado es evidente.Es que el movimiento no quedaba circunscripto al interior del local bailable: los vecinos recuerdan la presencia de grupos en la calle, cuidacoches y personas que permanecían en los alrededores durante la madrugada en estado de ebriedad. Según los testimonios recolectados en una recorrida por el barrio, una de las principales diferencias con el nuevo emprendimiento es justamente el tipo de circulación que genera.El salón de fiestas EpicLand tiene guardería profesional, zona de juegos y talleres“Ahora es muchísimo más tranquilo, no hay ruido”, contó a LA NACION Fernanda González, de 35 años, encargada del restaurante Austria, ubicado a pocos metros del anterior boliche. Los conflictos que se producían durante la noche, relata, también repercutían en los comercios gastronómicos: “Los clientes quizá salían de comer y se cruzaban con jóvenes tomando o gente borracha. Para nosotros era un problema y no podíamos hacer nada”.González recuerda especialmente los enfrentamientos que se producían en la zona. “Era una batalla campal entre los trapitos y la policía. Fue por mucho tiempo así”, resumió.Una empleada de Epicland, que comenzó a trabajar después de la apertura del salón infantil, cuenta que conoce el pasado del lugar por lo que le comentaron sus compañeros, pero que nota la diferencia. “Fue muy bueno el cambio porque ahora la calle y la zona ahora son más tranquilas, ya no hay basura ni borrachos a la madrugada. Ahora hay niños y familias”, explicó a LA NACION.El nuevo salón por dentro