Una tarde de viernes, cuando regresaba del trabajo por la calle Cajolá, en Quetzaltenango, Siomara Alonzo volvió a encontrarse con una perrita que llevaba varios días tirada en una acera.
Ya la había visto antes. Cada vez que pasaba por el lugar le dejaba comida, pero aquella tarde había algo distinto: estaba por llover.
Cuando la perrita se levantó para acercarse, Alonzo descubrió que tenía el lado derecho del lomo completamente sin piel.
Había una clínica veterinaria cerca y decidió pedir ayuda.
“Me dijeron: ‘Mire, aquí solo es clínica veterinaria, no es hospital’. Entonces les dije: ‘Yo me la voy a llevar a la casa; solo medíquela’”, recuerda.








