Entre el ‘periodismo’ afecto a la FEF se produjo una conmoción apenas se supo que la entidad estaba en conversaciones con Marcelo Gallardo para conducir la Selección. Nadie recordó, en aquellos primeros arrebatos de entusiasmo, las últimas campañas del DT ni su rendimiento después de 2022. No hubo análisis ni memoria: hubo alaridos, sobresalto y tumulto en los micrófonos, en las pantallas y en los gabinetes de belleza.Uno de los pregoneros más entusiastas elevó sin escalas a Gallardo a la categoría de “dios del fútbol”. Otro, menos bíblico, lo convirtió en “mago”. Y alguno llegó a decir que esta era la oportunidad para que un maestro de su talla moldeara a la apodada “generación dorada”, esa que nunca ganó nada y que terminó zamarreada en el Mundial 2026.Así comenzó la fiesta. Antes de que Gallardo hubiera dirigido un solo entrenamiento, ya le habían construido el pedestal.PublicidadY ahí aparece la primera pregunta que convendría hacerse antes de encender las bengalas: ¿a cuál Gallardo quiere contratar la FEF? ¿Al que está en una estatua o al que todavía camina por la tierra?Fiel a mi costumbre de desmontar las mentiras de la “generación idiota” revelaré las dos caras de Marcelo Gallardo: la que pertenece al pasado y la que muestra el presente. Hay que retratar al personaje antes de que la propaganda deslumbre a los aficionados, como ocurrió con el Mundial 2026 que íbamos a ganar y en el que terminamos dando lástima.Existen dos Gallardo. Uno se convirtió en leyenda de River Plate entre 2014 y 2022. El otro apareció después, en Arabia Saudita y luego en un segundo ciclo en River, y ya no consiguió repetir la actuación de sus primeros tiempos.PublicidadPublicidadEl primer GallardoMarcelo Gallardo se retiró como futbolista en junio de 2011, a los 35 años, en Nacional de Montevideo, con el que se consagró campeón uruguayo. Apenas retirado, Nacional le ofreció dirigir al equipo. Gallardo aceptó y comenzó allí su carrera como entrenador. En aquella temporada inicial ganó el Torneo Apertura y posteriormente el Campeonato Uruguayo 2011-2012.En 2014 River Plate lo buscó para reemplazar a Ramón Díaz. Su primer ciclo en el club comenzó en junio de ese año y terminó en diciembre de 2022. Gallardo ganó catorce títulos, entre ellos las Copas Libertadores de 2015 y 2018, esta en aquella inolvidable final de Madrid contra Boca Juniors.Pero hasta las leyendas tienen un último capítulo. En 2021 River fue campeón de la Liga Profesional. En 2022, en cambio, finalizó sin títulos. El equipo ya no tenía la contundencia ni la frescura de sus mejores tiempos. La eliminación ante Vélez Sarsfield, en los octavos de final de la Libertadores, fue categórica.Gallardo anunció en octubre de 2022 que no continuaría. Decidió no renovar su vínculo después de ocho años y medio de una relación muy exitosa. Se marchó y, apenas siete meses después, River le levantó una estatua junto al Museo River y cerca del estadio Monumental, al lado de la de Ángel Labruna.El otro GallardoYa fuera de River, y con la fama acumulada durante ocho años y medio, Gallardo esperaba que lo llamaran de Inglaterra, España, Italia o Alemania. El teléfono, sin embargo, no sonó desde esos grandes escenarios. La única llamada vino de Arabia Saudita.Gallardo llegó al Al-Ittihad en noviembre de 2023. Tenía contrato hasta 2025, pero aquella aventura acabó mucho antes de lo previsto. En junio de 2024 su salida quedó confirmada después de una campaña que fue un fracaso con estrellas como Karim Benzema y N’Golo Kanté. Había dinero. Lo que no hubo fue la superación que muchos esperaban del entrenador.PublicidadEl equipo árabe quedó fuera de las principales competiciones internacionales. Gallardo no consiguió imprimirle su sello y fue despedido. Entonces regresó a River. El 5 de agosto de 2024 asumió el mando, después de la salida de Martín Demichelis. El recibimiento fue el de un rey que regresa. La memoria de las catorce coronas seguía intacta.Gallardo recibió el poder para reconstruir el equipo y River abrió la billetera. Durante su segundo ciclo incorporó a 20 futbolistas, con una inversión calculada en $ 90 millones. Llegaron nombres importantes, jugadores de selección y otros futbolistas que parecían capaces de devolverle a River la grandeza perdida. Pero los títulos no llegaron.El 2025 terminó vapuleado, eliminado de las competencias que disputó. Y el derrumbe final fue catastrófico. Después de la derrota ante Palmeiras en la Copa Libertadores, River entró en una pendiente que terminó con diez derrotas en sus últimos trece partidos del año. Aquello no era obra propia del Gallardo de la estatua. Era del hombre de carne y hueso.El comienzo de 2026 tampoco trajo la resurrección esperada. River volvió a perder y Gallardo anunció el 24 de febrero que dejaría el cargo luego del partido ante Banfield. Se marchaba sin haber conseguido un título. Los resultados habían escrito un melodrama. En el fútbol las estatuas son de bronce, hierro o piedra, pero los entrenadores son humanos. La estatua no siente el latigazo de las derrotas. El técnico sí.De aquí nace la pregunta que debería hacerse la FEF: ¿Estará contratando al Gallardo de la estatua o al Gallardo terrenal? ¿Al que entre 2014 y 2022 ganó catorce títulos, entre ellos dos Libertadores, y convirtió a River en uno de los grandes protagonistas del fútbol continental, o al que fracasó en Arabia Saudita y regresó a River para dirigir un segundo ciclo sin coronas, después de una inversión millonaria y un final penosamente pobre?Diego Latorre, magnífico comentarista de ESPN, dijo en una entrevista una verdad irrefutable: “Para decir ‘es un gran entrenador’ hay que contemplar también los fracasos de ese entrenador, no solamente lo que logró. Hay que tener dos miradas, porque podemos caer en el error de elegir la mirada que más nos conviene y no la de la realidad futbolística. Cuando analizas a un entrenador y dices que fue campeón acá, ‘mira qué bien jugó su equipo’, esa es una mirada sesgada, tramposa, puesto que también hay que contemplar lo que no pudo hacer, lo que no pudo lograr con un gran equipo que no supo aprovechar. Por eso digo: para juzgar la capacidad de un entrenador hay que poner todo en una balanza”.Este análisis calza perfectamente en el caso Gallardo. La FEF, tal vez, mira fascinada la estatua del técnico y no sus descalabros en Al-Ittihad y en River Plate. Nadie puede borrar la historia del primer Gallardo. Tampoco nadie debería borrar la historia del segundo.Porque una cosa es contratar a un hombre que alguna vez ganó todo. Y otra, muy distinta, es contratar el presente de ese hombre. La estatua puede seguir levantando la Copa Libertadores. Pero si Gallardo viene, no llegará la estatua. Vendrá el hombre. Y a un costo seguramente millonario la FEF juntará dos fracasos que nadie puede negar: el hoy de Gallardo y el de la Tri. (O)
¿A cuál de los Marcelo Gallardo quiere contratar la FEF? ¿Al de la estatua o al terrenal?
Uno fue leyenda de River, entre 2014 y 2022, con catorce títulos. El otro fracasó en Arabia Saudita y en un segundo ciclo en River.









