Nueva York (EFE).- El estadio Arthur Ashe se tiñó este sábado de azul, rojo y blanco en honor a Alexandra Eala, que convirtió el recinto central del Abierto de Estados Unidos de tenis en una pequeña Filipinas y confirmó, pese a su derrota ante la estadounidense Iva Jovic, el fervor que levanta entre la diáspora de su país.

El partido ofreció una imagen poco habitual en un torneo acostumbrado a grandes estrellas y celebridades, el de un público filipino entregado que llenó las gradas de banderas, camisetas y carteles con el nombre de Eala.

El juez de silla incluso tuvo que pedir al público que se calmara en varias ocasiones, la primera de ellas cuando la filipina estuvo a punto de salvar una bola de ruptura que se llevó la estadounidense, número 14 del mundo e hija de padre serbio y madre croata, que también recibió el apoyo de otra parte del público, especialmente a medida que mejoraba su juego.

«Vamos Eala, ¡vamos!»

«Vamos Eala, ¡vamos!», gritaban unos aficionados mientras formaban un cartel, letra a letra, con el nombre de la tenista asiática, número 18 del mundo a sus 21 años.