La catástrofe de Nepal, donde colapsó un glaciar del Himalaya, ha situado el centro de atención también en los cerca de 140.000 glaciares de montaña que se estima existen en la Tierra, que pierden hielo a pasos agigantados. En la actualidad, son pocos los glaciares que cuentan con un seguimiento exhaustivo sobre el terreno, si bien se ha avanzado mucho con las nuevas tecnologías. En España, los 14 glaciares existentes, todos en los Pirineos y en retroceso, están controlados y suponen poco riesgo. Lo que ahora preocupa especialmente es el permafrost, la tierra y las rocas congeladas, dado el aumento de los desprendimientos que causan accidentes.El control de los científicos se efectúa mediante drones, satélites, sofisticadas tecnologías de láser y radares. En España, estos días el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) comienza su campaña de monitoreo de glaciares, un control que cada año se retrasa debido a que el verano se alarga. El geógrafo Juan Ignacio López Moreno, explica que toda la nieve caída este año ya se ha derretido debido a las altas temperaturas. “Al ver las imágenes de la webcam de Monte Perdido y del Aneto se observa que es un año muy malo para el balance de masas de estos glaciares”. Todo indica que será negativo. “Intentamos visitar cada glaciar en las mismas fechas cada año, aunque sabemos que seguirá fundiendo este mes”.El geógrafo Ignacio López-Moreno, en el helero Infiernos, formación que ha perdido las características propias de un glaciarIPE-CSIC“Debemos entender el comportamiento de zonas inestables pero con impactos montaña abajo”Hasta no hace mucho, el medio para valorar el balance y la evolución del glaciar consistía en colocar estacas, localizadas por GPS, para contabilizar la nieve caída y comprobar cómo se movía el hielo. En 2011 ya comenzó a utilizar un láser de escáner terrestre, con lo que pasó de obtener datos de una docena de puntos a tenerlos de 500.000. “Permiten resoluciones de centímetros para ver la nieve. Para el movimiento utilizamos un radar de interferometría, que detecta las aceleraciones causadas en el glaciar al acumularse agua de deshielo, que se filtra y genera el riesgo de colapsar en alguna parte. Recientemente en los Alpes franceses se ha detectado una anomalía así”, explica López Moreno. Ese método les ha servido para comprobar que una gran parte del glaciar de Monte Perdido ya no se mueve, pero otra si lo hace unos tres metros por año.InfiernosIPE-CSICEste sistema de láser, sin embargo, presentaba problemas: había ángulos muertos y pesaba 50 kilos, así que desde 2019 sustituyeron el equipo por drones. “Con los cinco que tenemos hacemos un mapa digital completo de cada glaciar y lo comparamos cada campaña. Hemos ganado mucha precisión y capacidad de control cada año”, asegura. No solo se hacen fotos sino que también llevan cámaras térmicas para medir la temperatura en superficie y un sensor láser. La información captada sobre el terreno se complementa con los satélites desde el espacio (Sentinel o Cosmo SkyMed.“Aunque hubiera un pequeño colapso glaciar, sería lejano a las actividades humanas. Más problemáticos son los desprendimientos de rocas al degradarse el permafrost, rocas congeladas por encima de 2.500 y 3.000 ms. Con el derretimiento, entre el Aneto y la Madaleta, ya se dan caídas de bloques en verano”, recuerda.Llegada del equipo del proyecto PermaPyrenees a Besiberri con el equipamiento de perforación.Arnau RicartEsta presencia de permafrost pirenaico se ha empezado a estudiar con detalle recientemente, gracias al proyecto europeo PermaPyrenees, vigente hasta finales de 2027 para estudiar su evolución en la cordillera. “Tras una campaña en el glaciar rocoso de Besiberri, en Lleida, un montañero resultó herido. Los glaciares de hielo desaparecerán, pero el permafrost seguirá estando y hay que saber dónde está y cuál es su estado. Llevamos dos años y medio trabajando y vemos que su distribución es más compleja de lo que pensábamos pues no solo depende de la altitud sino de la topografía o el tipo de roca”, señala el coordinador del proyecto, Marc Oliva, de la Universidad de Barcelona. Si ese 'pegamento' se derrite, las montañas se desmoronan... “Para saber si la roca pierde estabilidad hay que saber dónde está ese hielo, a qué temperatura, si es cara norte o sur, si es granítica o calcárea o la altitud”, explica.“Debemos entender el comportamiento de zonas inestables pero con impactos montaña abajo”Para realizar este trabajo, introducen termómetros en perforaciones hasta a 15 metros de profundidad y envían señales eléctricas para mapear lo que hay hasta los 45 metros. Con ello, hacen modelos de fusión por zonas.Descubren así un tipo de permafrost invisible en superficie: los glaciares rocosos, que están cubiertos por piedras y pueden tener en su interior un núcleo de hielo que se mueve lentamente, como en Besiberri. “Estamos encontrado más glaciares activos de este tipo de los que pensábamos. Esta semana fuimos a recabar datos del de Argualas, en Huesca, porque en superficie deja unos arcos que denota que se mueve”, indica López Moreno.Perforación para el estudio del permafrost en el circo de Besiberri Norte, en la Val d'AranRecientemente en el macizo de la Madaleta han instalado otros dos aparatos nuevos: un sismógrafo para recibir señales asociadas a caídas de rocas, y un instrumento que mide la apertura de las grietas. “Se trata de entender el comportamiento en unas zonas inestables de alta montaña que pueden acarrea impactos mucho más abajo”, indica el científico del IPE-CSIC. “Hasta hace pocos años, el estudio de los glaciares era marginal en el Pirineo. No los tenemos grandes, pero frente al deshielo, sobre todo del permafrost, es fundamental su monitoreo. Y si hay un desplazamiento extraño, avisar a los organismos correspondientes”, concluye.Un conocimiento cada vez más exhaustivoLas últimas investigaciones han revelado que el número de glaciares en la Tierra estaría en torno a 270.000, unos 55.000 más de lo que se pensaba antes según el inventario de referencia, el Randolph Glacier Inventory. Unos 140.000 serían de montaña y el resto de zonas polares. Para completar el listado ha sido fundamental contar con los satélites artificiales, que detectaron ‘microglaciares’ que eran invisibles. A ello se añade que la fragmentación de grandes glaciares. Además, los radares térmicos permiten revelar glaciares ocultos bajo gruesas capas de rocas. Pero no todos están controlados de forma exhaustiva. Es sobre todo un registro de imágenes para conocer la cantidad de hielo. Para un monitoreo más completo existe el Servicio Mundial de Vigilancia de los Glaciares (WGMS, por sus siglas en inglés) que recoge datos conseguidos en el terreno de las fluctuaciones, avances, retrocesos y pérdidas de masa a lo largo del tiempo. El WGMS tiene datos específicos de cerca de 3.700 glaciares repartidos en todo el mundo a lo largo del tiempo. De todos ellos, solo de unos 460 actualiza los datos cada año. Tiene, además 60 glaciares de referencia global que son vigilados de forma continua y exhaustiva sobre el terreno y cuenta con más de 30 años ininterrumpidos de observaciones glaciológicas complejas. Su base son observaciones sobre el terreno, pero en 2022, y gracias al proyecto GlaMBIE, que incorpora datos de múltiples satélites artificiales, en 2025 se supo que los glaciares de la Tierra perdieron unos 273.000 millones de toneladas de hielo al año entre entre 2000 y 2023 y, aumentaron en 18 milímetros el nivel oceánico global.