Federico Sturzenegger viajó a Iguazú para participar de la 47.ª Convención Anual del IAEF con una misión muy clara. Más que responder a los planteos del titular de la UIA, Martín Rappallini, por el Día de la Industria, el ministro de Desregulación fue a marcarle la cancha a su compañero de Gabinete e histórico rival, Luis Caputo. Durante su exposición dejó varias señales: casi no habló de finanzas, pero se ocupó de tachar las medidas de reactivación microeconómica que el Palacio de Hacienda empezó a cranear para calmar los reclamos empresarios y el malestar de la calle, dos frentes que amenazan el proyecto reeleccionista de Javier Milei.

Según deslizan los visitantes del quinto piso del Ministerio de Economía, Caputo tiene en carpeta una serie de medidas de alivio que esperan el visto bueno presidencial. Del otro lado, Sturzenegger intensificó su lobby para profundizar el ajuste y retirar al Estado de cualquier intervención. No están en las antípodas ideológicas, pero leen realidades distintas. El jefe de Hacienda piensa en las urnas y busca asegurar que su plan de estabilización no naufrague por un "temporal pasajero" derivado de la propia recesión. En cambio, el "Coloso" —como lo apoda Milei— apuesta a probar teorías de equilibrio de los años 50 que hasta ahora no tuvieron éxito empírico.