Por Marcos Martínez Chacón*
Un proceso de evaluaciones de ciberseguridad llevado a cabo en mayo por el gigante tecnológico OpenAI, dueño del chatbot ChatGPT, no pudo haber salido peor.
Las pruebas iniciaron con una orden hecha a agentes virtuales de inteligencia artificial (IA) para que llevaran a cabo una serie de acciones con el fin de medir sus alcances.
Pero el ejercicio rápidamente se salió de control, de acuerdo con un análisis difundido por OpenAI y por una serie de reportes elaborados por investigadores independientes invitados por la empresa a revisar lo ocurrido.
Los agentes de IA debían resolver problemas de ciberseguridad sin acceder a internet y sin llevar a cabo ataques reales. Ocurrió lo contrario.









