Cada 8 de setiembre, mientras el calendario avanza con normalidad para gran parte del país, una región se detiene para rendir homenaje a una tradición religiosa. La fecha no corresponde a un feriado nacional, sino a un día festivo religioso no laborable establecido para esa jurisdicción. La medida fue dispuesta por el Gobierno Regional como parte de las celebraciones dedicadas a Nuestra Señora de Cocharcas. Así, las calles y actividades de la región adquieren un ritmo distinto marcado por la festividad. Para sus habitantes, la jornada representa una pausa vinculada con la fe y las costumbres locales.La precisión resulta importante porque el descanso no se aplica de manera general en todo el territorio peruano. Se trata de una disposición de alcance regional, ligada específicamente a la conmemoración de Nuestra Señora de Cocharcas. Mientras en otras zonas las actividades continúan con su rutina habitual, en esta región la fecha adquiere un significado especial. La celebración combina tradición religiosa e identidad local, convirtiendo el 8 de setiembre en una jornada esperada por la comunidad. Más que un feriado para todo el país, es una fecha que mantiene viva una tradición arraigada en su propio territorio.Cada 8 de setiembre, Apurímac cambia el ritmo de sus calles para recibir una de sus celebraciones más emblemáticas: la Festividad de Nuestra Señora de Cocharcas. En medio de la devoción, los pobladores se reúnen para rendir homenaje a la llamada “Mamacha Cocharcas”, una figura profundamente arraigada en la identidad regional. El corazón de esta tradición se encuentra en el Santuario de la Virgen de Cocharcas, en el distrito del mismo nombre, provincia de Chincheros. Allí, la fe congrega a familias y visitantes que llegan para participar de una jornada cargada de simbolismo. Cada año, el santuario vuelve a ser escenario de una historia que se niega a desaparecer con el paso del tiempo.La festividad guarda más de cuatro siglos de historia y conserva una particular mezcla de expresiones religiosas y culturales. Las prácticas de la tradición católica conviven con manifestaciones propias del mundo andino, creando una celebración que refleja la diversidad de Apurímac. La devoción hacia la Virgen se transmite de generación en generación y permanece como parte de la memoria colectiva de sus habitantes. Con el paso de los años, la fiesta ha mantenido su esencia y continúa reuniendo a la comunidad alrededor de sus creencias. Así, cada 8 de setiembre, la “Mamacha Cocharcas” vuelve a ocupar el centro de una celebración donde la fe y la cultura caminan juntas.Desde temprano, la devoción comienza a sentirse en cada rincón de la festividad de la “Mamacha Cocharcas”. Las misas y ceremonias religiosas reúnen a los fieles, mientras las peregrinaciones acercan al santuario a devotos que llegan desde distintos puntos del país. Luego, la imagen de la Virgen recorre las calles en una procesión acompañada por cantos, música y muestras de fe. A su alrededor, las danzas tradicionales y los conjuntos andinos llenan el ambiente de color y movimiento. Entre la celebración religiosa también aparecen ferias gastronómicas, artesanales y diversas actividades culturales.La fiesta se convierte así en un punto de encuentro para miles de peregrinos que llegan con la esperanza de renovar su devoción y mantener viva una tradición de generaciones. Desde Apurímac, Ayacucho y Cusco hasta Huancavelica, Junín y Lima, los visitantes emprenden el viaje para participar de esta celebración. Cada delegación llega con sus propias costumbres, sonidos y expresiones culturales, que terminan formando parte de una misma jornada. El santuario recibe entonces a una multitud unida por la fe y la tradición. En Cocharcas, la celebración demuestra que la devoción también puede convertirse en una poderosa expresión de identidad cultural.En Cocharcas, provincia de Chincheros, la historia de la Virgen se entrelaza con la fe católica, las tradiciones andinas y el relato de un hombre que decidió emprender un largo camino en busca de alivio. El origen de esta devoción se remonta a finales del siglo XVI y tiene como fecha emblemática el 12 de septiembre de 1598, cuando, según el inventario turístico del Mincetur, habría sido entronizada la Virgen en este pueblo. Con el tiempo, en ese mismo escenario se levantaría el santuario que hoy recibe a miles de creyentes. La imagen guarda además una estrecha relación con la Virgen de Copacabana, venerada a orillas del lago Titicaca. Sus semejanzas recuerdan el vínculo entre ambas expresiones de devoción.En el centro de esta tradición aparece Sebastián Martín Asto, conocido como Sebastián Quimichu, un poblador de Cocharcas que, según los relatos conservados, padecía una enfermedad que afectaba uno de sus brazos. Ante la imposibilidad de trabajar, emprendió un viaje hasta el santuario de Copacabana con la esperanza de encontrar una respuesta a su padecimiento. La tradición cuenta que, después de pedir la intercesión de la Virgen, recuperó la salud y decidió agradecer el milagro de una manera especial. Prometió entonces llevar una imagen de la Virgen hasta su pueblo natal para compartir aquella devoción con su comunidad. El relato quedó registrado en un manuscrito de 1625, una de las primeras fuentes vinculadas con el origen de esta historia.
¿En qué parte del Perú será día NO laborable este 8 de setiembre y por qué?
Por ser un día festivo, esta región goza con un día no laborable por lo que el gobierno lo declara por medio de una resolución con los fundamentos expuestos






