Opinión‘Cien años de soledad’: segunda temporada y desenlace en Netflix.PERIODISTA CULTURAL Y CRÍTICO DE CINE04.09.2026 22:01 Actualizado: 04.09.2026 22:01 Siete episodios y un gran final, cinco de ellos dirigidos por la consagrada cineasta antioqueña Laura Mora y tres por el capacitado realizador caleño Carlos Moreno. Siete generaciones de una estirpe maldita —descendientes de José Arcadio, el fundador de Macondo— en un impresionante ciclo del empoderamiento, la decadencia y las desapariciones. Mito literario, universal e hispanoamericano, que rompió las fronteras entre lo histórico legendario y lo cotidiano maravilloso.Dos primeros capítulos puestos en escena por Mora (‘El armisticio’ y ‘La reina de Madagascar’), el quinto (‘Fue un 11 de octubre’), el sexto (‘Eran más de tres mil’) y el devastador largometraje último; del discreto realizador Moreno, el tercero (‘Fernanda del Carpio’), el cuarto (‘Había llegado el inocente tren’) y el séptimo (‘Llovió 4 años, 11 meses, 4 días’). De los amores incestuosos del imaginario materno —los Iguarán— a una progenie de rasgos solitarios —los Buendía—: apogeo y decadencia en medio de conflictos civiles y rebeliones, sueños malogrados, locuras desbordadas y defunciones ineluctables.Desde la rendición del revolucionario liberal Aureliano, quien perdió 32 guerras, y unos gemelos idénticos de rumbos distintos, pasando por una fiel concubina desaforada y una soberbia esposa en abstinencia. Tras la llegada explotadora del tren, entre la decrepitud y un final anunciado, con aquella matanza intervenida de las bananeras y los desastres naturales en cadena, un líder obrero que sobrevivió a una matanza de verdad y palpó el delirio. Cada nuevo episodio sobresale por su continuidad escenográfica, luminosidades y líneas actorales; asimismo, notoria una generosa producción de reconstrucciones, decorados apropiados y centenares de extras acertadamente vestidos.Con los puntos de vista omniscientes de una plana voz narradora, que abre y cierra frases contextualizadas de anécdotas prodigiosas en alternancia, nos familiarizamos con sus insólitos personajes corales hasta reconocer el espíritu creativo del genio literario nutrido por “la voracidad del olvido”, el recurrente sentido solitario, la magia de sus premoniciones, los traumas generacionales, la devastación y el abandono sobrellevado.Salta, entonces, el espíritu romántico de su autor, cuando define a sus criaturas: Rebeca, hija adoptiva que come tierra (“la del corazón impaciente y el vientre desaforado”), y, particularmente, Amaranta, quien “no era amargada, sino que tenía el miedo irracional de su propio y atormentado corazón”, o la filosofía de la decrépita matrona al reivindicar a su hija (“el llanto de los niños en el vientre de su madre no es síntoma de ventriloquía, sino de señal inequívoca de la incapacidad para el amor”.Primero fue Úrsula, prima y esposa del fundador, quien vivió más de 100 años y saboreó en carne propia las tenacidades aguantadas por ansias de poder, tragedias familiares que no dieron reposo y desgracias del entorno en… una “casa de locos”. Amaranta, hija única de los fundadores, enamorada del músico Pietro Crespi y de su sobrino José Arcadio, bordadora de su propia mortaja al igual que la Penélope de Ulises —aun viva en un cajón lleno de cartas para los difuntos más queridos—. Mientras que Remedios la bella —hermana desquiciada de los gemelos—, asciende en cuerpo y alma al cielo envuelta en una sábana, Petra Cotes persiste como fiel amante y humilla a la cónyuge rezandera.Si “el primero de la familia está amarrado a un árbol, al último se lo comerán las hormigas al nacer con cola de cerdo” —inquietantes predicciones del gitano alquimista Melquiades, descifrados por el tataranieto Aureliano Babilonia—. Asimismo, la delirante y macabra denuncia del sobreviviente de las bananeras hace que la realidad se conciba imaginariamente, por cuanto “la versión oficial machacada en todos los medios de comunicación fue que no hubo muertos”.Cuando corre por los rieles en sentido contrario al tren, llueve sobre Macondo en una noche oscura y tenebrosa que anuncia su desaparición terrenal. Destacable una de las escenas más bellas o patéticas del reciente cine colombiano: aguacero que cae sobre casquillos de balas y rieles oxidados, después de la orden militar de terminar la huelga o disparar sobre la población civil.En el largometraje del gran final, “símbolo de resistencia a la nostalgia”, Aureliano Babilonia es la figura dominante: tataranieto del fundador de Macondo, nieto ilegítimo de la cruel Fernanda, sobrino-amante de Amaranta Úrsula e hijo del jornalero Mauricio Babilonia cuyo amor predispuesto a la fatalidad vuela con mariposas amarillas. Tres partes, o capítulos interrelacionados: ‘El bastardo’ —llamado así por Del Carpio, odiosa suegra y madrastra—, ‘José Arcadio’ —o dos solitarios de la misma sangre en un perverso enamoramiento—.Esta última puesta en escena de hora y media cambia su naturaleza por cuanto Macondo y la casa Buendía se transforman en escenarios desbaratados y humedecidos del pueblo centenario que ha olvidado “los suspiros del pasado”. Familia otrora poderosa a punto de diluirse, jardines del patio de atrás devorados por las hormigas, corredores poblados de fantasmas nocturnos, santidades arrojadas al vacío y centenarios habitantes varios metros bajo tierra.Algunas escenas, bella y crudamente representadas: calles arruinadas y fantasmales, anónimos transeúntes que no saben quién era Aureliano, laboratorio del mago Melquiades que alberga manuscritos en sánscrito esclarecidos por el segundo Babilonia, yugo tiránico de la que se daba ínfulas de reina, locuras fantasiosas de un aspirante a papa víctima de sus excentricidades y… libros ocultos del ‘sabio catalán’ con guiños a Fuenmayor, Cepeda Samudio y al mismísimo Gabriel García. Frase final, del libro y la película: “Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad, no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.maulaurens@yahoo.es Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. 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Macondo y los Buendía se precipitan al fin
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