La confirmación de la condena de Sergio Urribarri vuelve a poner en escena una trama conocida de la política argentina: corrupción, fondos públicos y vínculos con el poder. La Corte Suprema, por unanimidad, rechazó el recurso extraordinario presentado por la defensa del exgobernador de Entre Ríos por considerarlo inadmisible y confirmó su condena a 8 años de prisión. Urribarri fue una persona muy vinculada con la señora Kirchner y, posteriormente, embajador argentino en Israel, cargo que, creo, lo nombró Alberto Fernández. Cualquier cosa. El mecanismo por el cual terminó condenado, según lo que se investigó, involucró a su cuñado, un señor de apellido Aguilera, y el montaje de un negocio a través de testaferros y de otras cosas para quedarse con fondos de la publicidad de la provincia de Entre Ríos. Así que bueno, a la cárcel. Una muerte que llama la atención Pero hay otro episodio alrededor de esta historia que resulta, por lo menos, extraño. Y yo no quiero hacer una especulación porque no tengo elementos. Simplemente digo que es raro. Ustedes recuerdan que, en la época en que la señora Alejandra Gils Carbó era procuradora general de la Nación, es decir, jefa de los fiscales, hubo una rara compra de un inmueble que fue muy objetada y estuvo sujeta a un debate por sobreprecios y lo típico. La Procuración General de la Nación es una institución importantísima: es la jefatura de los fiscales del país, que hoy ejerce el doctor Eduardo Casal, como suplente de Gils Carbó, porque la política nunca pudo votar a un procurador. En ese contexto, quien actuaba de número dos de Gils Carbó, un joven llamado Guillermo Berlingieri, debía declarar en esta causa por corrupción. Y resulta que apareció muerto en la calle de un cuchillazo.
Urribarri, la corrupción y un muerto que debía declarar
La Justicia confirmó la condena de Urribarri mientras la muerte de Guillermo Berlingieri, en circunstancias llamativas, suma un nuevo interrogante.








