Fotografía por: Maribel Jaimes Salcedo/El Espectador

La mesa estaba servida en el Movistar Arena. Antes del plato fuerte, Melodie se encargó de abrir el apetito con una propuesta que cruza sonidos urbanos y alternativos, además de una sensibilidad electrónica y melancólica. La puertorriqueña, una de las voces emergentes que Álvaro Díaz llevó consigo en el ‘OMAKASE Tour’, consiguió algo fundamental: dejar al público con la energía alta y listo para lo que venía.

A las 9:05 de la noche se apagaron las luces y apareció ‘El Nene’. Lo hizo con los ojos vendados y vestido de chef, como si antes de cocinar para miles necesitara confiar también en quienes estaban frente a él. No tardó en quedar claro que ‘OMAKASE’ no era solamente el nombre de su más reciente álbum, sino la receta con la que decidió construir su espectáculo: un concepto inspirado en la tradición japonesa de dejar la elección en manos del chef.

Las lecciones de Álvaro Díaz

El concierto avanzó como un menú dividido en tres lecciones y el resultado. La primera, Nagatama: Forma Cruda, introdujo al público en el universo de ‘OMAKASE’. Después llegó Ajitsuke: Sazón, donde la carta comenzó a ampliarse y Díaz demostró que su repertorio no cabe fácilmente en una sola categoría.