Javier Milei se acordó de que las Malvinas son argentinas y de que es su deber constitucional sostener el reclamo de soberanía. Solo le llevó 32 meses de su mandato. Igual se celebra. La cadena nacional de este jueves fue una respuesta algo obvia y tardía. No es por el interés real en Malvinas, sino por preocupación sobre la propia supervivencia política. Llega después de semanas de caída en las encuestas. Y aparece un mes y medio después de que el reclamo de soberanía se reinstalara en la agenda por la bandera del Mundial. Esa misma bandera había dejado al oficialismo en offside: el propio Milei pidió no politizar el fútbol y mantener la cuestión por vías diplomáticas, inertes hace décadas. Milei busca sobre todo cambiar de conversación. Desde que terminó el Mundial y empezó a precalentar la campaña para las próximas elecciones, el tema excluyente fue económico. Deuda, morosos, ingresos, la micro que no arranca, la macro que no alcanza. El oficialismo perdió la pelea discursiva en la materia: después de prometer los mejores 18 meses de la historia, sus periodistas militantes terminaron argumentando que está bien que un médico sea mesero o remisero para llegar a fin de mes. El presidente prometió una inflación minorista que empezara con cero en agosto y celebró (mintió) la baja de la mayorista. Buscó copar la conversación sobre las deudas con un largo análisis a favor de Marcos Galperín. No anduvo. Lo de que nadie le puso una pistola en la cabeza a los morosos tampoco. Lilia Lemoine dijo que peor sería que te rompan las piernas. No se entendió si era a favor o en contra.