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Este septiembre, junto con el pasado febrero, son los únicos meses que carecen de días festivos en ese año. Son meses raros, se salen de la normalidad en este país donde cada político intenta y logra consagrar jornadas a las vírgenes de su devoción, a los santos de siglos arcaicos o a ciertas festividades patrias.

Los empresarios y dueños de almacenes o negocios marcan caídas en sus libros de contabilidad y en silencio han de reñir con estos asuetos que representan frenos para sus ganancias. En cambio, los empleados y trabajadores a sueldo sonríen, pues les caen del cielo días de holganza, para dormir hasta tarde, jugar con sus hijos pequeños, ir a cines o simplemente no pensar en actividades obligatorias.