La Corte Suprema inició la vista de los cuadernos de remoción que fueron abiertos a 58 jueces -por ahora serán 53, ya que los otros cinco han logrado aplazar sus respectivos procesos producto de recursos que han presentado ante el Tribunal Constitucional-, los que se encuentran en esta situación producto de que viajaron al exterior pese a estar con licencia médica, sin que hasta aquí hayan logrado entregar una buena justificación. Desde luego, es inédito que tal cantidad de magistrados se encuentren en una situación como esta, y más allá de los problemas de funcionamiento y daño a su imagen que podría implicar para el Poder Judicial si todos o varios de ellos terminan siendo destituidos, en principio cabe valorar la señal que ha buscado dar el máximo tribunal, porque en la medida que dichos procesos sean ejercidos con el máximo de imparcialidad y exista certeza de que no habrá inhibición alguna para hacer efectivas las sanciones si los hechos así lo ameritan, se atenuarán las suspicacias de que no hay igualdad ante la ley o los temores de impunidad.
Llegar hasta esta instancia no fue sencillo, partiendo por el hecho de que el propio gremio de los magistrados ha sido muy crítico de este proceso, argumentando entre otras razones que se está vulnerando el principio de la cosa juzgada, debilitando la certeza jurídica, ya que estos casos fueron conocidos por las respectivas cortes de apelaciones. También ha estado presente una inaudita intervención por parte de la relatora especial de la ONU sobre la independencia de magistrados y abogados, alegando entre otros aspectos que estos jueces “se enfrentan a procesos de remoción por conductas que no constituían una falta disciplinaria según la legislación chilena y respecto de los mismos asuntos que ya habían sido adjudicados”. Incluso dentro del propio pleno había ministros renuentes a abrir dichos cuadernos de remoción.






