Andy sigue hablando en presente de su hermano, el motorista que murió atropellado el pasado lunes por un conductor que se dio a la fuga. “Mi cabeza no acaba de aceptar la situación. Siento un vacío”, dice, con la voz quebrada, al otro lado del teléfono en conversación con La Vanguardia.La víctima, de 38 años, se encontraba parada a primera hora de la mañana en la calle Aribau, en la confluencia con Mallorca, en Barcelona, cuando el conductor de un turismo la embistió y se dio a la fuga. El motorista fue trasladado a un centro hospitalario, donde murió poco después. Minutos más tarde, la policía interceptó al conductor en el cruce de las calles Bruc y Aragó, a apenas un kilómetro y medio del lugar del atropello.Andy insiste en que habla a partir de las informaciones que han trascendido sobre el caso y a la espera de que la investigación esclarezca lo ocurrido. “Si es cierto que el conductor, en lugar de detenerse y ayudarlo, se dio a la fuga y lo dejó tirado en el suelo, no puedo perdonarlo. Eso no es actuar como una persona”. Lo cierto es que al autor de los hechos se le investiga por cuatro delitos: negativa a someterse a las pruebas de alcoholemia, conducción bajo los efectos del alcohol y las drogas, abandono del lugar del siniestro y homicidio imprudente.Lee tambiénEl fallecido, sin hijos, se encontraba felizmente casado y convivía con su compañero de vida en Barcelona. “Eran un equipo. Se apoyaban muchísimo el uno en el otro. Mi cuñado está devastado”. Aquel día, como tantos otros, subió temprano a la moto para ir al gimnasio antes de acudir al trabajo y regresar después a casa con su marido. “Pero ni siquiera llegó al gimnasio”, lamenta su hermano, quien lo define como una persona alegre, dicharachera y siempre dispuesta a ayudar a los demás.Por el momento, no ha trascendido qué decisión ha adoptado el juez respecto al detenido, ni si ha acordado su ingreso en prisión provisional o su puesta en libertad con medidas cautelares. Fuentes del TSJC explican que el juzgado que asumió el caso no puede facilitar por ahora información sobre la situación procesal del detenido. No obstante, está previsto que pueda conocerse este jueves.Los que lo conocían lo definen como una persona alegre, dicharachera y siempre dispuesta a ayudar a los demás.CedidaLa familia asume la espera. “Estamos en un impasse en el que no tenemos información y no sabemos qué va a pasar. Hay algo que para mí es imprescindible: no puede ser que, después de todo lo que ha ocurrido, la justicia termine diciéndole que puede salir a la calle”, expresa con indignación, pero con la voz serena, el hermano de la víctima.La prisión provisional es extraordinaria y requiere que se cumplan una serie de requisitos. En este caso, según explica la abogada penalista Eva Espallargas, se cumplen en principio dos de ellos: existen indicios de que el detenido es el autor de los hechos y la pena a la que podría enfrentarse supera los dos años de prisión.La resolución judicial puede prolongarse hasta tres añosA partir de ese momento, el juez debe valorar si existe riesgo de fuga, de destrucción de pruebas o de que vuelva a delinquir. La abogada asegura que el hecho de que se diera a la fuga tras el atropello “puede ser valorado como un indicio de riesgo”. Tampoco juega a su favor su negativa a someterse a las pruebas de alcoholemia. Si finalmente no la acuerda, puede imponer otras medidas cautelares, como la retirada del pasaporte, la prohibición de salir del país, comparecencias periódicas o una fianza.El caso no se resolverá mediante un juicio rápido. Según explica Espallargas, será necesario practicar distintas diligencias, entre ellas la reconstrucción del accidente y las correspondientes periciales, además de tomar declaración al investigado, a los posibles testigos y a los agentes que intervinieron. Por ello, la fase de instrucción podría prolongarse alrededor de un año y, posteriormente, habría que sumar el tiempo hasta la celebración del juicio. “Podemos irnos a tres años fácilmente”, apunta.Amigos y conocidos de la víctima se acercaron este martes para rendirle homenaje.CedidaAdemás, el paso del tiempo puede ser un atenuante si se producen dilaciones indebidas, es decir, retrasos extraordinarios e injustificados en un procedimiento que no sean atribuibles al investigado.Andy reclama que el conductor no quede en libertad porque lo considera “un peligro”. Le preocupa que, mientras se dilata la resolución judicial, pueda volver a ponerse al volante: “Aunque no tenga carnet, puede volver a coger un coche”. Y añade: “Para mí es muy sencillo: prisión sin fianza, aviso de juicio y que pague por lo que ha hecho”. La tragedia ha obligado a esta familia a enfrentarse a una de las partes más dolorosas de la pérdida: comunicarla. El marido de la víctima tuvo que contarle a una madre que había perdido a un hijo; el hermano pequeño asumió de repente el papel de mayor para trasladar la noticia a dos de sus hermanos; y Andy, explicárselo a su hija, de nueve años, que ya no podrá volver a jugar con su tío.Como advierten tantas campañas de tráfico, esta familia está viviendo en su propia piel cómo una sola llamada puede cambiar y destrozar una vida para siempre. “Nos han robado su presencia. Éramos cuatro hermanos, como una mesa de cuatro patas, y ahora nos falta una. Está coja de por vida y es imposible de reparar”. Periodista especializada en temática social: feminismos, migraciones, salud mental. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Doble licenciada en Periodismo y Publicidad y RR.PP. por la UAB