Ningún presidente debe explicaciones por elegir los foros a los que asiste. Es una prerrogativa legítima, y lo es con mayor razón cuando esa instancia coincide con las convicciones que lo llevaron a ganar una elección. Así lo hizo Gabriel Boric, en 2025, cuando organizó y presidió en Santiago el encuentro Democracia Siempre; así lo hizo Sebastián Piñera, en 2019, cuando encabezó el Foro de Santiago, organizado como contrapeso al Foro de São Paulo.Los presidentes chilenos, de uno y otro signo, llevan años circulando por estos espacios ideológicos sin pedir permiso ni dar explicaciones. Que el presidente José Antonio Kast participeven Santiago del Foro Madrid no debiera, en principio, sorprender a nadie. El problema, sin embargo, no es la libertad de asistir, sino a qué exactamente se asiste y en qué contexto.El Foro Madrid nació en octubre de 2020 por voluntad de 17 dirigentes que advertían sobre “el avance del comunismo”. Dicho espacio fue inspirado en el modelo de Viktor Orbán, que no se conformó con reivindicar en público la idea de una “democracia iliberal”, sino que en 2020 hizo aprobar en Hungría una ley de emergencia sanitaria que le entregó poderes para gobernar por decreto, sin fecha de término y sin control del parlamento.Hoy el Foro lo impulsa la Fundación Disenso, el think tank creado y presidido por Santiago Abascal, el mismo que lidera Vox y que, según el Tribunal de Cuentas español, financia esa fundación con cerca de 2,5 millones de euros anualmente desde 2023: cualquier similitud con el caso fundaciones en Chile -quizás- es pura coincidencia.Es el mismo foro en donde participa Vox, el partido que llevó al Congreso español un proyecto de ley para declarar ilegales a otros partidos políticos, buscando eliminar de la competencia electoral a las fuerzas que le incomodan en lugar de derrotarlas en las urnas. Es el mismo foro que fundó, entre esos diecisiete firmantes de 2020, Eduardo Bolsonaro, hoy prófugo en Estados Unidos después de que la Corte Suprema de Brasil lo condenara por gestionar sanciones de Washington contra los jueces de su propio país para blindar a su padre. Es el mismo foro que cuenta entre sus aliados a André Ventura, el líder portugués de Chega, cuyo partido debatió en su propio congreso de 2020 una moción para extirpar los ovarios a las mujeres que abortan más de una vez.También es el mismo foro en el que participará Javier Milei, que sigue negando los 30 mil detenidos desaparecidos de la dictadura argentina y que llevó la pobreza al 52,9% en su país durante el primer semestre de 2024, el peor escenario desde 2003. Es un modelo que, según recientes encuestas, cada vez menos chilenos quieren replicar: el deseo de un presidente a su estilo cayó de 26% a 11% en apenas seis meses. A Milei lo asesoró Fernando Cerimedo, el operador que aparentemente lo llevó a la presidencia manejando 50 mil cuentas de bots en Twitter y que, según Agustín Romo, exdirector de comunicación digital de Milei y hoy diputado provincial en Argentina, también habría trabajado en las campañas presidenciales de José Antonio Kast.No hace falta demasiada suspicacia para notar el patrón: no es una reunión de conservadores discutiendo impuestos y familia, es una red que reúne, entre sus referentes y fundadores, a quienes han intentado angostar por ley el campo de lo permitido en democracia, gobernar por decreto sin control parlamentario, atacar la independencia judicial de su propio país, legislar sobre el cuerpo de las mujeres como castigo, reescribir el pasado a conveniencia o financiar sus propias estructuras políticas de maneras que ya despiertan dudas judiciales.Aquí es donde la libertad de Kast para asistir empieza a tener un precio. Sobre todo, dado que en las últimas semanas ha debido salir a desmentir, una y otra vez, que su propia Agenda de Seguridad sea “iliberal”. No fue la oposición la que instaló la palabra: fue Luciano Cruz-Coke, presidente de Evópoli, quien advirtió que “no se justifica en democracia dar atribuciones al Ejecutivo sin control del Congreso en 240 días”. Hasta la UDI y Renovación Nacional levantaron sus propios cortafuegos.“No es iliberal, pero es un debate legítimo”, respondió Kast. Es un desmentido que suena distinto cuando, días después, el mismo presidente sube al escenario que Orbán usó para convertir esa palabra en una ley, y no solo en una consigna.Nadie está obligado a elegir sus compañías pensando en la conveniencia política del momento, y sería ingenuo pedirle a un presidente que calcule cada participación según la coyuntura interna. Pero tampoco sobra algo de sentido de la oportunidad para preguntarse si esta era la semana, entre todas las semanas posibles, para que Kast se dejara fotografiar junto a los personajes que ofrecen el vocabulario exacto del que hoy él se intenta deshacer. La libertad de ir a Madrid, o de que Madrid venga a Santiago, es incuestionable. Lo que no es gratuito es lo que esa foto dice, justo cuando el propio Gobierno se esfuerza por convencer a sus aliados -y al país- de que no es lo que sus invitados sí son. Dime con quién andas, dice el refrán, y te diré quién eres. Esta semana, sin que nadie se lo pidiera, el presidente Kast pareciera haber decidido contestar esa pregunta él mismo.
Dime con quién andas
Que el presidente José Antonio Kast participe en Santiago del Foro Madrid no debiera, en principio, sorprender a nadie. El problema, sin embargo, no es la libertad de asistir, sino a qué exactamente se asiste y en qué contexto












