Si aún no han visto Furious (Disney+), el atípico y revolucionario thriller más hard-boiled que policial que protagoniza Emmy Rossum (la portentosa Fiona Gallagher del clásico Shameless, una de las series imprescindibles de principios de este siglo), probablemente no se imaginen hasta qué punto el mundo podría ser distinto si, durante años, se estrenasen únicamente noirs con su exacta estructura. Más bien, su orden de personajes. Su definitivo giro al tópico de la chica muerta —la chica víctima— y el hombre poderoso al que únicamente poder temer. Les daré una pista. El primer fotograma de la serie es un hombre arrastrándose. Pidiendo auxilio. Agoniza. Va a morirse. ¿Y saben qué? Hay una chica menuda con él, y es cruel y da miedo y no tiene una pizca de empatía. El miedo ha cambiado de bando, ¿y cómo lo ha hecho? Hay quien le pregunta a Elizabeth Meriwether, la mujer que hay detrás de Furious, cómo ha pasado de la comedia —es creadora de New Girl y The Dropout— a la oscuridad, y ella responde que solo hay que tomarse en serio el género, en cada caso. El tono, a medio camino entre David Fincher, David Cronenberg y la canción más dolorosamente salvaje de Nina Simone, de la historia de Al (Rossum), la agente (novata) del FBI que trata de dar con una asesina en serie de tipos ricos con un pasado a lo Epstein, es tenebrosamente perfecto. Y el hecho de que la violencia haya contaminado a las víctimas de la manera en que lo ha hecho es un tabú que el personaje —fabuloso— de Quincy Tyler Bernstine parece extraer de una caja fuerte que jamás había sido abierta. “No hay nadie más violento que una víctima de violencia”, dice Bernstine en la piel de la agente Nora Washington. ¿Y por qué, entonces, toda la ficción que insiste, una y otra vez, en encontrar cuerpos de mujeres despedazados —y poner a investigar sus muertes indistintamente por fin a detectives hombres o mujeres— jamás ha contemplado la posibilidad de, no ya la venganza, sino la necesidad de violencia en toda víctima superviviente? Descubrirán, en cuanto se adentren en el universo siniestro, y por momentos, raro de Furious, que Alice Black, Al (Rossum), huele mal por una razón, y tiene citas con las que acaba a puñetazos por la misma razón. Sí, Al ha sido víctima de violencia —no les diré por parte de quién, pero no tardarán en descubrirlo, y conocerle, y sentirse, como ella, contra las cuerdas a diario—, y se ha vuelto una persona violenta, imprevisible, temeraria, autodestructiva, una bomba de relojería, muy parecida a la asesina a la que persigue. Les diré únicamente que la asesina (una insustituible Lola Petticrew en un papel de nombre cambiante) tiene un pasado de abuso horrible, y un aparentemente inacabable acceso al más puro fentanilo —el que tomaría un enfermo de algo muy doloroso— y no tiene miedo, ya no. ¿Por qué? Porque ya no tiene nada que perder. Nunca lo tuvo, en realidad. Y eso la ha vuelto peligrosa. Y da miedo. Muchísimo. Esos hombres que le hacen firmar acuerdos de confidencialidad —porque saben que están haciendo algo que no deberían estar haciendo— echarían a correr si sospecharan lo que va a pasarles cuando la dejan entrar en sus lujosos apartamentos. Pero ¿acaso pueden sospecharlo? ¿Qué dice el mundo de las mujeres? ¿Qué dan a entender el total de las ficciones, y las no ficciones, criminales al respecto? Justo lo contrario de lo que expone Furious. He aquí lo revolucionario. Porque cada secuencia de Furious, pese a la situación de desventaja —todas las mujeres en la serie están sufriendo algún tipo de violencia por parte de los hombres, porque la laboral también cuenta— de cada una de ellas, está pidiendo respeto. Dice, ¿por qué las subestimamos, en todos los sentidos? Pienso en Susan Atkins, una de las asesinas del clan Manson. Echen un vistazo a cualquiera de las fotografías en las que aparece. Da miedo. Me pregunto qué ocurriría si todas esas series que arrancan con el cadáver de una mujer, lo hicieran con un hombre arrastrándose por un pasillo, suplicando clemencia, y no a un hombre, sino a una mujer. ¿No podría el miedo, y a su vez, el respeto, no cambiar de bando, sino equilibrarse un poco? Miren la cara de los hombres que se citan con Alice cuando la puerta se cierra a sus espaldas, y piénsenlo.
‘Furious’: Acabemos con el tópico de la chica muerta y el hombre poderoso de una vez por todas
La serie que protagoniza Emmy Rossum, y cuyo cierre acaba de llegar a Disney+, revoluciona el género criminal evidenciando que toda violencia no engendra otra cosa que violencia y que el miedo puede cambiar de bando en cualquier momento










