NoticiaInvestigadores desarrollaron un sistema piloto que utiliza una mezcla de 65 % de lactosuero y 35 % de estiércol bovino para generar biogás.Un proyecto desarrollado en Ubaté demostró que este residuo, combinado con estiércol, puede generar energía suficiente para sustituir hasta el 100 % del gas propano empleado en la elaboración de queso Foto: Universidad de La SabanaPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD02.09.2026 18:30 Actualizado: 02.09.2026 18:30
Convertir dos residuos habituales de la actividad ganadera y de la producción de queso en fuentes de energía y nutrientes para el suelo fue el reto que asumió una investigación doctoral desarrollada en una finca de Ubaté, Cundinamarca. El proyecto logró producir biogás a partir de lactosuero y estiércol bovino y encontró que este puede sustituir hasta el 100 % del gas propano utilizado para elaborar queso.La investigación también mostró que el proceso puede contribuir a disminuir el impacto ambiental de esta actividad. De acuerdo con los resultados del proyecto, el reactor piloto instalado en la finca permitió reducir en un 43,6 % la huella de carbono asociada a la producción de queso. Además, el material que queda después de producir el biogás, conocido como digestato o "biol", pudo ser utilizado para mejorar suelos destinados a uso pecuario. LEA TAMBIÉN El trabajo parte de una problemática particular de la actividad lechera. En Cundinamarca, la segunda región lechera del país, por cada kilogramo de queso producido se generan cerca de nueve kilogramos de lactosuero. Cuando este residuo orgánico líquido no recibe un manejo adecuado, puede terminar en ríos y suelos. Su alta carga de materia orgánica y nutrientes como el nitrógeno favorece el crecimiento acelerado de plantas acuáticas, bloquea el paso de la luz solar y reduce progresivamente el oxígeno disponible para la vida vegetal y animal.El proyecto aprovecha los residuos de la producción lechera. Foto:iStockA este residuo se suma el estiércol bovino producido por la actividad ganadera. Ambos materiales fueron utilizados como materia prima en el macroproyecto ‘Codigestión anaerobia de residuos agroindustriales para producción de bioenergía y valorización del digestato’, desarrollado por Miguel Casallas, investigador y doctor en Ingeniería de la Universidad de La Sabana y doctor en Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universitat de Barcelona, bajo la dirección de Iván Cabeza, profesor de la Facultad de Ingeniería de la misma universidad."Esta es una investigación que se abordó durante mi tesis doctoral, la cual busca valorizar y aprovechar los subproductos de la cadena láctea, específicamente el lactosuero y el estiércol bovino", explicó Casallas.El propósito de la investigación tenía dos componentes. El primero era obtener energía en forma de biogás —específicamente biometano— y el segundo estudiar el digestato o "biol", que queda después del proceso, para reincorporarlo como mejorador de suelo. "Sin llamarlo un fertilizante, porque no cumple los requerimientos nutricionales para él", precisó el investigador. De esta manera, el proyecto buscó cerrar el ciclo de aprovechamiento de los residuos bajo un esquema de economía circular.Un reactor piloto en UbatéLa investigación comenzó en el segundo semestre de 2020 con el respaldo de la Universitat de Barcelona, la Universidad Cooperativa de Colombia y el Royal Melbourne Institute of Technology (RMIT). Para llevar el trabajo al campo, el equipo encontró en el Rancho Los Álamos de Ubaté un espacio para instalar el sistema, gracias a la disposición de Catalina Romero, hija del dueño de la finca.En ese lugar se instaló un reactor piloto de 8 metros cúbicos. Se trata de un recipiente cerrado y hermético en el que microorganismos descomponen la materia orgánica en ausencia de oxígeno.El sistema fue resultado de ampliar una idea inicial que contemplaba un biodigestor de apenas 1 metro cúbico. Antes de llegar a la escala piloto, los investigadores recolectaron más de 100 muestras de lactosuero y estiércol con el propósito de determinar cuál era la combinación más eficiente. La necesidad de hacer estas pruebas respondía a que las características de ambos residuos pueden cambiar dependiendo de factores como la alimentación del ganado o el proceso utilizado para elaborar el queso.La mezcla que finalmente se utilizó estuvo compuesta por 65 % de lactosuero y 35 % de estiércol. LEA TAMBIÉN Los investigadores Iván Cabeza y Miguel Casallas. Foto:Universidad de La SabanaDespués de tres meses de estabilización, el reactor comenzó a producir biogás. Este fue utilizado como fuente de energía térmica para cocinar en una de las viviendas de los trabajadores de la finca. Antes de su uso, el gas pasó por una trampa destinada a eliminar el ácido sulfhídrico, responsable del mal olor. El reactor piloto permitió reducir en un 43,6 % la huella de carbono de la producción de queso en la finca.Los resultados también permitieron establecer el potencial del sistema para reemplazar el gas utilizado en la elaboración del queso. "En general, las grandes conclusiones es que, de acuerdo a los residuos del proceso, podemos sustituir, en el caso particular donde nosotros estudiamos, hasta el 100 % del gas propano utilizado para la elaboración de queso", afirmó Casallas.El aprovechamiento no terminó con la producción de energía. El digestato obtenido durante el proceso resultó seguro para su utilización en suelos de destino pecuario y permitió reducir hasta en un 50 % el uso de fertilizantes inorgánicos como la urea. Según las cifras del proyecto, esto representa un ahorro aproximado de 410 dólares mensuales para la finca.Una tecnología que funciona en el fríoUno de los elementos centrales de la investigación fue determinar si la digestión anaerobia podía funcionar en las condiciones de temperatura de la sabana de Cundinamarca, donde las temperaturas se encuentran entre 14 y 20 °C.Casallas explicó que cerca del 90 % de los estudios previos sobre codigestión anaerobia se habían realizado bajo condiciones mesofílicas o termofílicas, es decir, entre 35 y 55 °C. En contraste, eran pocos los trabajos desarrollados en ambientes psicrofílicos como el colombiano."Para la temperatura mesofílica, que puede ser en el departamento de Córdoba, y ciclofílica, que puede ser en Cundinamarca, la generación es similar, no igual, pero similar. En el tiempo, la reacción en la temperatura mesofílica es mucho más rápida", detalló Casallas.Biodigestor instalado. Foto:Universidad de La SabanaLa temperatura, sin embargo, sí modifica la velocidad del proceso. Iván Cabeza explicó que, en condiciones de baja temperatura, la actividad microbiana disminuye y esto obliga a controlar con mayor precisión la cantidad de material que ingresa al reactor."Tengo que tener cuidado en cuánto debo alimentar de sustrato para que no se acumulen productos intermedios y se acidifique el reactor, es decir, se baje el pH y se estropee la producción de biogás", señaló.Por esa razón, el proceso fue evaluado primero en laboratorio antes de trasladarlo a la escala piloto. El objetivo era conocer las condiciones necesarias para que la tecnología pudiera ser llevada posteriormente al campo. LEA TAMBIÉN No existe una fórmula únicaAunque los investigadores consideran que se trata de una tecnología de bajo costo y operación relativamente sencilla, advierten que su implementación debe adaptarse a las condiciones particulares de cada finca y de cada tipo de residuo."No todo funciona exactamente igual, aun cuando puede ser el mismo sector lácteo, la misma cadena productiva, el mismo objetivo. La alimentación del ganado va a variar el estiércol", advirtió Casallas.Según el investigador, una de las dificultades de experiencias anteriores en el país ha sido intentar replicar modelos sin tener en cuenta las condiciones específicas del lugar donde se pretende instalar el sistema.Cabeza explicó que la compra del equipo tampoco garantiza por sí sola la producción de biogás. "Muchas veces se compra el reactor y se piensa que simplemente es cargarlo con un residuo cualquiera y que va a producir sí o sí biogás", afirmó.En el funcionamiento del sistema intervienen variables como la temperatura, las características fisicoquímicas de los sustratos y la posible presencia de inhibidores naturales, entre ellos antibióticos, tensoactivos o detergentes, que pueden afectar el proceso.Una hoja de ruta para llevarlo a otras regionesEl siguiente desafío para los investigadores es determinar cómo llevar este tipo de tecnología a una escala mayor. Para ello, consideran necesario contar con una hoja de ruta nacional que permita identificar dónde existe mayor potencial para producir biomasa y biogás.Cabeza explicó que la universidad se ganó un proyecto, todavía sin desembolso, que busca determinar, junto con la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), los potenciales de generación de biomasa y producción de biogás por regiones del país. El propósito es contar con información que permita orientar los esfuerzos de política pública. LEA TAMBIÉN Las pruebas fueron realizadas en laboratorio por la Universidad de la Sabana. Foto:Universidad de La SabanaLos investigadores también consideran necesario establecer incentivos para las empresas que adopten tecnologías de este tipo y prácticas relacionadas con la economía circular. Otra de las apuestas planteadas es instalar biodigestores de bajo costo directamente en los sitios donde se generan los residuos, en lugar de concentrar todo el material en un único digestor de gran tamaño.Casallas considera que mostrar experiencias exitosas también puede contribuir a que la tecnología sea adoptada por más productores. "La cultura colombiana está siempre orientada a que si me dan algo, entonces yo lo hago. Con los incentivos y llamando la atención de los usuarios para que vean que otros procesos son exitosos" se puede masificar la tecnología, sostuvo.En esa lógica, los sistemas descentralizados, conformados por varios digestores pequeños distribuidos en diferentes fincas, podrían facilitar que los productores conozcan el funcionamiento de la tecnología y la repliquen.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








