Investigación Exclusivo suscriptores Ocho presuntos integrantes del Tren de Aragua fueron capturados por el homicidio del docente. Kevin tenía 31 años y trabajaba con jóvenes de Kennedy y Bosa para alejarlos de la delincuencia y del tráfico de drogas. Foto: Archivo particularLinkSUBEDITORA DE BOGOTÁ 02.09.2026 15:32 Actualizado: 02.09.2026 15:47

Tres meses después de que la muerte del profesor Kevin Santiago Ángel Garzón estremeciera a su familia, a sus estudiantes y a una comunidad que durante días lo buscó por distintos puntos del sur de Bogotá, la investigación dio uno de sus giros más importantes. La Fiscalía General de la Nación capturó a ocho presuntos integrantes del Tren de Aragua y estableció una hipótesis que cambia lo conocido inicialmente sobre el crimen: Kevin habría sido asesinado precisamente por intentar mantener a jóvenes de Kennedy lejos de la delincuencia y del tráfico de drogas.Las capturas fueron anunciadas este martes primero de septiembre. Siete de los señalados fueron detenidos en operativos realizados en Bogotá y Pamplona, Norte de Santander, mientras que una octava persona fue notificada de la orden judicial en la cárcel de La Dorada, Caldas. Los procedimientos estuvieron a cargo del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI), con apoyo de la Policía Nacional y el Gaula Militar del Ejército. La Fiscalía les imputará los delitos de concierto para delinquir y homicidio agravado.Kevin Santiago Ángel Garzón Foto:Redes socialesEntre los capturados está un hombre conocido como ‘Osmer’, señalado de ser uno de los cabecillas de la estructura y de articular extorsiones y otras actividades criminales en el suroccidente de Bogotá. También aparecen dos presuntos coordinadores de zona y cinco personas que, según los investigadores, habrían intervenido en la logística y ejecución del homicidio. La tesis de la Unidad Especial de Investigación señala que el Tren de Aragua veía al profesor como alguien que interfería con sus intereses ilegales.Ese señalamiento representa un vuelco frente a los primeros días del caso. Tras el hallazgo del cadáver, una de las hipótesis iniciales indicaba que el asesinato no tendría relación con su trabajo como profesor. Ahora, la evidencia recopilada durante más de tres meses apunta en dirección contraria. Según la Fiscalía, los proyectos sociales que Kevin adelantaba con jóvenes para prevenir la criminalidad y alejarlos del narcomenudeo comenzaron a generar “incomodidad” dentro de la organización delincuencial.Kevin tenía 31 años y trabajaba como docente en el Colegio Santiago de las Atalayas, en Bosa. Su última comunicación con su mamá ocurrió a las 6:20 de la tarde del miércoles 20 de mayo. “Estoy en el gimnasio”, le escribió desde un SmartFit del barrio Gran Colombiano, en Kennedy. Era una conversación cotidiana. Su familia sabía que, después de trabajar y entrenar, podía extender su jornada conduciendo para plataformas, pero había una costumbre que nunca rompía: avisar cuando regresaba a casa. Esa noche dejó de responder.Kevin Santiago Ángel Garzón tenía 31 años. Foto:Archivo particularDurante las horas siguientes ocurrió uno de los episodios que más inquietó a la familia: los mensajes enviados a su teléfono aparecieron como leídos en WhatsApp, aunque Kevin no contestó ninguno. Luego el celular dejó de tener conexión y las llamadas terminaron en el buzón de voz. Familiares, amigos, profesores y estudiantes comenzaron entonces una búsqueda que se extendió por hospitales, estaciones de Policía y redes sociales, mientras la Fiscalía activaba el Mecanismo de Búsqueda Urgente.Sin embargo, mientras sus seres queridos todavía pegaban afiches con su fotografía, el cuerpo de Kevin ya había sido encontrado. El 22 de mayo apareció dentro de una maleta abandonada en una zona de El Vergel Occidental, en Kennedy. Una mujer y un reciclador que buscaban elementos entre basura y escombros hicieron el hallazgo y alertaron a una patrulla. La identificación definitiva solo llegó días después, cuando Medicina Legal confirmó mediante huellas dactilares que se trataba del profesor desaparecido.Una cámara de seguridad se convirtió después en una pieza decisiva para reconstruir las horas posteriores al crimen. En una grabación de la madrugada del 21 de mayo quedaron registrados varios hombres frente a una vivienda y posteriormente tres personas cargando una maleta que, según la línea investigativa, habría sido utilizada para trasladar el cuerpo. Ahora, la Fiscalía añade otro elemento a esa reconstrucción: Kevin habría sido engañado por integrantes de la estructura para que acudiera al lugar donde posteriormente fue asesinado.La nueva hipótesis judicial da una dimensión distinta a aquellas palabras con las que sus colegios y estudiantes lo despidieron en mayo. Entonces lo recordaron como un profesor cercano, disciplinado y comprometido con los jóvenes. El Colegio Santiago de las Atalayas aseguró que su empatía, entrega y calidez habían dejado una huella profunda en la comunidad. Hoy, 2 de septiembre, esa vocación adquiere un significado todavía más doloroso pues de acuerdo con la Fiscalía, aquello que Kevin hacía para proteger a otros jóvenes del mundo criminal habría sido justamente lo que lo convirtió en objetivo de una de las estructuras delincuenciales más violentas que operan en Bogotá. El proceso judicial deberá establecer ahora la responsabilidad individual de los ocho capturados y esclarecer quién tomó la decisión de matarlo.CAROL MALAVERSUBEDITORA BOGOTÁEscríbanos a carmal@eltiempo.comLea también: Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.