Leonardo Herrera DelgansComunicador Social-Periodista Barranquilla02 de septiembre 2026, 11:28 A.M. Actualizado:02.09.2026 11:28Diana Acosta conoce el Carnaval de Barranquilla desde varios frentes. Lo ha estudiado, ha trabajado con sus hacedores y participó en 2002 en la construcción del expediente que llevó a la declaratoria de la Unesco como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad”. Ahora le corresponde dirigirlo.Acosta llega a Carnaval S.A. a menos de seis meses de la fiesta (del sábado 6 al martes 9 de febrero de 2027), con buena parte de la organización en marcha y varios asuntos sobre la mesa. Uno de los más sensibles es el futuro de la Batalla de Flores en la Vía 40, cuyo recorrido está siendo evaluado ante los cambios y nuevas dinámicas de la ciudad. También plantea abrir la discusión sobre el peso de la publicidad, fortalecer la presencia del Carnaval en los barrios y devolver protagonismo a los músicos y sonoridades de la tradición.Foto:Archivo particularContenidoComunicadora social e investigadora de la fiesta desde hace más de tres décadas, la nueva directora asegura que no llega a imponer su propio Carnaval. Su apuesta, dice, será escuchar a los hacedores y leer los cambios de una ciudad que también ha transformado su manera de celebrar.En entrevista con EL TIEMPO, Diana Acosta habla de lo que puede cambiar para 2027, el futuro de la Vía 40, la comercialización de la fiesta y los desafíos que encuentra al asumir la dirección de Carnaval S.A.Liderazgo y visión de gestión¿Qué puede aportar al Carnaval desde su experiencia como investigadora y gestora cultural?La capacidad de escuchar realmente el territorio para devolverle ese carnaval imaginado. El carnaval tiene múltiples miradas, la de quien lo vive desde siempre, la de las nuevas generaciones, la de los niños, la del turista que llega de afuera, porque el territorio no es homogéneo, es diverso. La aspiración no es una sola propuesta de Carnaval, sino múltiples propuestas en múltiples escenarios que respondan a esa diversidad.¿Qué Carnaval recibe y qué quiere cambiar para 2027?Las fiestas populares son el espejo del territorio: en la medida en que la ciudad cambia y evoluciona, el carnaval también lo hace. El carnaval que recibo es el que se construyó desde antes de que existiera una empresa o un desfile organizado, el que los barranquilleros viven y sienten alrededor de la fiesta. Con Juan Carlos, el director anterior, hay una relación cercana y continuidad en lo que ya se venía trabajando. Lo que cambie no será una decisión mía como directora, sino lo que la propia ciudad vaya exigiendo.¿El Carnaval institucional se ha alejado del Carnaval de los barrios?No existe un solo carnaval: se mezcla de muchas maneras, y la institucionalidad puede, en efecto, alejarlo. Por eso, más allá del cargo, la pregunta ha sido siempre cómo lograr que la fiesta se siga viviendo en los barrios. De ahí nació El Portafolio de Estímulos y el respaldo a iniciativas ciudadanas, hoy numerosas en distintos sectores de la ciudad. El sueño es recuperar algo de lo que contaban las generaciones anteriores, las comparsas entrando a las casas, los Joselitos visitando a familiares y amigos, aunque la vida en edificios y las condiciones de seguridad actuales lo dificultan. No es que la fiesta haya cambiado; ha cambiado la ciudad y la forma de relacionarse con ella. La tarea pendiente es desconcentrar el Carnaval por todo el territorio.¿Qué decisión difícil está dispuesta a tomar para proteger la esencia de la fiesta?Todavía no sé a qué decisión difícil tendré que enfrentarme. Lo que sí está claro es la forma en que asumiré los retos: decir que sí a un reto no significa decir que sí a todo lo que se le pida. Cuando llegue el momento de tomar una decisión difícil para preservar el patrimonio, se tomará y comunicará.La Batalla de Flores¿La Batalla de Flores de 2027 seguirá en la Vía 40?La primera Batalla de Flores se celebró en 1903, cuando Heriberto Bengochea propuso que, tras la Guerra de los Mil Días, la única batalla posible en la ciudad fuera una batalla de flores, una idea inspirada en las que ya existían en Europa, lo que instaló en el imaginario a Barranquilla como una ciudad de convivencia pacífica.El desfile se hizo primero en el Camellón Abello y el Paseo Bolívar, luego pasó a la carrera 43 (20 de Julio) y, en los años noventa, cuando la ciudad y el plan de manejo de tráfico ya no daban abasto, se trasladó a la Vía 40. Foto:GUILLERMO GONZÁLEZ Y LIBARDO ESCUDERO/KRONOSContenidoHoy, por las intervenciones que se están haciendo en esa vía, la Gerencia de Ciudad estudia si puede seguir recibiendo el desfile o si debe trasladarse al Malecón u otro espacio. La decisión, que se viene discutiendo desde antes de mi nombramiento, no será caprichosa, sino que responderá a las dinámicas propias de la ciudad.Comercialización y hacedores¿El Carnaval de Barranquilla está demasiado comercializado?Es un riesgo que ya se identificó en el documento presentado a la Unesco en 2002, y es un chip que hay que empezar a cambiar entre todos. Las marcas ven en el Carnaval una gran oportunidad de visibilidad, pero hacer la fiesta cuesta, y no hay otro recurso que alcance para financiarla sin el aporte privado. El reto no es eliminar la relación con las marcas, sino repensarla: la publicidad no puede estar por encima de la fiesta, y los colores de los grupos tradicionales no pueden cambiarse por los colores de una marca. Ese matrimonio entre patrimonio y publicidad no se resuelve para el Carnaval de 2027, pero sí debe empezar a conversarse con empresarios, hacedores e iniciativas ciudadanas. Es, además, uno de los temas de investigación que desarrollo en mi proyecto de tesis del doctorado en Sociedad y Cultura Caribe que curso en la Universidad Simón Bolívar.¿Qué debe cambiar en la relación con los hacedores del Carnaval?Desde 1992, quienes me han enseñado sobre el Carnaval son los hacedores. Lo que corresponde ahora es mantener esa misma relación de tres décadas: seguir escuchándolos como los maestros y los principales validadores de la fiesta.¿Cómo evitar que los grandes eventos terminen excluyendo a quienes no pueden pagar?Vale la pena examinar la premisa. En la Batalla de Flores, sobre la Vía 40, existen espacios que Carnaval S.A. no comercializa, aunque en ocasiones terceros los ocupan y los revenden de manera informal. Diana Acosta directora de Carnaval SA.Foto:Archivo particularLos grandes conciertos no dependen del Carnaval como organización, sino de promotores privados, pero hay actividades públicas y gratuitas: las tardes de orquestas en la calle 50, la Noche del Río y las graderías de acceso libre a la coronación. La reina: símbolo de la fiesta ¿Qué papel tendrá la nueva Reina del Carnaval?El de siempre: embajadora de la alegría, cara del Carnaval, la que convoca y lleva la unidad. Desde 1918, con la primera reina, Alicia Lafaurie Roncallo, la monarquía funcionó como una figura de gestión que reflejaba tensiones entre distintos grupos sociales por demostrar poder; así lo ha documentado el investigador Moisés Pineda. Hoy esas tensiones no son las mismas: la reina es un símbolo que conecta con la juventud desde un lenguaje distinto al de generaciones mayores.Conexión con la gente y música¿Qué tendría que pasar en 2027 para decir que el Carnaval volvió a conectarse con la gente?El carnaval siempre se conecta con la gente; depende de cómo cada persona vive su propia fiesta. El reto no es variar la celebración en su conjunto, sino asegurar que quien prefiere la música de antaño tenga su espacio, que quien disfruta la comida típica también lo tenga, que la Batalla de Flores siga estando ahí para quien la busca. La conexión depende, finalmente, de cómo cada quien decide vivir su carnaval.¿Qué está perdiendo el carnaval que usted quisiera recuperar?La dignificación de los músicos. No es cierto que la música tradicional del carnaval sea aburrida o solo para generaciones mayores: hoy existen propuestas como Cumbia Queen, Pueblo Santo (gaiteros con nuevas sonoridades, nominados al Grammy), Tonada (con una renovada propuesta de tambores, también nominados al Grammy), Bossa Nueva Gaita, Bingo Sánchez y El Hijo del Búho, entre otros, que están generando música nueva a partir de la tradición. El riesgo, el que señaló la Unesco, es que el exceso de comercialización y la globalización terminen desplazando estas sonoridades propias en favor de otras. Una de las tareas pendientes es lograr que esa música se visibilice y se programe con la importancia que merece.LEONARDO HERRERA DELGANS, periodista de EL TIEMPO Caribe. leoher@eltiempo.com y en X: @leoher70