La Unión Industrial Argentina (UIA) aprovechó el Día de la Industria para enviarle un mensaje directo al Gobierno nacional, que casi vació de representantes el evento de la poderosa entidad fabril. Desde el Laboratorio Elea, el presidente de la entidad, Martín Rappallini, puso sobre la mesa los números de la crisis: una caída productiva del 10% frente a 2022 y la pérdida de 90.000 puestos de trabajo asalariados registrados desde agosto del año pasado. Frente a este escenario, propuso "siete puentes" para que las fábricas, en especial las pequeñas y medianas empresas, logren sobrevivir a la actual transición económica.
El reproche político quedó para el cierre del discurso, pero resonó como una respuesta directa a la tensión acumulada con la Casa Rosada y a los reiterados agravios que el presidente Javier Milei lanzó contra el sector, a quienes varias veces acusó de "prebendarios" o de cazar en el zoológico. En los pasillos de la entidad todavía resuenan los ecos de los exabruptos del ministro de Economía, Luis Caputo, quien llegó a tildar de "tarados" a los empresarios en el marco de las fricciones por la macroeconomía y la apertura importadora. Ese clima de hostilidad tuvo uno de sus puntos de máxima tensión cuando los dardos libertarios apuntaron directamente contra los referentes históricos del establishment, patentizado en el mote de "don chatarrín" dirigido a Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, lo que marcó un quiebre inédito en el vínculo con el poder económico.














