¡Bienvenido, Mister Lincoln! Pattaya, meca mundial del turismo sexual, lleva una semana larga esperando la llegada del portaaviones USS Abraham Lincoln a su vera. Sus cinco mil marines, la mayoría veinteañeros, llevaban 286 días de dura misión en alta mar, no demasiado cerca ni demasiado lejos de Irán. El Día D, del desembarco en Tailandia, llegó por fin este miércoles por la mañana. Su industria del entretenimiento -de todo tipo- los recibe con los brazos abiertos y carteles de bienvenida en sus puntos más calientes. Desde las fuerzas vivas a los vivales, en un remedo de Bienvenido Míster Marshall. Eso sí, las autoridades se han creído en la obligación de proclamar que Pattaya, deslices aparte, es una ciudad decente y que la prostitución es ilegal en Tailandia, por mucho que el resto del mundo pueda pensar lo contrario. Dicho esto, han asegurado que la marinería estadounidense es libre de acudir a Walking Street -la calle principal de los bares de alterne, a rebosar de ofrecimientos- pero “solo hasta las dos de la madrugada”. A esa hora saldrá el último de los 40 autobuses que, 23 horas al día, ejercerán de lanzadera entre la zona de bares y los hoteles donde se aloja la tropa, a 20 kilómetros, hasta el domingo. Seiscientos policías tailandeses velarán por su seguridad. Y los comandantes estadounidenses -que mantendrán la autoridad sobre sus hombres- por la de propios y extraños. Contribuirá a ello la prohibición de motos náuticas -con o sin paracaídas adosados- durante estos días. USS Abraham Lincoln aproximándose a Pattaya, al fondo, este miércoles Andre Malerba / BloombergLa libertad de movimiento de los marines tampoco es absoluta. Sobre el papel, les está vetado desfogarse en las calles 6 y 7 -donde cada cervecería acaso es un burdel- así como pisar farmacias o dispensarios de cannabis. Pero tienen carta blanca para acercarse a Walking Street, avenida con una reputación no mucho menos pecaminosa. En Walking Street las chicas son guerreras, pero los marineros del USS Lincoln no están indefensos. Acudirán flanqueados por la marinería del destructor lanzamisiles USS Frank E. Petersen -atracado en Si Racha. Mientras que el USS Robert Smalls podría echar el ancla frente a Map Ta Phut. Todos ellos puertos estratégicamente cercanos a Pattaya, como Laem Chabang, el elegido por el USS Lincoln.Cartel de bienvenida, la víspera de la llegada del USS Lincoln, en Pattaya. Más del 60% de la tripulación piensa aprovechar la escalaSakchai Lalit / Ap-LaPresseSi el asueto tropical es agua de mayo para la marinería, también esta lo es para el sector, cuando aún colea la temporada baja de lluvias, en un año flojo. El turismo en Tailandia, además, no ha vuelto a recuperar el vigor anterior a la pandemia.Bares y restaurantes esperan una lluvia de dólares que por lo menos compense los desastrosos meses de marzo y abril, cuando los aeropuertos de Dubái, Qatar o Abu Dabi dejaron de bombear turistas a Tailandia. Precisamente a raíz de la agresión contra Irán coprotagonizada por la armada de EE.UU.. En ella intervinieron luego las decenas de cazas que alberga el propio USS Lincoln, enviado a aquellas aguas desde Guam. Este portaaviones saltó a las portadas el mes pasado después de que familiares de tripulantes se quejaran del daño psicológico provocado por la misión inusitadamente prolongada, con el añadido de deficiencias de higiene y alimentación. Un cóctel que habría provocado un gran número de episodios de ansiedad, depresión e incluso algún intento de suicidio. La denuncia de las familias podría haber desencallado la decisión de mandar a casa al USS Lincoln, pasando antes por Pattaya.El alcalde de Pattaya, Poramase Ngampiches, da la bienvenida al capitán del portaaviones USS Abraham Lincoln, Dan Keeler, que le entrega un presente en el Hard Rock Hotel, uno de los dos asignados en Pattaya, junto al HiltonChalinee Thirasupa / ReutersEsta ciudad de vacaciones queda muy lejos de EE.UU., pero para la Navy tiene algo de vuelta a casa. La cercana base naval de Sattihap y la aérea de U-Tapao, muy activas durante la guerra de Vietnam, están en el mismo origen de Pattaya como capital del pecado. Con el aliciente de estar a dos horas de Bangkok. “Nuestra llegada a Laem Chabang proporciona a nuestros marines una oportunidad bien merecida para descansar y cargar baterías”, ha declarado el almirante Robert E. Loughran, resaltando la larga alianza con la sociedad tailandesa. “Esta escala nos ayudará a obtener un conocimiento mutuo más profundo”, ha añadido el capitán Dan Keeler. Walking Street en Pattaya el pasado lunes, con la calzada todavía mojada por las lluvias Sakchai Lalit / Ap-LaPresseEn realidad, no todo iba tan mal a bordo del USS Lincoln. Los wáteres, por ejemplo, siguen funcionando, a diferencia de lo sucedido con el USS Gerald Ford -el más moderno de su armada- que tuvo que abandonar el teatro de guerra para no volver, debido a los tremebundos atascos en sus retretes. Había motivos para ello, al saberse objetivo legítimo para Irán, sobre todo tras el hundimiento cerca de las costas de Sri Lanka de la fragata IRIS Dena, buque escuela iraní que volvía de unos ejercicios multinacionales en India. Motivos adicionales al comprobar cómo las defensas antiaéreas no impidieron que al menos 17 bases estadounidense en Oriente Medio fueran vapuleadas por misiles iraníes. Sus portaaaviones pueden infligir un daño inconmensurable -el mismo USS Abraham Lincoln ha entrado en combate- pero ya no son invulnerables, por ejemplo, a una combinación de enjambres de drones y misiles supersónicos. Algo que aconsejó muy pronto mantenerlos a más de mil millas de la costa iraní. Algunos aliados asiáticos de EE.UU. se han quejado de que el envío de recursos militares al mar Árabigo ha desguarnecido su flanco. Con el grupo de combate del USS Lincoln amarrado junto a Pattaya deberán guardar silencio temporalmente. Por días o por horas. Golfo de TailandiaLas turbias aguas de PattayaPattaya tiene playas -entre las más vulgares del país y con aguas no precisamente transparentes, ni perfumadas- pero su gancho es otro. Como en Las Vegas, lo que sucede en Pattaya a menudo se queda en Pattaya. Aunque no siempre es posible esconderlo. Su índice de criminalidad multiplica el de un país en general pacífico, por lo que ocupa a menudo las portadas en Tailandia. Contribuye a ello que tradicionalmente haya servido de escondite a prófugos de todo el mundo. También ayuda que Tailandia sea el destino favorito de descompresión para soldados, reclutas y jóvenes en edad miliar que vienen de la guerra o que huyen de ella. si bien los israelíes prefieren las islas de Samui y Phangan, mientras que rusos y ucranianos confraternizan en Phuket.Tailandia es conscidente del abuso de su hospitalidad. Lo saben los monitores de buceo españoles deportados hace diez días. A mediados de este mes, además, sesenta países -la mayoría occidentales, como España- verán recortado de 60 días a 30 el periodo exento de visado. El esfuerzo por lavar la imagen es notable. En el caso de Pattaya es, si no sincero, por lo menos recurrente. El pasado fin de semana detuvo a medio centenar de personas por prostitución callejera, tanto extranjeras como tailandesas. De vez en cuando, desde sus altavoces oficiales, Pattaya dice que le gustaría dejar de hacer la calle. Pero recae y lo deja para otro día, como ahora. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.