0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialSubidos a la terraza del nuevo Alinghi capitaneado por Juan Roig en la Marina de València siente uno cierto orgullo de pertenencia. El mar tan cerca, a pesar de que siempre lo presenten como ese alejado nuestro, y esos edificios que le dan cobijo, el Veles e Vents que vio tantos fastos cuando empezábamos a decaer; las playas, que acogen a todos siempre, pobres o ricos, sin esperar nada a cambio; y esos barrios nuestros, con sus costumbres, sus idas y venidas...La ciudad entera ante nuestros ojos, que se proyecta más allá de nosotros, que ha sido capital republicana, emblema de la derecha patria, cortijo, plaza, casi una falla. Al arte popular me la llevo, porque de hacerla entre todos algo sabemos, igual que de quemarla sin miedo, pensando que luego hay otra, más tarde, en marzo. La València que queremos nos debería acoger a todos, a los que la trastean por sus nuevas calles y la recorren en bicicleta, a los que la visitan por descubrirla, a los que ya la saben pequeña, a veces provinciana, cosmopolita cuando quiere, atractiva, luminosa, conservadora y progresista, bonita, taaan bonita...Marina de Empresas, el polo de emprendimiento e innovación impulsado por Juan Roig, presenta la ampliación de sus instalaciones en la antigua base del Alinghi de la Copa del América Biel Aliño / EFEPor eso nos duele tanto si no es respetada. Por eso nos fastidia el local que cierra porque el alquiler es carísimo, por eso nos araña el alma cuando se parece tanto a otras que no son, ni de lejos, tan singulares como la nuestra. Esa innata protección que le conferimos como habitantes y que no aplicamos, seguro, cuando salimos; y todos recordamos cómo de bien se vive en València. “Manejable”, dicen unos, de “cómoda” la bautizan otros. “Ni Madrid ni Barcelona”, apuntan los más viajados. Pero esa ciudad que antes recorríamos en coche “en media horita, de punta a punta” empieza a colapsarse, y el metro va lleno, y aparcar en la manzana ya cuesta, y el Túria es bonito, pero no todos lo tenemos cerca, y los pisos están caros, y no podemos quedarnos ya en el barrio, con lo que nos gusta a los valencianos aparcar en la puerta, saludar al del bar, ir a la falla, tomarnos algo ‘a la fresca’... Estereotipos, sí, como el de la paella, el bakalao y la ruta, el ‘nano’ siempre en la boca y tantas otras cosas que portamos adosadas, pero ¡qué bien se vivía en València! Y qué difícil empieza a ser para muchos ahora.Decían ayer en la SER, en ese “Hoy por hoy” que ahora capitanea con sonrisa radiofónica Aimar Bretos, que la cultura también pone el pavimento. No recuerdo la cita, ni el autor (perdónenme el despiste), pero es que cruzaba el semáforo, junto a una parada de autobús, con 10 personas esperando, frente a un teatro... y pensé que de nada vale subirse a la terraza del Alinghi, preciosa ella, si lo que vemos ya no nos pertenece, si es ya de otros. La ciudad es nuestra, de todos, pero a veces lo olvidamos. Reivindiquémosla. Digamos en alto que es de quien la vive, la siente, la trabaja. De quien la construye y la ama.Redactora en la Comunidad Valenciana. Escribe de actualidad empresarial y sociedad. Ha trabajado en VIA Empresa y Canal 9, y fue becaria en Las Provincias. Es licenciada en Periodismo y Comunicación y tiene un Máster en Periodismo Digital
La ciudad que queremos, por Neus Navarro
Subidos a la terraza del nuevo Alinghi capitaneado por Juan Roig en la Marina de València siente uno cierto orgullo de pertenencia. El mar tan cerca, a pesar de que siempre lo presenten como ese alejado nuestro, y esos edificios que le dan cobijo, el Veles e Vents que vio tantos...






